sábado, 4 de marzo de 2017

- Te veo triste.
- Será por que soy triste
- Últimamente mas.
- No hay un "últimamente mas".
- ¿Como es eso?.
- No se puede ser últimamente mas triste, se es triste o no.
- ¿Ser triste y estar triste será lo mismo?.
- Claramente no, ser triste se arrastra toda la vida y no se reduce a un momento de miseria asquerosa. Uno casi que aprende a amar su tristeza siendolo desde el principio.
- Entonces reformulo, Estas triste.
- Lo estoy, ser triste no siempre es fácil y a veces tengo momentos patéticos de miseria.
- No me parece patético estar triste, me parece... triste.
- Cuanta claridad.
- No sé como decirlo. Creo que no me gusta ver gente triste, me deprime.
- Cuando uno está triste no le da importancia a si les gusta a los demás su tristeza. Y cuando uno es triste, simplemente es, ¿que importan los demás?. No se puede dejar de ser por que otros lo sufran.
- Pero es inevitable preocuparse cuando otro esta triste.
- No te preocupas por mi, si no por tu propia condición cuando me ves triste.
- Bueno, pero decime, ¿Que te pasa?
- Me pasa la vida. Ya te dije, soy triste y tengo un patético momento de miseria en este preciso momento.
- ¿Y por qué?
- Por que el tren pasa todo el tiempo. Veo las vías, las tengo frente a mi, pero el tren sigue pasando sin que yo descubra como colgarme.
- Tal vez no estes esforzandote en encontrar la manera de colgarte.
- Tal vez no sea ese el tren del que tenga que colgarme, y deba tomar un auto. Pero el auto es aburrido, va rápido y es engañoso. Hay tanta belleza en viajar cómodo, que uno se olvida de a donde va.
- Esto del tren y el auto me marea, ¿Por que no hablamos en términos mas claros?
- Por que es aburrido. Y por que no tengo todo claro como para decirlo de un momento a otro. Hablando bien va a llegar un momento en que me vas a preguntar "¿Y que pasa que no te subis al tren?". Y no sé que responder. Las metáforas me hacen dar vueltas innecesarias y evitar las preguntas incómodas que no sé responder.
- Se me hace que no te interesa hablar.
- Nunca dije eso. Sólo dije que no tengo respuesta para todo. No puedo subirme al tren, y tampoco encuentro el camino para responder por que no puedo subirme al tren. ¿Comprendes a que voy?
- Tal vez.
- Tal vez no es suficiente. Vos querías que hable pero ahora no sabes que decir, por que te incomoda no saber que preguntarme y como preguntarmelo. La cosa se dió vuelta y ahora no sabes vos como avanzar.
- Creo que te entiendo lo suficiente. Es difícil entender algo que le sucede a otro. No se puede sentir jamás lo mismo que otro siente.
- ¿Que harías vos si el tren pasara por adelante tuyo?
- Supongo que haría lo posible por subirme.
- Lo posible nunca es suficiente. ¿Que harías si en ese tren viajara constantemente alguien que "necesitas" seguir? Pero tal vez ese tren no sea el correcto para tu persona. La persona que necesitas seguir, se subió ya sea por que era su vehículo, o por que sigue a alguien mas. O tal vez a algo mas.
- Te gustan las metáforas, ¿eh?. Ok, te sigo el juego. ¿Te satisface ese tren?
- ¿Como saberlo? No me he subido.
- ¿Pero te satisface la idea de tomartelo? Supongamos por un momento que esa persona no sigue a alguien mas, si no a "algo mas". ¿No crees que deberías buscar un algo mas que seguir?
- Diré en primer instancia que no he afirmado que hubiera alguien en mi tren, sólo lo he ejemplificado. Fuera de eso, ¿Por que necesariamente seguir algo o a alguien?.
- ¿A que si no? ¿Por que subirte al tren si no hay nada que te motive?
- Por que en el tren va mi vida, mi tristeza, mi felicidad. O eso quiero creer. En el tren voy yo, lo que soy y quiero ser.
- No me parece que "ser" vaya de la mano con "querer ser" simultáneamente.
- Van. Yo ya soy lo que quiero ser, pero tengo que redescubrirme. Como a las ideas. Pero no quiero desviarme.
- Bueno, supongamos que acepto. Si en el tren vas ya, ¿No será que estas arriba? ¿No será que no te gusta el tren y por ello sentis que no vas? ¿No será que el tren no te lleva realmente?
- ¿No será que no entendes nada? Es como dijiste ya, es difícil que comprendas algo que claramente no te sucede. Tu tren ya pasó y lo tomaste, y tal vez no sos feliz en él, pero te alegra habertelo tomado.
- ¿Y por que no te subis de una vez?
- Ah... la pregunta mágica, sabía que llegaría. Como ya he dicho, no tengo respuesta, y esta pregunta entonces termina esta conversación. Deberías de haber tenido cuidado de no usarla.
Pero puedo decir algo, quizás no muy claro, que debería de concluir esta conversación: Soy una liebre, escapandome. Pero no me escapo del cazador ni de la trampa, me escapo de mi propia velocidad. La liebre es como un tren, el tren es como mi vida. El tren va demasiado rápido y tal vez por ello no lo puedo tomar.
- No entiendo.
- Será por que nunca has huido.

lunes, 27 de febrero de 2017

Los ladridos, las luces de la mañana, el despertador que no sonaba y lo que no siento. El fuerte retumbe del aire, la suavidad de las sábanas, el ronroneo, y lo etereo. La sed, lo que fue el sueño, el aparato enfurecido girando, y lo intenso. La pupila asomando, la imaginación funcionando, el llanto y el descubrimiento.
No hay nada, nada que ver. Nada que molestar, nada que entristecer, pero los ojos lloran, la boca tiembla, el alma solloza, y el tiempo permanece tieso. Nada que ver, nada que ser, nada que entender. El espiritu comprende pero el resto no obedece, pregunta donde está y por qué. Es inevitable, es irresistible, es incompresible. Se impone, me mueve, me obliga a ver, a ver lo que aun no es. Me pregunto, titubeo, tiembla la seguridad, tiembla la serenidad. Entonces lloro, otra vez, sólo para volver a recordarme que voy al revés. Entonces grito, me intensifico, me niego a volver.
Y cada vez mas se impone, me mueve, y me obliga a ver, a ver lo que aun no es.
Hola, si, estoy seguro de que te acordas, o de que te acordarás de mi alguna vez, cuando leas esto o cuando estes pensando que todo esto ya no vale la pena. Te hago un pequeño y audaz adelanto: Ya no lo vale, es cierto. Es tu deber, como ser humano, ir hacia el abismo como has ido toda tu vida hacia los caminos preestablecidos, hacia la oficina para complacer al jefe, hacia la boda de tus amigos para complacerlos a ellos, hacia la iglesia para la complacencia de dios. Ahora es tu deber ir hacia la muerte, con la misma facilidad con la que has ido a intervenir en la vida de los demás. Básicamente esto es lo que sucede todos los días, que alguien decide ir hacia el abismo insalvable del fin. Y no estas muy lejos de eso. Yo tampoco, y por eso precisamente es por lo que estoy escribiéndote esto. Cuando uno se acerca a la orilla, todo lo que puede hacer es pensar en lo que ha hecho mal y en lo que le falta por hacer. En mi caso, todo eso, cada una de las cosas pendientes que tengo en esta vida, se remiten a tu persona. Básicamente es por eso que te escribo, porque no lo sabias, y yo se todo lo que vos no sabes y que nunca te dije.
Como ya dije, no te acordas. ¿Como hacerlo? 10 años, una vida en construcción, buitres y cuervos, una soga, dos o tres gusanos a tu alrededor; yo tampoco me acordaría de este otro buitre, uno entre tantos. Menos aun si ese buitre era el menos agraciado y el más inteligente, en teoría el mas interesante pero en práctica, el mas aburrido.Yo te vi, y no puedo siquiera imaginar lo que sentí en ese momento, quizás porque no lo siento mas. Fué algo tan grande y ahora es tan pequeño y pobre, que no vale mas la pena. Así, como tu vida, como la mía. No te voy a mentir ni a hablar más en metáfora. Me enamoré de tus mejillas, preciosas aun hoy, de la comisura que tu sonrisa me mostraba en ellas, de aquella otra arruga que se formaba cuando te enojabas porque los demás se burlaban de que eras delgadita y fina, pero con mejillas de bebé. Para ellos era motivo de risa, era la forma de llamar tu atención obviamente, pero dudo de que te hayas dado cuenta, dado que probaste el sabor de cada uno de ellos. Cada uno se atrevió a tocar ese sector rosadito de tu rostro, y a cada uno de ellos lo botaste como los habías encontrado, siendo una linea continua y aburrida en la nada misma. Te prometí que no habría mas metáforas, pero que difícil que me es, porque vos misma fuiste mi mejor metáfora. Pasé días pensando y escribiendo vastos y raros poemas de tu persona; pasé días hasta que me dio náuseas hacerlo, hasta que me diste náuseas vos, de tan dulce y sumisa que eras. Ahí surgió mi desprecio hacia esas palabras bonitas que te describían, que me decían lo que realmente no eras, porque lo que eras claramente podía encontrarlo mirándote. Y te ame, pero te odie al mismo tiempo. No pensé en la magnitud de lo que sentía, si no en la manera en que podría deshacerme de vos, de tus mejillas y tus piecitos.
Sé lo que debes estar pensando, pero no soy un psicópata. No estoy al borde del suicidio porque la muerte ya está en mi puerta, porque siempre está a mi izquierda, como decía un viejo sabio allá por los '60. Sólo dejo correr a los acontecimientos, me dejo llevar por el viento o lo que sea que venga a arrastrarme. Si hablarte y decirte esta verdad momentos antes de abandonar toda esperanza de "Vida Normal" con vos y con quien sea, es psicótico, entonces no entendes nada. Como te dije, te amé, y como todos, intento decírtelo sólo porque es algo pendiente. Por eso y porque algo me hizo acordarme de vos. Nunca amé a nadie mas que a vos, porque nunca hubo nadie digno de llevarse mi compasión siquiera. Todos insectos molestos y agobiantes, todos emanan el mismo calor rutinario y pegajoso. Todo compran los mismos aparatos y venden sus vidas. Vos también, porque te vendiste cual perfume barato a ellos.
Yo era tu mejor postor, yo te ofrecía lo único que necesitabas, una buena vida y una mejor muerte. Ni digna ni orgullosa, una muerte con todas las letras, con todo ya dicho y todo ya hecho, una muerte que necesitaba ser muerte cuando ya no tenias mas para aportar. Pero te deshechaste a vos misma, ya no aportas nada y sin embargo ahí seguis, con tu pollera larga y a veces corta. Tus mejillas siguen siendo como dos luces en mi vida, es lo unico que conservaste con dignidad. Asco da ahora tu imagen, pastosa rata de laboratorio, llena de cables y rejas, pensando que tenes la llave cuando ni siquiera encontras la puerta. Barata, esa es tu definición perfecta. Un cadáver pudriendose encima de lo que alguna vez fuiste, encima de esa imagen de ninfa de los bosques. Recuerdo haberte visto varias veces bajo el árbol paraíso de tu casa leyendo uno de esos cuentos que una vez me contaste que no podías dejar de leer. Tenias 10 y los cuentos eran para niños que no llegaban a la mitad de tu edad. Pero te encantaban, porque podías leerlos mil veces mas y siempre encontrabas algo nuevo, todavía te emocionaban las historias y deseabas reescribirlas alguna vez. Lo mas parecido a un árbol en tu vida ahora, es ese idiota que de dia tenes a tu lado, ese que cada tanto te llevas a escondidas al baño del edificio donde ejerces y entrenas tu estupidez. No es nada para vos y sin embargo no podría dejar de serlo, porque ya usaste todos los recursos. Todos los recursos, excepto el que te observó siempre, el que vio tu mejor época, la época de las mariposas y las trenzas, de tu bicicleta y tus vestidos.
Metáforas de mierda, me cansa que esto se parezca tanto a un poema. Despreciables palabras que no llegan ni a imitar lo que hay. ¿Queres un verdadero verso? Tu vida, un verso, un chiste. Ya pasó la hora de que mandes a la mierda toda tu estupidez y empieces de nuevo. Ya pasó la época de las revelaciones y de las nuevas vidas. Todo sigue siendo la misma mierda y no tuviste la capacidad mental para hacer que tu mierda huela menos a podrido que la de las demás. Al contrario, te encargaste de embarrarte mas y con ello arrastrar a todos los demás. Como sea, tu mierda o tus ojos, tus piernas o tus polleras, tus viejos cuentos y tus peinados ya no me interesan... te amé y no hubo menos que eso. Fue del amor al odio, del odio a la tristeza, de la tristeza a esta misera carta que escribo con todo lo que me quedó de eso que nunca tuviste, inteligencia y vitalidad. Me apropié de todo el estanque destinado a los dos, de todos los bosques que recorreriamos, de los edificios que saltaríamos, de los sueños y animales que rescataríamos. No hice nada, pero sin embargo hice mas que vos. Prostituta barata, un tacho vacío es tu cabeza. Me quedé soñando con todo eso que pude haber sido nuestro y viví de esas ilusiones que me quemaron la cabeza. Me ensuciaste de arriba a abajo, y por eso ya no te amo. Pero amo a tus mejillas, y no podría irme sin ellas, sin su color y su aroma. Por eso te escribo esto, para decirte que sos lo mas asqueroso que alguna vez tuve frente a mis ojos, pero te amé, y fuiste la metáfora mas idiota y mas utópica que alguna vez dije.
Por eso me lo llevé, me llevé algo antes de que la noche me lleve a mi. Vino a mi cuando menos esperanza tenia, la muerte me lo regaló por mi predisposicion hacia ella, me lo sirvió en bandeja. ¿Como podría haber hecho para no recibirlo? Justo cuando pensé que esta carta era todo lo que dejaría, me llegó tu souvenir. Está acá, con la mirada perdida en la nada, con todo lo que alguna vez quisiste. Suerte que no vas a ver su espíritu escaparse de su cuerpo, eso ya lo vi yo. Eso me convenció de que mejor seria irme, de que lo mejor que podría pasarme seria que mi espíritu escapara también. Y de que el tuyo quedara estancado como la mierda que es, acá, en este inmundo agujero que vos ayudaste a construir. Felicidades, el premio es todo tuyo.

domingo, 3 de agosto de 2014

¿Cómo saberlo?. El reto consistía en salir del interminable remolino de la vida cotidiana que te demora, y cruzar la obscura noche. La oficina solía demorarme mas de lo que quisiera aceptar, pero no era noticia que el riesgo real lo corría adentro, donde me enfrentaba día a día con la mirada de Victorino. Viejo de mierda, impotente, no dudaba en encajarme alguna tarea adicional cuando notaba que de manera cautelosa me levantaba de la silla giratoria medio rota. Pretendía mantenerme en un estado de somnolencia,  un estado que me mantuviera despierta haciendo cuentas toda la noche, para no perder el ritmo de mis tareas. Cuantas veces se habrá aprovechado, al no pedirme una tarea, para el sábado escribirme reprochándome la irresponsabilidad de no ejecutarla, obligándome así a que lo hiciera en mi tiempo libre. Todo por una referencia, una, que pudiera cambiar mis días. Creo que se que el viejo no me va a recomendar jamás en otro lugar si es que no le hago el gran favor de poner un poco de sexo en su vida, aunque solo sea asi como todas las mañanas, un simple mirar. Un asco nauseabundo me posesiona de repente, de tan solo imaginarme sus ojos de lagartija encima de mis medias color café. Quien sabe cuanto mas debo de pasar en ese lugar, y cuantos reproches sin sentido debo de seguir soportando hasta que decidiera bajar del pedestal y madurar.
Hace no mucho me di cuenta, de que si la vida había golpeado tan duro a mi carrera y a mi supervivencia, yo misma había golpeado mucho mas fuerte con mis actitudes y accionares. El haber aceptado una labor de esclava junto al rey de los pervertidos, por unas miseras monedas que apenas me alcanzaban para tratar la enfermedad de mi hermano y alimentarnos, había sido definitivamente la decisión que me había sacudido mas violentamente en esta corta historia.
Lo cierto es que no era nada extraño verme en esas malas circunstancias, había aprendido ya a aceptar lo que el azar arrojaba, y a re-utilizarlo siempre que fuese necesario. Mi vida siempre había sido un juego en el que yo hace tiempo que no participaba. Vivía escondida, y nadie parecía encontrarme o hacer el esfuerzo por buscarme. Hace mucho ya que han descartado a la pequeña que corría contando hasta diez, pensando que el juego se volvería mas divertido mientras mas durase. La pequeña que solía ser feliz en el obscuro agujero de la incertidumbre, que disfrutaba la ignorancia de todos los días y el descubrimiento cuando se corría la cortina.
Pero ya no busco nada, no tengo espacio donde correr, no tengo a quien perseguir porque todos se han encontrado ya y se han olvidado de mi, de que yo también quería jugar, de que aun estaba oculta. Se van, entre risas, lejos. Y mis pies se ven, mi escondite es evidente y a nadie le preocupa encontrarme. El juego acabó hace tiempo ya y he tenido que seguir escondida detrás de la cortina, esperando.
Javier era el único que parecía sentir mi presencia en esta etapa de nuestras vidas. El había resguardado mi pequeño mundo en esos tiempos hipócritas que se aprovechaban de uno y de su hastío. Era el salvador y la fidelidad, era mi Javier de toda la vida. Y sabia que necesitaba algo de mi, lo veía en sus ojos todas esas veces en que lograba tener el tiempo suficiente para hacerle una pequeña visita, en la cual se interponía solo el vidrio del bar y sus pasos pesados y perdidos en la rutina. Jamas quiso demostrármelo, comentarme que no estaba bien, que su vida era mas vacía de lo que había esperado o soñado aquellas tardes de otoño hace 10 años, cuando nos gustaba salir a pisar las hojas caídas y escuchar su crujido mientras charlábamos de los altos escalones que podríamos alcanzar.
Quizás es por todo esto, por mi eterno quejarme de todo, que pensé que debía pagarle de alguna manera todo lo que hacia por mi y no sabia, al escucharme y soportarme. Y así es como ese día, entre las pólizas de seguros y las ordenes de pago, tuve la idea de darle algo que simbolizara todo lo que mi amor no podía decir. Estupidamente cursi, pero cierto, yo era una enferma enamorada, intentando curar esa lejanía que nos separaba cada día mas, haciéndonos retroceder asustados y tensos.
Esa noche, la oficina se había vuelto extremadamente pesada. Era una gran mole que soportaba con dosis altas de café y unos cuantos deseos alegres, solo opacados por las intermitentes sacudidas de mi cuerpo al pasar frente al que lamentablemente solía llamar jefe. Sabia que no podía esquivarlo, pero creí que si me movía rápidamente, le daría una menor satisfacción. Como siempre Victorino, esperaba que yo recogiese mis papeles a las 6 en punto, para apresurarme en la entrega de un informe que debía entregarse 20 días después. Como siempre y ese día mas que nunca, a fin de ahorrar tiempo y evitar conflictos que me retrasaran mas, me trague mis pensamientos vomitivos hacia su persona y me senté nuevamente a terminar el informe y su correspondiente presupuesto. No fue hasta 1 hora y media después, cuando el se dirigió al baño, que me levante rápidamente con el papelerío y ordenadamente deje todo en su escritorio, corriendo a la puerta de la liberación. Para mi desgracia, no llegue a tiempo. El se asomaba ya por la puerta del pasillo, cuando me vio ir apresuradamente a mi escape y me gritó, haciéndome retroceder.
- Señorita, por favor antes de irse, pase por mi oficina.
Con la mejor sonrisa que pude haber inventado en un momento como ese, me dirigí hacia el y le dije “ya le deje todo en su escritorio, en cuanto lo revise lo podemos discutir”. Acto seguido me dispuse a ponerme el abrigo, en señal de que estaba apresurada, apelando a su piedad.
- Si si, pero necesito que veamos un punto ahora. Soy conciente de la hora, pero es que esto no puede aguardar.
Volviendo de la cocina, su despreciable ayudante nos observaba con una sonrisa de satisfacción. Solo quedábamos nosotros 3 en la oficina, y eso era lo que me inquietaba. Haciendo cuentas de los minutos que tardaría al salir, en cruzar dos calles y comprar lo que necesitaba, y mentalizando la hermosa sonrisa de Javier, me senté en el sillón verde opaco de la oficina de Victorino. Dicho sillón quedaba de frente al gran ventanal que me separaba de la calle ya obscura, enfrente del cual se posicionaba el único obstáculo, un viejo cincuentón. Inmediatamente después de mi, entro aquella rata, para asistir en la reunión.

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-Somos concientes, señorita, de que usted ha perdido una oportunidad importante al momento de ingresar a este empleo. Esto espero que usted sepa, ha sido una circunstancia del destino, que ha decidido hábilmente otorgarle al muchacho que ahora nos acompaña, la gracia del éxito y la oportunidad de manejar un gran poder a mi lado. No ha sido casualidad, claro esta, ya que el se ha esforzado mucho en sus estudios y se ha enfocado en la meta mas inteligente de todas, la de jamás volver a levantar la cabeza para no sentirse menos. Siempre con la mirada abajo, siempre en lo mas alto de la escalera, en la cima, pisando las oportunidades ajenas para conseguir las suyas. – Victorino no paraba de estirar los brazos intentando torpemente graficar sus ridículas explicaciones, mirando a Anahi como si ella fuese un reptil, como si ella no pudiese despegarse de la posición terrestre que le toco en este mundo.
La habitación había quedado en silencio, Anahi no sabia de que le estaban hablando exactamente, y no podía mas que imaginar que este discurso iba dirigido tan solo a retenerla, obra de algún maléfico plan de secuestro laboral y esclavista. Se figuraba ya los grilletes, las excusas, las ventanas por las que cabía su largo cuerpo para escapar, a su hermano llorando sin comprender su desaparición. De un momento a otro su mente dejo de vagar estúpidamente, y presto especial atención al mínimo movimiento que hizo el engendro que detrás, sonreía con satisfacción. Su mano se había elevado rápidamente expresando su deseo por hacer algún comentario sin sentido, pero Victorino decidió no darle la oportunidad,  y rápidamente descarto la interrupción rebajándolo nuevamente a donde el debía de estar, muy por debajo de su silla y sus medias.
- No no, no tengo tiempo para interrupciones. Quiero que mis ideas se entiendan perfectamente y de una sola vez. Esta incomparable oportunidad se entrega una sola vez, y es responsabilidad de ambos el cubrir el trabajo y el cumplir mis expectativas. Quiero empleados, quiero que se ocupen día y noche de lo que yo no puedo ocuparme evidentemente porque no tengo el tiempo apropiado. Mi tarea es cobrar, y tan solo eso, porque mi titulo es mas antiguo que el suyo y el que me permite poner la firma en los papelitos que ustedes deberían de preparar adecuadamente. Para ello requiero que sus habilidades sean mucho mayores. Y tengo el leve presentimiento de que se porque esto no esta sucediendo – El viejo se acomodo de la posición despreocupada que había adoptado, símbolo de que la charla se volvería innecesariamente seria – Usted, por un lado, la chiquita inocente, con espíritu rebelde, de esas que se encuentran a montones en la calle esperando que la revolución estalle para ir a quemar neumáticos a algunas avenidas y demostrar que apoyan un comunismo o una posición insostenible para este negocio, este sistema que nos da todo. Y por otro lado tenemos al señor que esta detrás suyo, y que cree que puede levantar el pie tan alto como sea posible y sin ningún tipo de esfuerzo, y ya tener comiendo de la mano a todo el edificio – La sonrisa del individuo se difuminó – No voy a permitir comportamientos que puedan proporcionarme un peso mayor, porque para eso les pago, y lo hago como mejor puedo. Necesitare que trabajen juntos, que encuentren el método apropiado, que hagan las cosas de una única y eficiente manera, y sigan produciendo, porque de eso comen y como yo – El dedo de Victorino se extendía amenazadoramente, y como si ello fuera a demostrar algo, decidió tomar el informe de Anahi y hacerlo pedazos. Acto seguido, dijo señalando los trozos de hojas – Ahora necesito que esto este listo para mañana a las 3 de la tarde, y bien. Pueden irse, no deberían estar en la oficina, no quiero hacerme responsable de las horas extras que se generen de su holgazanería.
Lejos de pretender reprochar la estupidez que había presenciado, Anahi decidió levantarse rápidamente y aun con las compras pendientes y las cuentas de tiempo en su mente, corrió a buscar su abrigo sin darse tiempo a detenerse a emprolijarse, pero notando de reojo que el bicho de laboratorio de Victorino también salía, lejos de los pronósticos aparentes que indicaban que se solía quedar a dormir allí.
Ella, ¿inocente y traicionera a la vez? No, ella también era su hámster, su piedra en el charco y también su paraguas. Ella hacia todo por que su trabajo sea aceptado minimamente, solo quería escapar. Y su ahora trabajo de la tarde hecho pedazos no le afectaba en lo mas mínimo, porque sus prioridades inmediatas tapaban el dolor. Eso es lo que solía suceder, que decidiera inconciente o concientemente oscurecer una parte de su vida con otra que siempre estaba iluminada, su perdido amor por su amigo. Su excusa y su salvación, la cicatriz y la sangre de los hechos de la vida inmediata.
Ya no quedaba nada, el mercado apenas estaba abierto y era demasiado pretender que estuviese lleno de las cosas que podía llegar a necesitar. El mal y denigrante humor de los cajeros derivaba en un derrotismo que parecía pegarle patadas al alivio que había experimentado al encontrar abierto el lugar. Pero otra vez, un remolino hacia que todo fuese un motivo mas para sentirse libre y enérgica en vista a la oportunidad que se le presentaba de hacer feliz a Javier. Y entonces fue la incongruente relación de amor que enlazan la desesperación y la felicidad, la que genero la situación ideal que haría que su vida fuese el huracán que feroz arrasaba con lo poco de humanidad que encontraba.
El leve toque que a una de las bolsas algo le dio, no se sintió de lleno si no hasta que fue arrastrada al espacio entre los ladrillos que la obra en construcción amontonaba, y las ramas recientemente cortadas de un paraíso. Una sensación similar a la de caer la agobio, como si hubiese tropezado torpemente, y no fue si no hasta que sintió una mano en la suya y vio la barra de chocolate caer, que decidió también empezar a ver que era lo que realmente estaba sucediendo. Totalmente a la deriva, como una pelota rebotando y por momentos en suspensión, un primer movimiento fue poco acertado e inmediatamente castigado: Girando 45º decidió intentar convencerse de la ausencia total de cualquier tipo de entidad viva, y tirando de la bolsa que había sido tomada casi por completo, se dispuso a reacomodarse y caminar. Su errado movimiento fue completamente paralizado y una mano pesadamente torpe mantuvo la fuerza necesaria que hizo que Anahi débilmente, se entregara al azar de la vida que la golpeaba. Una mano fuerte, que la desafiaba a escapar, a hacer la vida que merecía, una mano que era la perfecta alegoría de la felicidad que afuera la esperaba. Una mano que tenia una compañera, totalmente libre, que decidió aprisionar el resto de su cuerpo, cuando entendió que ella había decidido rendirse. No atinando a reaccionar para salvar su espíritu, no entendiendo las consecuencias de lo que era un espontaneo ataque, su mente fue bloqueada en unos segundos para empezar a planear inmediatamente como seria el resto de sus días si de allí salia algo de ella. Su cuerpo, vil transmisor de sensaciones, no permitió allí ningún movimiento competente, y paralizo en un terror demencial a su imaginación, permitiéndole así que sintiera la profundidad mas sutil de aquel momento, que no duro mucho y pareció interminable.
Su piel y la de su furioso atacante se erizaron debajo de sus respectivas ropas y comenzaron a sentir las convulsiones del violento contacto que estaban experimentando, como si fuese acaso la primera vez de ambos. La intensidad dio la pauta de que quizás fuese la ultima. Ella sintió que se tocaba a si misma, sintió que sus frías manos recorrían todo rincón que ya muchas veces hubiese explorado en situaciones completamente distintas y a la vista de esta, absurdas.
Las dudas y la incertidumbre comenzaban a aflorar entre los vacíos mentales y los dolores estomacales que en algún minuto incierto derivarían en vomitivas imágenes de la vida, de la realidad. Estaba sometida, era victima de su propio dolor y lo seria de su propio encierro psicológico. Un sujeto A, fácilmente se apoderaba de ella y de sus circunstancias, de su eternidad, un A que podía ser B, un victimario que podría haber sido origen de una victima, que podría no haber sido Sujeto, si no mas bien Objeto. ¿Cómo juzgar, como saber, como entrar en la mente de el?, ¿Cómo si el introducía todo su pesado cuerpo en sus finas curvas y le quitaba la poca decencia que le quedaba a sus largas piernas, ya violadas inmemoriables veces con la mirada? No había causa, no había efecto. No había identidad en esta gran pelota de posibilidades y de recursos agotados. No había victimario, no había culpa, no había victima, no había situación, no había momento, no existía esto ni aquello. Todo una ilusión o una realización ancestral, una alineación o la maestra de las causalidades. ¿De donde salia la conclusión de que había individuo atacado, o que ella debía seguir viviendo después de aquello?. Es resignarse a morir, o resignarse a comprender a su victimario y aprender de el, valiente como pocos, que ataca a la humanidad y a toda su mierda de moral indecente. Dominada por completo y con los sentidos en revoluciones infinitas, en un primer momento se resigno a morir allí, pensando en que lo mejor seria que su cuerpo quedase allí tirado y como siempre la gente apresuradamente y torpemente le pisara la cabeza y las ilusiones. Entonces cayo hacia su segunda bolsa, todavía en la mano, única conexión con la realidad y con aquello que le esperaba en su vida. Los brazos de el se aflojaron al sentir el peso del cuerpo, y por un momento ella pensó que la miraba con pena, que la condenaba a ser un mártir, que le dejaría una moneda al irse, pagando su paso y el haber arrasado con todo lo que ella había sido. Y entonces el contraataco, para terminar de hundir todo lo que quedaba de persona en un foso.
Mas lejos aun de sentirse atacada, Anahi sintió que la había comprendido, creyó que era su amigo, el único que se preocupaba de su caída y devolviéndola a la realidad en embestidas brutales. Así que decidió recuperar la postura, y conseguir una nueva identidad, una que no sea Anahi, ni que sea la hermana, ni la secretaria, ni el amor de la vida de un muchacho que no podía apartarse de la rutina. Una identidad que fuera humo, el humo que le tapa los ojos al mundo y hace que choquen, que se hagan mierda unos a otros. Su cuerpo comenzó a sacudirse lentamente, y para su sorpresa, el la soltó.
- Ok, no hay nada mas que puedas hacer.
- Sos dulce. Te amo.
- Y miserable también.
No se escucho mas en la inmensidad de la noche, y acalladas las bocinas de los autos, como si todos entendieran, como si todos fueran parte del funeral. El individuo, el A, B y C salió corriendo de la escena, y allí yacía quien había sido Anahi, semi desnuda, semi enferma, semi enterrada, enteramente muerta.

miércoles, 21 de agosto de 2013

El Pasaje Armental.

Sabia con claridad que el frío se sentiría fuerte esta noche. Habrá sido el viento de la tarde azotando los paraísos y dejando caer esas cositas extrañas, o el hecho de que la estufa no estuviera calentando del todo bien en casa. O quizás quien me había alertado había sido mi hermana, con su habitual humor que le da nuevos nombres a todo, a la lluvia, al viento, a la señora de la esquina con su perrito chillon, a los mosquitos...
Lo cierto es que hacia frío, un frío que entumecía los pies y que esperaba encontrar un bolsillo dentro de otro en el saco que llevaba esa noche. Y bien es sabido que a medida que uno se acerca al río, el temblor de piernas y brazos crece enormemente. No se de quien no me acorde esa noche, intentando distraer mi mente, de lo que seria mi objetivo. El deseo de perderme era una total ilusión, y un sueño imposible de realizar ya que cuando se esta destinado a un sendero, a un real sendero de esos que solo se pueden encontrar en historias fantásticas, es imposible retroceder. Solo se puede quedar uno con esas miradas furtivas, tildado en medio de la vereda y al lado de un doberman, que desafiante, espera un movimiento para atacar con sus ladridos. Y eso es precisamente lo que sucedió, cuando al fin me acerque a la zona alta.
En mi incertidumbre, no me había percatado del dulce aroma acaramelado que solía alertarme acerca de la cercanía con el que entonces era, y aun hoy es, el enlace para con mi inconciente. Y es que eso era precisamente lo antagónico de toda añoranza en mi ser. Fue el aroma del peligro el que hizo que me detuviera en seco, un peligro interno mas que nada, un aroma propio aplicado eficaz e inteligentemente como una personalización de aquello a lo que temía sin razón aparente, el Pasaje Armental.
Era tan conciente de estar generando yo mismo el terror que me acechaba a medida que me acercaba, y tan seguro de no poder avanzar a pesar de ello, que lleve mi cuerpo y mi mente a una inmovilidad no aconsejable a tan altas horas de la noche. Aun mas en esta, mi desdichada ciudad. La sensación de bienestar no la vislumbraba desde el momento en que abandone mi hogar, único lugar seguro en vistas a mi actual recorrido. Mas de una vez he atribuido este problema a los viejos cuentos que contaban los borrachos del barrio, acerca de las inexplicables (como siempre, como en todas las historias) situaciones que se vivían en el Pasaje. Sorprendentemente no había tenido el valor de acercarme y observarlo siquiera de una cuadra atras, y sin embargo estaba seguro de conocerlo, seguro de conocer hasta la mas pequeña de sus grietas. Y esto es realmente lo que me asustaba, el conocerlo, o quizás el llegar a conocer algo creyendo que era una cosa, o sintiendo que era esa cosa, y descubrir al fin que no era precisamente eso, si no mas bien algo mas grave, algo que lo hiciera aun mas misterioso. Y como misterioso, no podía dejar de atacar a mi curiosidad. El temer a mi propia curiosidad, detenía mis pasos y me dejaba meditar generalmente, pero ese día, con aquel perro alerta a mis movimientos y con un grado de racionalidad definitivamente bajo, llegue inevitable y lamentablemente, a ver aquella esquina, única entrada a aquello que yo temía no saber.
La conclusión, fue que mi curiosidad se activara claro esta. Ya no era un lugar obscuro, ya era un objetivo cada vez mas cerca. Y así, con los ladridos, el rugido del viento, las pequeñas gotas de lluvia congelada que caían en mis pómulos, mis pisadas eran cada vez mas oscuras, cada vez mas ruidosas, cada vez mas cercanas a lo que seria una muerte segura, un encuentro con el espacio mas pernicioso de mi ser, mi inconciente. Los pasos eran cada vez mas largos. El estar acercandome era estar a punto de tropezar, a punto de caer al vacío, posar tan solo el talón sin tener la seguridad del espacio para el resto del pie. Y el ansia, ¡dios!, el ansia de ver, de saber, el casi correr y seguir viendo tan solo la esquina como si el camino de una cuadra a otro fuese casi interminable, el estar buscandome a mi mismo, el estar buscando aquello que no soy. Cada paso me hacia mas desconocedor, y mas feliz... y el camino dejo de andar, mi cuerpo se detuvo y mi mente siguió avanzando a pasos agigantados. Entonces sin meditarlo, dejando atrás todo rastro nocivo de una conciencia y de la que una vez creí cierta inteligencia, entre al Pasaje Armental.
Era todo y no era nada. Era mi vida, y era el momento de mi muerte. Cerrado, como suponíamos todos, solo me dejaba ver un lado de lo que parecía una larga habitación. el otro lado era yo, era el caminar mirando siempre a la izquierdo, buscando el rastro y las sombras que otros hubiesen dejado, y que hicieran que este fuera el pasaje mas pesadillesco que podía imaginar mi retorcida mente. El lado, el único lado del pasaje, era solo un muro con ventanales cuyas cortinas, pintadas y al mismo tiempo moviendose al son de las ráfagas de viento, se mantenían cerradas lo mas que podían. Entre el gran muro y yo, que caminaba sin rumbo intentando encontrar esas grietas que yo ya conocía, mediaba un pasillo que parecía ser solo el comienzo de un gran río, el cual solo se extendía de ancho dos metros. Dos metros que en mis condiciones no dejaban de ser imposibles, con la excitación del momento y con las visiones de las puertas que al otro lado podría encontrar palpando todo el muro. Y adelante, por supuesto, no era nada, no había nada, y no había fin para esa nada. Podría haber caminado por horas, a medida que mi locura se acrecentaba y mis sentidos se encendían buscando algún indicio de lo que seria una unidad de vida, y lo seria todo para mi. Algo que me contara los secretos de seguir, o de saltar el río, o de intentar bordearlo kilómetros mas adelante. Pero ese río era aun mas siniestro que el muro de la izquierda. Un río pequeño del cual podría haber salido la mas espantosa de las criaturas, pero de la cual no habría sabido nada antes de que me devore. Ambos eran tan solo criaturas indefensas de aquel pasaje, al menos así se lo podría creer desde afuera. Una vez dentro la victima era uno mismo, sus ojos y su olfato, su mente, su conciencia.
No se cuanto caminé, no se si había algo mas. Se que el muro era mi objetivo, se que las ventanas no dejaban ver nada a través de ellas, se que eran estáticas, que no había nada allí, y sin embargo estaba todo "yo" por dentro de todo esto. Se que el río era un lago, o una laguna, o un charco, que era grande y ancho, pero que no sabia de dimensiones sino de destrezas. Se que cualquiera de ellos me hubiese atrapado, o eso es lo que creía en un principio.
Poco a poco empece a entender que no sabia nada. Que lo único que sabia era que ese muro era yo, mi otro yo, y que ese río era el impedimento de poder llegar a mi, y que quizás este, era el escenario que nunca había querido enfrentar en mis sueños, que mis mas profundos deseos no habían querido ver para no desilusionarse, para no perder la esperanza que la realidad hace pedazos. Se que mis pies sangraban, y que ahora las sombras de las personas que seguramente vagaban como yo en aquel pasaje, eran las que me acompañaban, hacia un lado y hacia el otro. Solo sombras, solo sombras que quizás habían llegado como yo impulsados por la curiosidad, o llevados por su otro yo, para conocer el mundo que la inconciencia disfraza en los sueños. Se que mis labios y mi brazo izquierdo, comenzaron a caer, a desplazarse como si estuviesen derritiéndose, como si yo fuera esas gotas de lluvia helada que afuera en el otro infierno me acechaban. Era la escena mas terrorífica e increíble el verme y sentirme un cuadro abstracto, el gritar y que no saliera nada de allí, porque el sonido no era parte necesaria de esa realidad. Después de ello ya no se nada, se que caí, completamente hecho de agua, o de tela, o del material mas blando y maleable que se pueda encontrar. Se que siempre mire hacia la izquierda, y que al fin cuando ya no quedaba nada de mi, intente ver, erróneamente, a mi derecha. Que error, que gran error. A mi derecha no había mas que el cuerpo del que una vez fui yo, vagando eternamente, vagando siempre buscando a su otro yo, o quizás a la muerte, en su hombro izquierdo, sin saber y sin la necesidad de conocer, que su destino era caer al río, caer conmigo, sin poder cruzar jamás al otro lado, a su doble. Y es entonces, cuando mi último rastro de conciencia logró ver en los labios de aquel que caminaba, una palabra desplazándose sin sonido alguno, una palabra definitiva...
- Kairós... 

miércoles, 23 de enero de 2013

Transición.

- ...Pérdida total o parcial de la memoria, deceso por operaciones quirurgicas realizadas fuera del ámbito de la ciudad, vértigo, ejercicios de acrobacia, accidente de motocicleta, amputación de algún miembro...
El señor Gutierrez evitaba mirar a la joven a la cara. Tenia un problema, un grave problema. Quizás fuese un eventual ataque cardiaco, puesto que sus palpitaciones se sentían cada vez mas fuertes. Su mano temblaba descontroladamente, haciendo sonar la birome que llevaba, sobre el suave vidrio.
-... accidentes ferroviarios por imprudencia del titular, suicidio, convulsiones, parálisis total o parcial y permanente...
¿Parálisis?, ¿Convulsiones?. No era difícil imaginar su cuerpo sacudiéndose en el suelo, y a la gente riéndose a su alrededor. Porque, su porte daba la apariencia de alguien a quien no le hacen falta horas de ejercicio, y el hecho de sufrir convulsiones podia provocar que la gente pase a verlo como un desvalido, como un cachorrito abandonado a su suerte, como alguien miserable...
- Señor Gutierrez, ¿Esta todo bien? - Los pequeños y complacientes ojos de la critatura que lo observaba, parecían llenos de vitalidad.
- Si si, todo excelentemente bien, por favor prosiga, que no tengo mucho tiempo.
- Claro, señor.
Pero no estaba todo bien, resultaba toda una aventura en colores para ella, estar hablando de muerte y de sangre desparramada. El no podía entender como es que ella sonreía al hablar de amputar sus miembros, de muerte por desangramiento, por intoxicación, por reacciones nucleares. Su sonrisa era impecable, casi como si le estuviese contando un cuento para niños. Pero no, estaba hablando de la muerte de el, y las incontables maneras de desaparecer de este mundo y de quedar hecho pedazos o cenizas. El largo cabello rubio de la muchacha se extendía a su lado sostenido suave y delicadamente por una cinta azul. Sus piernas cruzadas bajo el escritorio, su camisa blanca con una letra bordada en el costado izquierdo, justo sobre su corazón, su falda negra y larga, dejando al descubierto las piernas mas hermosas que pueden haber existido... y esos ojos azules, en clara armonía con sus labios que parecían crear melodía al hablar. Todo en ella era perfecto, y dejaba denotar que todo lo que las antiguas publicidades mostraban, de gente feliz ofreciendo productos perfectos, que hacían dichoso a su portador, en la actualidad era totalmente real. Como sea, no estaba todo bien, porque la imaginacion de Gutierrez no paraba de fluir entre ríos de sangre, pedazos de su brazo volando por el aire, o desaparecidos por el calor del fuego.
- Picaduras de insecto, exposición a los rayos X, muerte por golpes o electroshock debido a negligencia por la violación de la Ley Nº 0401 vigente en todo el territorio de la metropolí, y por último, invalidez. La cobertura por riesgo dentro del área de su ámbito laboral, quedará sujeto a la forma en la cual se desarrolle el accidente y el posterior deceso. El servicio que se le asigna desde este momento, le otorga a su primer heredero directo un monto establecido por un cálculo a realizar, en el que se tomará en cuenta: el tiempo que usted ha trabajado al momento de fallecer - Otra vez, otra vez esa insinuación asquerosamente feliz respecto a mi fallecimiento - el sueldo que ha cobrado los últimos 5 años, las horas extras asignadas, los impuestos abonados al estado por su labor, por sus horas adicionales, por su vivienda, por su contrato matrimonial, por el perímetro que ocupa su residencia y por la cantidad de objetos de valor adquiridos y declarados. Así también se tomará en cuenta la cantidad de descendientes con capacidad para continuar la labor que deja, y sus donaciones al estado, así como el patrimonio que heredará el mismo de su parte. Además, le otorga a su descendiente directo, el mismo trabajo, en el mismo puesto y el mismo lugar en el que usted lo dejase, y una canasta de productos exclusivos de los producidos por las empresas del Señor Vaughner, así como un voucher que podrá utilizar y disfrutar en las tiendas adheridas y pertenecientes al mismisimo solidario, Señor Vaughner. De esta manera, le garantizamos, su heredero inmediato estará disfrutando del servicio que usted ha contratado en este acto, y evitará las penas por su muerte.
Y así, terminó la muchacha, esbozando una amplia y esplendorosa sonrisa de satisfacción y felicidad, por otorgar un servicio serio y confiable.Sus delineados ojos aguardaban con simpatía, una respuesta inmediata. amenazaba con seguir enumerando las distintas formas en las que Gutierrez podía morir, y que no cubriría el servicio. Quizás, después de todo lo dicho, solo cubría una muerte por asesinato, y una por que a uno se le caiga un edificio encima. Pero, era una obligacion estar inscripto, y le ocasionaria un problema y muchas miradas desconfiadas, el no hacerlo. Así que, antes de que la pequeña criatura pudiese continuar con su discurso, Gutierrez decidió evacuar sus dudas, realizar una pregunta que no seria bien vista bajo ningún aspecto, en ámbito alguno.
- ¿Nada mas?.
Los ojos azules, se transformaron en una mirada de reproche, desconcierto, de decepción.
- Como usted sabrá, estimado señor, nuestro servicio se adjudica a todos los empleados de la industria, sin excepción, conforme a la ley Nº 0021 de cuyo estudio usted no debe de haberse privado en su época estudiantil juvenil, y así mismo debe estar informado de que dicha Ley es por el momento irrevocable y una de las mas importantes que nuestro estado mantiene, por lo que debemos de respetarla al pie de la letra y no ofrecer mas de lo que ella ofrece, y cuyo castigo en el caso de desobedecerse, puede oscilar entre un año de trabajos dentro de la clase indigente, a una muerte inminente, por apaleamiento. Y debo recordarle también, que esto ultimo no lo cubre nuestro servicio.
Sus palabras rebotaron en todo el gran salón, repitiéndose una y otra vez en la cabeza de Gutierrez, quien tan atareado como estaba, no lograba distinguir ya, si los suaves labios de quien había sido una encantadora vendedora, seguían moviendose, o si eran las crudas palabras que ella había soltado las que hacían vibrar sus pensamientos.
Sin mas que decir, asintió con la cabeza, tomó con fuerza el bolígrafo, y firmó sobre las lineas de puntos asignadas en la pantalla, dejando a continuación una huella digital que registrara su paso, y su obediencia, así como el cumplimiento de su obligación.
- Adiós, y gracias - exclamó, apuntando sus oscuros ojos, amenazadora aunque sumisamente a los ojos brillantes de la muchacha, la cual había recuperado su color y su plástica sonrisa, y ahora se despedia haciendo ademanes exagerados con las manos.
La vuelta al cubil del terror había sido rápida y obediente, mirando hacia los llamativos carteles que se presentaban al paso y acechaban al caminante, y sonriendo demostrando una satisfacción que casi podía ser real para el. Su oficina tenia mas espacio del que su cuerpo necesitaba, y detrás de él, su gran ventanal iluminaba exageradamente la silenciosa habitación. No se escuchaba nada, quizás porque a los pájaros les era imposible revolotear alrededor de un edificio tan peligroso para sus hermosas alas, o quizás porque el mal humor del señor Gutierrez habían ocasionado que le gritase de muy mal modo a su simpática secretaria, que no le pasara llamadas ni dejase entrar a nadie. Detrás, toda una ciudad con camisas parpadeando al sol, con bebidas tan frescas como venenosas, en la mano, siendo felices comprando en los comercios permitidos, y presumiendo sus adquisiciones ante quien se le pasara por delante. Y los carteles, mas abrumadores que nunca, mas abundantes de granitos de vitalidad y felicidad de lo que jamas han estado. Ofrecían una nueva y esplendorosa vida, exitosa por donde se la mire, con grandes adquisiciones y todo una multitud detrás vitoreando la compra.
Era claro, en las calles de la metropoli, que había llegado la llamada Transición Tecnológica. Todo era pantallas de grandes tamaños en manos pequeñas e inexpertas, teléfonos finos como hoja de árbol, indumentaria de aquella que también vendían en la Transición Textil, con letreros luminosos llenos de anuncios que indicaban la preferencia del cliente. También podían encontrarse artículos tanto magníficos como perturbadores, entre los cuales se visualizaban varios cuadernos, maletines, y tantas otras cosas de oficina, que mostraban el pronostico del tiempo y las ultimas noticias de la metropoli en sus laterales. Los hogares de la ciudad permanecían abarrotados de productos, hasta que la gente se deshacía de muchos de ellos al pasar de una Transición a otra, y así hacer lugar a las nuevas y exitosas adquisiciones en las tiendas permitidas. La llegada del verano indicaba un reajuste, para lo cual se realizaban extensas campañas de encuestas obligatorias a todos los ciudadanos con el objetivo de mejorar la producción en cuestión a lo que mas se quería y menos hacia falta, de forma en que fuese mas fácil luego deshacerse de los objetos adquiridos.
El señor Gutierrez no lograba olvidar el incidente de la mañana. Menuda mala educación, a un señor de su porte, amenazar con castigos y muerte por una simple y llana pregunta. Pero por fuera de esa furia que le echaba a perder el día, el era conciente del grado de imprudencia que contenía la pregunta que había formulado, y las consecuencias que podrían haber suscitado en caso de haberse quejado y no haber firmado a la suscripción. La empresa de seguros, a cargo de por supuesto, el magnánimo señor Vaughner, era una condición obligatoria a los empleados de la industria de escritores, editores, y críticos literarios. La desobediencia no implicaba perder la posición laboral, puesto que el no trabajar no se podría considerar un castigo. Mas bien, dejaba al individuo en una muy mala posición social, y en riesgo de ser castigado, en cuestión a la gravedad del asunto. El sabia eso, y la idea de caer bajo lo torturaba. La muerte misma se quedaba pequeña al lado del castigo de pertenecer y colaborar con las clases indigentes. Su traje costoso, sus delicadas y bellas manos de escritor, los artículos comprados a lo largo de su vida en las prestigiosas tiendas... todo seria sacrificado si el no se tomaba el nada costoso trabajo de colaborar en la creación y evolución de un estado perfecto, de la metropoli mas acaudalada de la historia. Una ciudad que podría darle todo lo que el quería y también todo lo que el no necesitaba. Que no permitia bajo ningún aspecto la escasez y mucho menos la deshonra. Una comunidad que no escapa a las nuevas tecnologías ni teme ser absorbido por ellas, si no que aspira a mas, a conquistar a la humanidad por completo, y enseñarles todo lo que seguramente no saben, puesto que esta Metropoli, como les gustaba llamarla, era cultura en su estado mas puro, poseyendo la educación mas completa que se ha visto.
La puerta golpea una vez mientras Gutierrez se encuentra inmerso en su imaginación de oro y cenizas. La golpean nuevamente, y otra vez mas, insistentemente. Solo hasta que le indican que pase, el hombrecillo deja de maltratar el roble y pasa casi gritando con su chirriante voz de gatito, sacudiendo sus brazos y dejando ver su nuevo cuaderno, refulgente a mas no poder, y desentonando tanto el como su portador con el ambiente silencioso de la habitación.
- Creí haberle dicho que estaba ocupado a la señorita del pasillo, que dice ser mi secretaria.
- Pues, he esperado un buen rato a entrar, Marcos. Debía aguardar a que ella se levantase de su asiento a hacer algo, para lanzarme a la puerta. No podía dejar pasar la oportunidad de decirte - Exclama el hombrecito, con una sonrisa amplia y haciendo un ademán para señalar el cuadernillo.
- No necesitaba verlo, podía incluso notarlo a través del roble de la puerta. Incluso podría cerrar los ventanales y los ojos, y seguiría siendo deslumbrantemente asqueroso.
- Oh como se nota que aun no has comenzado la transición. Deberías ver lo que están vendiendo allá enfrente. Seguramente porque aquí trabajamos nosotros, decidieron repartir los productos en esta zona. Son pantallas, pequeñas pantallas del tamaño de la palma de tu mano, a las que les puedes dictar y escriben todo. Es por si acaso, por si se te ocurre alguna idea en la calle y no tienes como escribir.
- Que curioso, puesto que hace semanas que tengo donde y como, y estoy intentando escribir algo bueno, pero mi editor no hace mas que destruirlo y construirlo nuevamente como se le antoja. ¿Que te parece, gran problema, no? - Gutierrez no podía hacer otra cosa que arquear las cejas ante la mirada desconcertada, aunque siempre feliz, de su interlocutor.
- Que gracioso eres. Tienes suerte de que sea yo quien vea esas cosas. Si alguno de esos, que ves todo los días por los ventanales, leyese lo que escribes, creo que pesarían que tienes algo en contra de ciertas leyes. Pero claro que no, ¿verdad?.
- Claro que no. Simplemente seria capaz de cambiar algunas cosas. Y no seria una perdida de tiempo ni de nada, si es para las futuras generaciones. Oh, y por cierto, no sabes lo idiota que fue la niña esa del seguro el día de hoy, creo que voy a solicitar su despido... ha hablado de mi muerte como si fuese algo...
- ¿Genial? ¡Pero claro! ¿has visto todo lo que nos brinda el seguro?... puedo morir en paz con todo lo que le ofrecen a mi familia. Y tan solo han pedido un cuarto de lo que aquí cobramos, de lo cual, la mitad es para una donación al Señor...
- ¿Vaughner?. Si, todo va y viene, y luego va.
- No se de que hablas, pero déjame decirte que esa canasta que nos ofrecieron me tienta mucho. ¡Quizas hasta me haga pasar por muerto para conseguirla! - concluye el individuo, riendo a carcajadas.
- Tu hijo lo disfrutará mucho, mientras a ti te comen los gusanos.
- Quizás, pero, ¿no es eso acaso lo que nos depara a todos?. ¡Todos vamos a morir, y si va a ser pronto, quisiera irme con una de esas cosas que venden ahí abajo!. A veces me pregunto quien es el escritor, quien es el pensante, mi querido amigo...- Acto seguido, golpea la mesa de vidrio y riendo aun, sale de la habitación felizmente aferrado a su cuadernillo, ojeando las noticias y los informes que aquel aparato largaba.
Lo último que se escucha en la habitación, es tan aterrador como tentador para Marcos Gutierrez, un mediocre punto de una constante y eterna linea productiva...
- "... doce y cuarenta y cinco horas, veintitrés segundos, nueve de julio del año con mayor producción y cantidad de recursos usados y perdidos, hasta el momento, en nuestra Metropoli!"...