miércoles, 18 de abril de 2018

Reflejo

Hacia donde miro hay agujeros. Espacios entre momentos, espacios entre lo que fue y lo que es. Es casi como empezar a vivir esas alucinaciones que tenía de pequeña, tiempos en los que a veces me quedaba tan absorta en mis pensamientos, que comenzaba a "ver" como diría mi viejo y eterno amor. En esos momentos se abrían otros ojos en mi ser, cerrándose los que se dedican a mirar cotidianamente las miserias de la vida, pero sin cerrarse realmente. Entonces de un segundo a otro, las cuerdas empezaban a entrelazarse infinitamente, o en ocasiones los agujeros empezaban a emerger uno al lado del otro; algunos se hacían grandes, a veces formaban círculos concéntricos, a veces se alejaban y muchas otras veces se acercaban peligrosamente, grotescamente. Toda una escena repleta de agujeros que me amenazaban con envolverme, tragarme, y no soltarme jamás; una escena que se sucedía frente a mi, frente a todos, frente al mundo, pero a la que sólo yo parecía poder acceder.
Pero de alguna manera tenia que terminar esta fascinante e insoportable escena. Cuando los agujeros se acercaban, o cuando se juntaban y apretujaban llenando el recuadro de visión, yo entraba en desesperación, y eso me llevaba a enfocar mi vista habitual en algo, o a desviar mis pensamientos a otros asuntos. Lo amenazante de la escena era una puerta a la banalidad de siempre, a seguir en una vida vacía y sin sorpresas, sin riesgos, sin agujeros y sin cuerdas, sin el peligro de ser absorbida por una realidad que nadie ve.
¿Una realidad o un instante de locura? ¿Es la locura una falta de realidad? ¿Son esos agujeros auténticos, o sólo son la consecuencia de encontrarse perdido, lleno, o hacinado por la vida? ¿Y que es esto que ahora siento? Siento a esos agujeros encima, siento que me absorben porque nunca me animé a ellos, a sentirme cerca, porque siempre el temor me alejó. Y como todo lo que te sigue, algún día te toca, te siente, te encuentra.
A todos lados donde miro hay agujeros. Me alcanzaron, ahora los entiendo. O será que no, pero si entiendo por qué emergen. Las faltas, la decepción, los desmoronamientos, todo genera estos agujeros que hoy, son reales. Mi niñez fue una puerta al futuro que no supe abrir. Hoy soy banal, hoy no sé, hoy no veo. La puerta se abrió y ya no hay tiempo de entrar en desesperación, porque ahora es todo peligro, todo desgano, todo dolor.
No entendí en su momento, que no es posible escapar de lo inconmensurable del riesgo y de la inseguridad. Hoy lo vivo y lo trago, mientras él me consume a mi.
Tonta Lucy, ya no podes desenfocar, no hay forma de escapar de los agujeros.

viernes, 16 de marzo de 2018

Escribir poesía es como pintar el paisaje que no está, el que ven tus ojos, que es el mismo que ven los míos pero con otro espíritu. La poesía es algo que no me gusta, tal vez porque no son mis ojos ni mi espíritu los que ven, ni mi mano la que escribe; tal vez porque sea una progresiva caída al abismo. Al principio puede parecer hermosa, porque uno está realmente viendo con ojos que otro no tiene, haciéndose imágenes que otro no puede hacerse; pero conforme va uno entrando en ese mundo de estructuras y metáforas duras, las imágenes son cada vez más creadas adrede para el propósito mismo de "hacer poesía", y ya no "hacer poesía porque las imágenes existen". Entonces todo se vuelve falso, se vuelve excesivo, e insoportable. Como cuando el amor que se recibe es tan intenso que uno no sabe como tomarlo o como devolverlo. Pero el amor, desmesurado, intenso, insoportablemente enérgico, sigue teniendo una belleza que nada mas tiene; mas no la poesía, que se pierde en rimas y palabras, en lo exagerado en pos de una belleza que no es natural.
Entonces, a la poesía me cuesta tolerarla, me cuesta tomarla objetivamente puesto que son mis ojos los que la leen y que no pueden sentirla. Pero el amor no, el amor entra por donde quiere y a la hora en la que quiere; inevitable e intenso, el amor se manifiesta aunque uno no lo busque, y corroe todas las barreras. Sin embargo hay una barrera que le cuesta, una que es dura aunque no indestructible, una que se sostiene por lo que somos y lo que nos enseñaron a ser: la inescrutable barrera de la moral. Y esa barrera no es sólo una barrera para el amor, porque el amor no es lo único que nos enseñaron a limitar.
Sentir deseo por algo que está moralmente condenado, es como renunciar a ello. Uno quiere, uno ama, uno desea, en contra de toda enseñanza y aprobación, y ve el error en ello. Pero, ¿cual es el error? ¿desear algo moralmente penado, o dejar de desearlo por la visión que tienen otros de ello?. Y de todas las cosas moralmente sancionadas, ¿Cuál es posible cambiar sin transformarse en un monstruo para la sociedad y para aquellos a los que uno siente que le debe un mínimo de respeto? ¿Por qué esto está mal y esto está bien?. Tal vez sea mas fácil enfrentar al monstruo que la sociedad nos designa, que erradicar de nuestro organismo la culpa de faltar al deber moral.
Entonces uno evita todo aquello que ve erróneo, y sufre por no tenerlo; o se arriesga para tenerlo todo, y sufre por ser un monstruo social. Si se tiene un hijo no deseado, se sufre por abandonar otra vida; si se tiene un aborto, se sufre porque la sociedad lo enfrenta y condena. Si se ama a una persona, se sufre por no poder amar a varias; si se ama a varias, se sufre por hacer desdichado al que elige ser convencional.
¿Cuál es la posición correcta, si todas se sienten equivocadas y abrumadoras?
¿Es acaso esta la poesía de mi vida? ¿La que vos no entendés, la que yo veo, o las que mi imaginación plantea?. Cómo saber si realmente quiero romper el código moral de la vida, o si esto es sólo poesía... una poesía que responde a una rima, a una necesidad de escribir, que responde a la forma que debería respetar según la sociedad.
Escribir poesía, es como ser egoísta. Es observar para adentro, es mantenerse en el límite y no atreverse a cruzar. Evitar el deber moral de ser como la sociedad nos exige, es tambien como ser egoísta y es como estar a favor de una mayor felicidad propia, pero cruzando el límite de lo seguro y convencional.
Y así, sigo sin comprender, ¿Que tipo de poesía es mi vida? ¿Es este caos una poesía? ¿Es este caos mi vida?.

sábado, 4 de marzo de 2017

- Te veo triste.
- Será por que soy triste
- Últimamente mas.
- No hay un "últimamente mas".
- ¿Como es eso?.
- No se puede ser últimamente mas triste, se es triste o no.
- ¿Ser triste y estar triste será lo mismo?.
- Claramente no, ser triste se arrastra toda la vida y no se reduce a un momento de miseria asquerosa. Uno casi que aprende a amar su tristeza siendolo desde el principio.
- Entonces reformulo, Estas triste.
- Lo estoy, ser triste no siempre es fácil y a veces tengo momentos patéticos de miseria.
- No me parece patético estar triste, me parece... triste.
- Cuanta claridad.
- No sé como decirlo. Creo que no me gusta ver gente triste, me deprime.
- Cuando uno está triste no le da importancia a si les gusta a los demás su tristeza. Y cuando uno es triste, simplemente es, ¿que importan los demás?. No se puede dejar de ser por que otros lo sufran.
- Pero es inevitable preocuparse cuando otro esta triste.
- No te preocupas por mi, si no por tu propia condición cuando me ves triste.
- Bueno, pero decime, ¿Que te pasa?
- Me pasa la vida. Ya te dije, soy triste y tengo un patético momento de miseria en este preciso momento.
- ¿Y por qué?
- Por que el tren pasa todo el tiempo. Veo las vías, las tengo frente a mi, pero el tren sigue pasando sin que yo descubra como colgarme.
- Tal vez no estes esforzandote en encontrar la manera de colgarte.
- Tal vez no sea ese el tren del que tenga que colgarme, y deba tomar un auto. Pero el auto es aburrido, va rápido y es engañoso. Hay tanta belleza en viajar cómodo, que uno se olvida de a donde va.
- Esto del tren y el auto me marea, ¿Por que no hablamos en términos mas claros?
- Por que es aburrido. Y por que no tengo todo claro como para decirlo de un momento a otro. Hablando bien va a llegar un momento en que me vas a preguntar "¿Y que pasa que no te subis al tren?". Y no sé que responder. Las metáforas me hacen dar vueltas innecesarias y evitar las preguntas incómodas que no sé responder.
- Se me hace que no te interesa hablar.
- Nunca dije eso. Sólo dije que no tengo respuesta para todo. No puedo subirme al tren, y tampoco encuentro el camino para responder por que no puedo subirme al tren. ¿Comprendes a que voy?
- Tal vez.
- Tal vez no es suficiente. Vos querías que hable pero ahora no sabes que decir, por que te incomoda no saber que preguntarme y como preguntarmelo. La cosa se dió vuelta y ahora no sabes vos como avanzar.
- Creo que te entiendo lo suficiente. Es difícil entender algo que le sucede a otro. No se puede sentir jamás lo mismo que otro siente.
- ¿Que harías vos si el tren pasara por adelante tuyo?
- Supongo que haría lo posible por subirme.
- Lo posible nunca es suficiente. ¿Que harías si en ese tren viajara constantemente alguien que "necesitas" seguir? Pero tal vez ese tren no sea el correcto para tu persona. La persona que necesitas seguir, se subió ya sea por que era su vehículo, o por que sigue a alguien mas. O tal vez a algo mas.
- Te gustan las metáforas, ¿eh?. Ok, te sigo el juego. ¿Te satisface ese tren?
- ¿Como saberlo? No me he subido.
- ¿Pero te satisface la idea de tomartelo? Supongamos por un momento que esa persona no sigue a alguien mas, si no a "algo mas". ¿No crees que deberías buscar un algo mas que seguir?
- Diré en primer instancia que no he afirmado que hubiera alguien en mi tren, sólo lo he ejemplificado. Fuera de eso, ¿Por que necesariamente seguir algo o a alguien?.
- ¿A que si no? ¿Por que subirte al tren si no hay nada que te motive?
- Por que en el tren va mi vida, mi tristeza, mi felicidad. O eso quiero creer. En el tren voy yo, lo que soy y quiero ser.
- No me parece que "ser" vaya de la mano con "querer ser" simultáneamente.
- Van. Yo ya soy lo que quiero ser, pero tengo que redescubrirme. Como a las ideas. Pero no quiero desviarme.
- Bueno, supongamos que acepto. Si en el tren vas ya, ¿No será que estas arriba? ¿No será que no te gusta el tren y por ello sentis que no vas? ¿No será que el tren no te lleva realmente?
- ¿No será que no entendes nada? Es como dijiste ya, es difícil que comprendas algo que claramente no te sucede. Tu tren ya pasó y lo tomaste, y tal vez no sos feliz en él, pero te alegra habertelo tomado.
- ¿Y por que no te subis de una vez?
- Ah... la pregunta mágica, sabía que llegaría. Como ya he dicho, no tengo respuesta, y esta pregunta entonces termina esta conversación. Deberías de haber tenido cuidado de no usarla.
Pero puedo decir algo, quizás no muy claro, que debería de concluir esta conversación: Soy una liebre, escapandome. Pero no me escapo del cazador ni de la trampa, me escapo de mi propia velocidad. La liebre es como un tren, el tren es como mi vida. El tren va demasiado rápido y tal vez por ello no lo puedo tomar.
- No entiendo.
- Será por que nunca has huido.

lunes, 27 de febrero de 2017

Los ladridos, las luces de la mañana, el despertador que no sonaba y lo que no siento. El fuerte retumbe del aire, la suavidad de las sábanas, el ronroneo, y lo etereo. La sed, lo que fue el sueño, el aparato enfurecido girando, y lo intenso. La pupila asomando, la imaginación funcionando, el llanto y el descubrimiento.
No hay nada, nada que ver. Nada que molestar, nada que entristecer, pero los ojos lloran, la boca tiembla, el alma solloza, y el tiempo permanece tieso. Nada que ver, nada que ser, nada que entender. El espiritu comprende pero el resto no obedece, pregunta donde está y por qué. Es inevitable, es irresistible, es incompresible. Se impone, me mueve, me obliga a ver, a ver lo que aun no es. Me pregunto, titubeo, tiembla la seguridad, tiembla la serenidad. Entonces lloro, otra vez, sólo para volver a recordarme que voy al revés. Entonces grito, me intensifico, me niego a volver.
Y cada vez mas se impone, me mueve, y me obliga a ver, a ver lo que aun no es.
Hola, si, estoy seguro de que te acordas, o de que te acordarás de mi alguna vez, cuando leas esto o cuando estes pensando que todo esto ya no vale la pena. Te hago un pequeño y audaz adelanto: Ya no lo vale, es cierto. Es tu deber, como ser humano, ir hacia el abismo como has ido toda tu vida hacia los caminos preestablecidos, hacia la oficina para complacer al jefe, hacia la boda de tus amigos para complacerlos a ellos, hacia la iglesia para la complacencia de dios. Ahora es tu deber ir hacia la muerte, con la misma facilidad con la que has ido a intervenir en la vida de los demás. Básicamente esto es lo que sucede todos los días, que alguien decide ir hacia el abismo insalvable del fin. Y no estas muy lejos de eso. Yo tampoco, y por eso precisamente es por lo que estoy escribiéndote esto. Cuando uno se acerca a la orilla, todo lo que puede hacer es pensar en lo que ha hecho mal y en lo que le falta por hacer. En mi caso, todo eso, cada una de las cosas pendientes que tengo en esta vida, se remiten a tu persona. Básicamente es por eso que te escribo, porque no lo sabias, y yo se todo lo que vos no sabes y que nunca te dije.
Como ya dije, no te acordas. ¿Como hacerlo? 10 años, una vida en construcción, buitres y cuervos, una soga, dos o tres gusanos a tu alrededor; yo tampoco me acordaría de este otro buitre, uno entre tantos. Menos aun si ese buitre era el menos agraciado y el más inteligente, en teoría el mas interesante pero en práctica, el mas aburrido.Yo te vi, y no puedo siquiera imaginar lo que sentí en ese momento, quizás porque no lo siento mas. Fué algo tan grande y ahora es tan pequeño y pobre, que no vale mas la pena. Así, como tu vida, como la mía. No te voy a mentir ni a hablar más en metáfora. Me enamoré de tus mejillas, preciosas aun hoy, de la comisura que tu sonrisa me mostraba en ellas, de aquella otra arruga que se formaba cuando te enojabas porque los demás se burlaban de que eras delgadita y fina, pero con mejillas de bebé. Para ellos era motivo de risa, era la forma de llamar tu atención obviamente, pero dudo de que te hayas dado cuenta, dado que probaste el sabor de cada uno de ellos. Cada uno se atrevió a tocar ese sector rosadito de tu rostro, y a cada uno de ellos lo botaste como los habías encontrado, siendo una linea continua y aburrida en la nada misma. Te prometí que no habría mas metáforas, pero que difícil que me es, porque vos misma fuiste mi mejor metáfora. Pasé días pensando y escribiendo vastos y raros poemas de tu persona; pasé días hasta que me dio náuseas hacerlo, hasta que me diste náuseas vos, de tan dulce y sumisa que eras. Ahí surgió mi desprecio hacia esas palabras bonitas que te describían, que me decían lo que realmente no eras, porque lo que eras claramente podía encontrarlo mirándote. Y te ame, pero te odie al mismo tiempo. No pensé en la magnitud de lo que sentía, si no en la manera en que podría deshacerme de vos, de tus mejillas y tus piecitos.
Sé lo que debes estar pensando, pero no soy un psicópata. No estoy al borde del suicidio porque la muerte ya está en mi puerta, porque siempre está a mi izquierda, como decía un viejo sabio allá por los '60. Sólo dejo correr a los acontecimientos, me dejo llevar por el viento o lo que sea que venga a arrastrarme. Si hablarte y decirte esta verdad momentos antes de abandonar toda esperanza de "Vida Normal" con vos y con quien sea, es psicótico, entonces no entendes nada. Como te dije, te amé, y como todos, intento decírtelo sólo porque es algo pendiente. Por eso y porque algo me hizo acordarme de vos. Nunca amé a nadie mas que a vos, porque nunca hubo nadie digno de llevarse mi compasión siquiera. Todos insectos molestos y agobiantes, todos emanan el mismo calor rutinario y pegajoso. Todo compran los mismos aparatos y venden sus vidas. Vos también, porque te vendiste cual perfume barato a ellos.
Yo era tu mejor postor, yo te ofrecía lo único que necesitabas, una buena vida y una mejor muerte. Ni digna ni orgullosa, una muerte con todas las letras, con todo ya dicho y todo ya hecho, una muerte que necesitaba ser muerte cuando ya no tenias mas para aportar. Pero te deshechaste a vos misma, ya no aportas nada y sin embargo ahí seguis, con tu pollera larga y a veces corta. Tus mejillas siguen siendo como dos luces en mi vida, es lo unico que conservaste con dignidad. Asco da ahora tu imagen, pastosa rata de laboratorio, llena de cables y rejas, pensando que tenes la llave cuando ni siquiera encontras la puerta. Barata, esa es tu definición perfecta. Un cadáver pudriendose encima de lo que alguna vez fuiste, encima de esa imagen de ninfa de los bosques. Recuerdo haberte visto varias veces bajo el árbol paraíso de tu casa leyendo uno de esos cuentos que una vez me contaste que no podías dejar de leer. Tenias 10 y los cuentos eran para niños que no llegaban a la mitad de tu edad. Pero te encantaban, porque podías leerlos mil veces mas y siempre encontrabas algo nuevo, todavía te emocionaban las historias y deseabas reescribirlas alguna vez. Lo mas parecido a un árbol en tu vida ahora, es ese idiota que de dia tenes a tu lado, ese que cada tanto te llevas a escondidas al baño del edificio donde ejerces y entrenas tu estupidez. No es nada para vos y sin embargo no podría dejar de serlo, porque ya usaste todos los recursos. Todos los recursos, excepto el que te observó siempre, el que vio tu mejor época, la época de las mariposas y las trenzas, de tu bicicleta y tus vestidos.
Metáforas de mierda, me cansa que esto se parezca tanto a un poema. Despreciables palabras que no llegan ni a imitar lo que hay. ¿Queres un verdadero verso? Tu vida, un verso, un chiste. Ya pasó la hora de que mandes a la mierda toda tu estupidez y empieces de nuevo. Ya pasó la época de las revelaciones y de las nuevas vidas. Todo sigue siendo la misma mierda y no tuviste la capacidad mental para hacer que tu mierda huela menos a podrido que la de las demás. Al contrario, te encargaste de embarrarte mas y con ello arrastrar a todos los demás. Como sea, tu mierda o tus ojos, tus piernas o tus polleras, tus viejos cuentos y tus peinados ya no me interesan... te amé y no hubo menos que eso. Fue del amor al odio, del odio a la tristeza, de la tristeza a esta misera carta que escribo con todo lo que me quedó de eso que nunca tuviste, inteligencia y vitalidad. Me apropié de todo el estanque destinado a los dos, de todos los bosques que recorreriamos, de los edificios que saltaríamos, de los sueños y animales que rescataríamos. No hice nada, pero sin embargo hice mas que vos. Prostituta barata, un tacho vacío es tu cabeza. Me quedé soñando con todo eso que pude haber sido nuestro y viví de esas ilusiones que me quemaron la cabeza. Me ensuciaste de arriba a abajo, y por eso ya no te amo. Pero amo a tus mejillas, y no podría irme sin ellas, sin su color y su aroma. Por eso te escribo esto, para decirte que sos lo mas asqueroso que alguna vez tuve frente a mis ojos, pero te amé, y fuiste la metáfora mas idiota y mas utópica que alguna vez dije.
Por eso me lo llevé, me llevé algo antes de que la noche me lleve a mi. Vino a mi cuando menos esperanza tenia, la muerte me lo regaló por mi predisposicion hacia ella, me lo sirvió en bandeja. ¿Como podría haber hecho para no recibirlo? Justo cuando pensé que esta carta era todo lo que dejaría, me llegó tu souvenir. Está acá, con la mirada perdida en la nada, con todo lo que alguna vez quisiste. Suerte que no vas a ver su espíritu escaparse de su cuerpo, eso ya lo vi yo. Eso me convenció de que mejor seria irme, de que lo mejor que podría pasarme seria que mi espíritu escapara también. Y de que el tuyo quedara estancado como la mierda que es, acá, en este inmundo agujero que vos ayudaste a construir. Felicidades, el premio es todo tuyo.

domingo, 3 de agosto de 2014

¿Cómo saberlo?. El reto consistía en salir del interminable remolino de la vida cotidiana que te demora, y cruzar la obscura noche. La oficina solía demorarme mas de lo que quisiera aceptar, pero no era noticia que el riesgo real lo corría adentro, donde me enfrentaba día a día con la mirada de Victorino. Viejo de mierda, impotente, no dudaba en encajarme alguna tarea adicional cuando notaba que de manera cautelosa me levantaba de la silla giratoria medio rota. Pretendía mantenerme en un estado de somnolencia,  un estado que me mantuviera despierta haciendo cuentas toda la noche, para no perder el ritmo de mis tareas. Cuantas veces se habrá aprovechado, al no pedirme una tarea, para el sábado escribirme reprochándome la irresponsabilidad de no ejecutarla, obligándome así a que lo hiciera en mi tiempo libre. Todo por una referencia, una, que pudiera cambiar mis días. Creo que se que el viejo no me va a recomendar jamás en otro lugar si es que no le hago el gran favor de poner un poco de sexo en su vida, aunque solo sea asi como todas las mañanas, un simple mirar. Un asco nauseabundo me posesiona de repente, de tan solo imaginarme sus ojos de lagartija encima de mis medias color café. Quien sabe cuanto mas debo de pasar en ese lugar, y cuantos reproches sin sentido debo de seguir soportando hasta que decidiera bajar del pedestal y madurar.
Hace no mucho me di cuenta, de que si la vida había golpeado tan duro a mi carrera y a mi supervivencia, yo misma había golpeado mucho mas fuerte con mis actitudes y accionares. El haber aceptado una labor de esclava junto al rey de los pervertidos, por unas miseras monedas que apenas me alcanzaban para tratar la enfermedad de mi hermano y alimentarnos, había sido definitivamente la decisión que me había sacudido mas violentamente en esta corta historia.
Lo cierto es que no era nada extraño verme en esas malas circunstancias, había aprendido ya a aceptar lo que el azar arrojaba, y a re-utilizarlo siempre que fuese necesario. Mi vida siempre había sido un juego en el que yo hace tiempo que no participaba. Vivía escondida, y nadie parecía encontrarme o hacer el esfuerzo por buscarme. Hace mucho ya que han descartado a la pequeña que corría contando hasta diez, pensando que el juego se volvería mas divertido mientras mas durase. La pequeña que solía ser feliz en el obscuro agujero de la incertidumbre, que disfrutaba la ignorancia de todos los días y el descubrimiento cuando se corría la cortina.
Pero ya no busco nada, no tengo espacio donde correr, no tengo a quien perseguir porque todos se han encontrado ya y se han olvidado de mi, de que yo también quería jugar, de que aun estaba oculta. Se van, entre risas, lejos. Y mis pies se ven, mi escondite es evidente y a nadie le preocupa encontrarme. El juego acabó hace tiempo ya y he tenido que seguir escondida detrás de la cortina, esperando.
Javier era el único que parecía sentir mi presencia en esta etapa de nuestras vidas. El había resguardado mi pequeño mundo en esos tiempos hipócritas que se aprovechaban de uno y de su hastío. Era el salvador y la fidelidad, era mi Javier de toda la vida. Y sabia que necesitaba algo de mi, lo veía en sus ojos todas esas veces en que lograba tener el tiempo suficiente para hacerle una pequeña visita, en la cual se interponía solo el vidrio del bar y sus pasos pesados y perdidos en la rutina. Jamas quiso demostrármelo, comentarme que no estaba bien, que su vida era mas vacía de lo que había esperado o soñado aquellas tardes de otoño hace 10 años, cuando nos gustaba salir a pisar las hojas caídas y escuchar su crujido mientras charlábamos de los altos escalones que podríamos alcanzar.
Quizás es por todo esto, por mi eterno quejarme de todo, que pensé que debía pagarle de alguna manera todo lo que hacia por mi y no sabia, al escucharme y soportarme. Y así es como ese día, entre las pólizas de seguros y las ordenes de pago, tuve la idea de darle algo que simbolizara todo lo que mi amor no podía decir. Estupidamente cursi, pero cierto, yo era una enferma enamorada, intentando curar esa lejanía que nos separaba cada día mas, haciéndonos retroceder asustados y tensos.
Esa noche, la oficina se había vuelto extremadamente pesada. Era una gran mole que soportaba con dosis altas de café y unos cuantos deseos alegres, solo opacados por las intermitentes sacudidas de mi cuerpo al pasar frente al que lamentablemente solía llamar jefe. Sabia que no podía esquivarlo, pero creí que si me movía rápidamente, le daría una menor satisfacción. Como siempre Victorino, esperaba que yo recogiese mis papeles a las 6 en punto, para apresurarme en la entrega de un informe que debía entregarse 20 días después. Como siempre y ese día mas que nunca, a fin de ahorrar tiempo y evitar conflictos que me retrasaran mas, me trague mis pensamientos vomitivos hacia su persona y me senté nuevamente a terminar el informe y su correspondiente presupuesto. No fue hasta 1 hora y media después, cuando el se dirigió al baño, que me levante rápidamente con el papelerío y ordenadamente deje todo en su escritorio, corriendo a la puerta de la liberación. Para mi desgracia, no llegue a tiempo. El se asomaba ya por la puerta del pasillo, cuando me vio ir apresuradamente a mi escape y me gritó, haciéndome retroceder.
- Señorita, por favor antes de irse, pase por mi oficina.
Con la mejor sonrisa que pude haber inventado en un momento como ese, me dirigí hacia el y le dije “ya le deje todo en su escritorio, en cuanto lo revise lo podemos discutir”. Acto seguido me dispuse a ponerme el abrigo, en señal de que estaba apresurada, apelando a su piedad.
- Si si, pero necesito que veamos un punto ahora. Soy conciente de la hora, pero es que esto no puede aguardar.
Volviendo de la cocina, su despreciable ayudante nos observaba con una sonrisa de satisfacción. Solo quedábamos nosotros 3 en la oficina, y eso era lo que me inquietaba. Haciendo cuentas de los minutos que tardaría al salir, en cruzar dos calles y comprar lo que necesitaba, y mentalizando la hermosa sonrisa de Javier, me senté en el sillón verde opaco de la oficina de Victorino. Dicho sillón quedaba de frente al gran ventanal que me separaba de la calle ya obscura, enfrente del cual se posicionaba el único obstáculo, un viejo cincuentón. Inmediatamente después de mi, entro aquella rata, para asistir en la reunión.

---


-Somos concientes, señorita, de que usted ha perdido una oportunidad importante al momento de ingresar a este empleo. Esto espero que usted sepa, ha sido una circunstancia del destino, que ha decidido hábilmente otorgarle al muchacho que ahora nos acompaña, la gracia del éxito y la oportunidad de manejar un gran poder a mi lado. No ha sido casualidad, claro esta, ya que el se ha esforzado mucho en sus estudios y se ha enfocado en la meta mas inteligente de todas, la de jamás volver a levantar la cabeza para no sentirse menos. Siempre con la mirada abajo, siempre en lo mas alto de la escalera, en la cima, pisando las oportunidades ajenas para conseguir las suyas. – Victorino no paraba de estirar los brazos intentando torpemente graficar sus ridículas explicaciones, mirando a Anahi como si ella fuese un reptil, como si ella no pudiese despegarse de la posición terrestre que le toco en este mundo.
La habitación había quedado en silencio, Anahi no sabia de que le estaban hablando exactamente, y no podía mas que imaginar que este discurso iba dirigido tan solo a retenerla, obra de algún maléfico plan de secuestro laboral y esclavista. Se figuraba ya los grilletes, las excusas, las ventanas por las que cabía su largo cuerpo para escapar, a su hermano llorando sin comprender su desaparición. De un momento a otro su mente dejo de vagar estúpidamente, y presto especial atención al mínimo movimiento que hizo el engendro que detrás, sonreía con satisfacción. Su mano se había elevado rápidamente expresando su deseo por hacer algún comentario sin sentido, pero Victorino decidió no darle la oportunidad,  y rápidamente descarto la interrupción rebajándolo nuevamente a donde el debía de estar, muy por debajo de su silla y sus medias.
- No no, no tengo tiempo para interrupciones. Quiero que mis ideas se entiendan perfectamente y de una sola vez. Esta incomparable oportunidad se entrega una sola vez, y es responsabilidad de ambos el cubrir el trabajo y el cumplir mis expectativas. Quiero empleados, quiero que se ocupen día y noche de lo que yo no puedo ocuparme evidentemente porque no tengo el tiempo apropiado. Mi tarea es cobrar, y tan solo eso, porque mi titulo es mas antiguo que el suyo y el que me permite poner la firma en los papelitos que ustedes deberían de preparar adecuadamente. Para ello requiero que sus habilidades sean mucho mayores. Y tengo el leve presentimiento de que se porque esto no esta sucediendo – El viejo se acomodo de la posición despreocupada que había adoptado, símbolo de que la charla se volvería innecesariamente seria – Usted, por un lado, la chiquita inocente, con espíritu rebelde, de esas que se encuentran a montones en la calle esperando que la revolución estalle para ir a quemar neumáticos a algunas avenidas y demostrar que apoyan un comunismo o una posición insostenible para este negocio, este sistema que nos da todo. Y por otro lado tenemos al señor que esta detrás suyo, y que cree que puede levantar el pie tan alto como sea posible y sin ningún tipo de esfuerzo, y ya tener comiendo de la mano a todo el edificio – La sonrisa del individuo se difuminó – No voy a permitir comportamientos que puedan proporcionarme un peso mayor, porque para eso les pago, y lo hago como mejor puedo. Necesitare que trabajen juntos, que encuentren el método apropiado, que hagan las cosas de una única y eficiente manera, y sigan produciendo, porque de eso comen y como yo – El dedo de Victorino se extendía amenazadoramente, y como si ello fuera a demostrar algo, decidió tomar el informe de Anahi y hacerlo pedazos. Acto seguido, dijo señalando los trozos de hojas – Ahora necesito que esto este listo para mañana a las 3 de la tarde, y bien. Pueden irse, no deberían estar en la oficina, no quiero hacerme responsable de las horas extras que se generen de su holgazanería.
Lejos de pretender reprochar la estupidez que había presenciado, Anahi decidió levantarse rápidamente y aun con las compras pendientes y las cuentas de tiempo en su mente, corrió a buscar su abrigo sin darse tiempo a detenerse a emprolijarse, pero notando de reojo que el bicho de laboratorio de Victorino también salía, lejos de los pronósticos aparentes que indicaban que se solía quedar a dormir allí.
Ella, ¿inocente y traicionera a la vez? No, ella también era su hámster, su piedra en el charco y también su paraguas. Ella hacia todo por que su trabajo sea aceptado minimamente, solo quería escapar. Y su ahora trabajo de la tarde hecho pedazos no le afectaba en lo mas mínimo, porque sus prioridades inmediatas tapaban el dolor. Eso es lo que solía suceder, que decidiera inconciente o concientemente oscurecer una parte de su vida con otra que siempre estaba iluminada, su perdido amor por su amigo. Su excusa y su salvación, la cicatriz y la sangre de los hechos de la vida inmediata.
Ya no quedaba nada, el mercado apenas estaba abierto y era demasiado pretender que estuviese lleno de las cosas que podía llegar a necesitar. El mal y denigrante humor de los cajeros derivaba en un derrotismo que parecía pegarle patadas al alivio que había experimentado al encontrar abierto el lugar. Pero otra vez, un remolino hacia que todo fuese un motivo mas para sentirse libre y enérgica en vista a la oportunidad que se le presentaba de hacer feliz a Javier. Y entonces fue la incongruente relación de amor que enlazan la desesperación y la felicidad, la que genero la situación ideal que haría que su vida fuese el huracán que feroz arrasaba con lo poco de humanidad que encontraba.
El leve toque que a una de las bolsas algo le dio, no se sintió de lleno si no hasta que fue arrastrada al espacio entre los ladrillos que la obra en construcción amontonaba, y las ramas recientemente cortadas de un paraíso. Una sensación similar a la de caer la agobio, como si hubiese tropezado torpemente, y no fue si no hasta que sintió una mano en la suya y vio la barra de chocolate caer, que decidió también empezar a ver que era lo que realmente estaba sucediendo. Totalmente a la deriva, como una pelota rebotando y por momentos en suspensión, un primer movimiento fue poco acertado e inmediatamente castigado: Girando 45º decidió intentar convencerse de la ausencia total de cualquier tipo de entidad viva, y tirando de la bolsa que había sido tomada casi por completo, se dispuso a reacomodarse y caminar. Su errado movimiento fue completamente paralizado y una mano pesadamente torpe mantuvo la fuerza necesaria que hizo que Anahi débilmente, se entregara al azar de la vida que la golpeaba. Una mano fuerte, que la desafiaba a escapar, a hacer la vida que merecía, una mano que era la perfecta alegoría de la felicidad que afuera la esperaba. Una mano que tenia una compañera, totalmente libre, que decidió aprisionar el resto de su cuerpo, cuando entendió que ella había decidido rendirse. No atinando a reaccionar para salvar su espíritu, no entendiendo las consecuencias de lo que era un espontaneo ataque, su mente fue bloqueada en unos segundos para empezar a planear inmediatamente como seria el resto de sus días si de allí salia algo de ella. Su cuerpo, vil transmisor de sensaciones, no permitió allí ningún movimiento competente, y paralizo en un terror demencial a su imaginación, permitiéndole así que sintiera la profundidad mas sutil de aquel momento, que no duro mucho y pareció interminable.
Su piel y la de su furioso atacante se erizaron debajo de sus respectivas ropas y comenzaron a sentir las convulsiones del violento contacto que estaban experimentando, como si fuese acaso la primera vez de ambos. La intensidad dio la pauta de que quizás fuese la ultima. Ella sintió que se tocaba a si misma, sintió que sus frías manos recorrían todo rincón que ya muchas veces hubiese explorado en situaciones completamente distintas y a la vista de esta, absurdas.
Las dudas y la incertidumbre comenzaban a aflorar entre los vacíos mentales y los dolores estomacales que en algún minuto incierto derivarían en vomitivas imágenes de la vida, de la realidad. Estaba sometida, era victima de su propio dolor y lo seria de su propio encierro psicológico. Un sujeto A, fácilmente se apoderaba de ella y de sus circunstancias, de su eternidad, un A que podía ser B, un victimario que podría haber sido origen de una victima, que podría no haber sido Sujeto, si no mas bien Objeto. ¿Cómo juzgar, como saber, como entrar en la mente de el?, ¿Cómo si el introducía todo su pesado cuerpo en sus finas curvas y le quitaba la poca decencia que le quedaba a sus largas piernas, ya violadas inmemoriables veces con la mirada? No había causa, no había efecto. No había identidad en esta gran pelota de posibilidades y de recursos agotados. No había victimario, no había culpa, no había victima, no había situación, no había momento, no existía esto ni aquello. Todo una ilusión o una realización ancestral, una alineación o la maestra de las causalidades. ¿De donde salia la conclusión de que había individuo atacado, o que ella debía seguir viviendo después de aquello?. Es resignarse a morir, o resignarse a comprender a su victimario y aprender de el, valiente como pocos, que ataca a la humanidad y a toda su mierda de moral indecente. Dominada por completo y con los sentidos en revoluciones infinitas, en un primer momento se resigno a morir allí, pensando en que lo mejor seria que su cuerpo quedase allí tirado y como siempre la gente apresuradamente y torpemente le pisara la cabeza y las ilusiones. Entonces cayo hacia su segunda bolsa, todavía en la mano, única conexión con la realidad y con aquello que le esperaba en su vida. Los brazos de el se aflojaron al sentir el peso del cuerpo, y por un momento ella pensó que la miraba con pena, que la condenaba a ser un mártir, que le dejaría una moneda al irse, pagando su paso y el haber arrasado con todo lo que ella había sido. Y entonces el contraataco, para terminar de hundir todo lo que quedaba de persona en un foso.
Mas lejos aun de sentirse atacada, Anahi sintió que la había comprendido, creyó que era su amigo, el único que se preocupaba de su caída y devolviéndola a la realidad en embestidas brutales. Así que decidió recuperar la postura, y conseguir una nueva identidad, una que no sea Anahi, ni que sea la hermana, ni la secretaria, ni el amor de la vida de un muchacho que no podía apartarse de la rutina. Una identidad que fuera humo, el humo que le tapa los ojos al mundo y hace que choquen, que se hagan mierda unos a otros. Su cuerpo comenzó a sacudirse lentamente, y para su sorpresa, el la soltó.
- Ok, no hay nada mas que puedas hacer.
- Sos dulce. Te amo.
- Y miserable también.
No se escucho mas en la inmensidad de la noche, y acalladas las bocinas de los autos, como si todos entendieran, como si todos fueran parte del funeral. El individuo, el A, B y C salió corriendo de la escena, y allí yacía quien había sido Anahi, semi desnuda, semi enferma, semi enterrada, enteramente muerta.