miércoles, 11 de julio de 2018

Querida vida:
Creo que nunca entendí como es eso de amar. Es como un compañerismo, el dar apoyo en todo lo que el otro haga, o es mas bien el ser sincero consigo mismo y reflejar esa descontrolada posesión sobre la otra persona. ¿Hay un amor para cada uno, o cada uno es un tipo de amor? ¿Es amor la palabra correcta, o es una lujuria y un deseo irrefrenable de tener sexo con alguien? ¿Entonces cuando no hay sexo hay amor, o el amor está en el sexo también? ¿Entonces amo a todos con los que vaya a tener sexo?.
¿Cuando empieza el amor? Si no empieza cuando quiero, entonces es involuntario, entonces es rebelde, entonces no puedo controlarlo. Tampoco puedo controlar cuando termina, entonces es doloroso, es una carga, es algo que llevar a cuestas aunque uno ya no lo quiera, luego ya no es bello. Entonces el amor no es bello, al menos no lo es siempre, sólo cuando es correspondido. ¿Y cómo deja de ser correspondido, siendo tan bello? Quizás porque algo mas bello llega, quizás sea la belleza de un nuevo amor. O quizás invada de un momento a otro, la belleza de la soledad.
Sonrío. Oh la soledad, esa a la que tanto nos negamos pensando que es símbolo de que nadie nos aprecia lo suficiente, de que nadie aprecia nuestros ojos o nuestra personalidad. ¿Alguien se ha dado cuenta de lo bello del instante, en un momento de absoluta soledad y silencio? Las personas le temen tanto a la soledad, que huyen despavoridos de sus beneficios. Creo que a lo que le temen es a la permanencia de la soledad, como si experimentarla por un instante fuese determinante para el resto de su vida.
Mientras disfruto del aroma de este café, pienso en lo poco que se aprecia la falta de compañía. Pienso que cuando se ama, también se quiere estar sólo, pero cuando se está sólo se quiere ser amado para nunca estar sólo. Es una relación histérica, una relación casual, la que se tiene con la soledad, es una relación cruel que se abandona y retoma una y otra vez. Es una relación sin amor, ¿Pero amor hacia quien? ¿Hacia la soledad misma, hacia el instante? ¿O será falta de amor hacia uno mismo? Entonces ya no es sólo miedo a la permanencia de la soledad, ahora es terror hacia la permanencia con uno mismo.
Me re-acomodo en la silla, en un intento por razonar mejor. ¿Por qué nos tenemos miedo a nosotros mismos? porque no nos queremos lo suficiente, tal vez. Y tal vez sea por ello que buscamos en los demás, a alguien tan distinto y distante de nosotros, a un contrincante. Entonces buscamos a alguien con quien enfrentar la vida y que a su vez se enfrente a nosotros, en una constante búsqueda de cambiarnos a nosotros mismos. ¿Y por que no cambiamos nuestra persona por si solos? Creo que a ello no puedo responder, mas que volviendo sobre mis pasos: No podemos cambiarnos si nos tenemos miedo.
Miro por la ventana a los árboles morir. Pienso que siempre le tuve miedo al fracaso. Pienso que eso también es tenerme miedo a mi misma, a fracasar en la soledad de mi interior. Pienso que no le temo al reclamo ajeno, sino al que me hago a mi misma, a decepcionarme. Entonces quizás temo quedarme sola y pensar, pensar en todo aquello en lo que he fracasado y todas las posibilidades que voy a perderme aún. Si, lamentablemente no puedo evitar el imaginar a futuro. Si debo imaginarme las cosas buenas, tengo la responsabilidad de imaginar las cosas malas que vendrán por detrás, y los intentos, frustraciones de cambiarme y cambiarnos.
Mi mano se ha quedado suspendida sosteniendo la taza de café. El aroma me invade, y lo entiendo. Entiendo que el amor es frustración, y que vos sos la que me pide a gritos que fracase, que te transite en compañía y en soledad, que ambos son estados de tu propia existencia y que no se pueden evitar. Entiendo que para cambiarme, necesito tus golpes y tus sacudidas constantes, el dolor y la belleza del amor y la soledad.
Pero me detengo, detengo el tiempo y pido a los pájaros que dejen de cantar y a las últimas hojas otoñales que dejen de caer y se aferren un poco más. Un instante más, de silencio, de pensar, de quietud. Vuelvo sobre mis palabras y me repito "Miedo a la permanencia de la soledad y terror hacia la permanencia con uno mismo". Temor a la permanencia, en fin, al estancamiento; amor por el movimiento.
Y entonces, cerrando de a poco mis ojos, entiendo el verdadero amor. El amor que me hace transitarte y que me mueve por las oscuras habitaciones del dolor y la felicidad. Entiendo que no sos vos, soy yo. Que busco constantemente sufrir y amar, huir como un perro sin confianza y volver a tu mano, que me ofrece mas y mas movimiento, mas y mas caminos escurridizos, mas y mas piedrazos y accidentes. Entiendo que amo el camino que me lleva de la belleza del amor, hacia el sufrimiento de pensar en otro amor, distinto y desconocido, terrorifico, que puede ser el de la soledad o el del cambio.
Y por fin entiendo que te amo, vida, porque me pedis cambiar, me pedis sufrir, me pedis amar en distintos momentos y distintos modos, a distintas personas. Amar al sacudón mismo que es vivir.