Estaba pensando en tu mirada. No vi cuando cruzaba la calle porque sólo veia tus ojos, esos que nunca vi de cerca pero que siento encima de mi a cada pasito. Estaba pensando en tu voz, esa que sólo escuché de lejos y que no era para mi. No vi cuando cruzaba si era rojo o azul, porque para mi cruzaba el puente que nos separa. Con la imaginación, claro, ese puente es realmente dificil de cruzar. Olvidarme del sendero que dejo atrás y avanzar hacia vos, hacia tus ojos, hacia tus mágicas manos. No vi cuando cruzaba, porque mis piecitos, medio torcidos como siempre, se movían solos impulsados por la imagen, por las sensaciones de pensarte cerca, de imaginarme tus palabras. Yo me movía hacia vos, que estabas inmóvil esperandome, o simplemente esperando a alguien que no te lastime ni te decepcione, alguien que te quiera hoy y siempre, como sos y como fuiste.
No vi cuando cruzaba pero nada pasó. Alguien me gritó pero que me importaba, si del otro lado estabas vos, esperando a quien sabe que, tal vez a vos mismo. La calle era sólo un abismo entre tu imagen y la mia, uno que no me importaba saltar ni del que me importaba colgarme y llegar al otro lado sin fuerzas. Pensar que me esperabas era alentador, pero pensar que puedo cubrir un hueco en tu alma es tambien tentador.
Escuché por ahi que no todos puede cubrir pedacitos de tu alma, que sos exigente y que no dejas entrar a nadie sin cita previa. Escuché tus palabras, que te enamorás y sufris, que te colgás de otro abismo pero no te ayudan a escalar, que te dejan atrás y caes, una y otra vez. Pero ahi estabas. Crucé la calle sin esperar que me ayudaras a escalar, di un salto hacia tu alma esperando encajar en ese pequeño gran hueco que tanta vida te dejó.
Crucé la calle y no me extendiste la mano, pero me viste saltar. Y casi que vi una sonrisa dibujandose y diciendome "no te esperaba pero acá estas". ¿O eso quería ver? Crucé la calle sin saber que es lo que cruzaba, sin construir un puente real, lanzandome a vos, esperando cubrir lo que te faltaba. Salté esperando ver tus ojos brillar, oir tu voz una vez mas, verte sonreir pero no por encontrarme a mi, sino por encontrarte saliendo de ese abismo, a vos mismo.
martes, 9 de abril de 2019
miércoles, 20 de febrero de 2019
Nunca me gustó caminar por los bosques y colinas. La inseguridad de no saber hacia donde voy, de perder el rumbo y enloquecer, de ilusionarme con una luz y descubrir que era un frágil reflejo del sol; no era satisfactorio ni siquiera pensarlo. Pero un día la vi y todo dió un vuelco, me movió la estructura por completo. La vi, y no la vi, ustedes me entienden... ¿Cómo puedo ver o sentir la perfección si no soy yo misma perfección? El eterno planteo de Dios y su creación. Y es que ella no era perfecta, pero sus incontables imperfecciones, la hacían ideal a mis ojos. No quiero caer en la insoportable redundancia de intentar describirla como lo que se ve a simple vista. Tampoco quiero ceder a las presiones metafóricas de la poesía y el sinsentido de abundantes palabras que no llevan a ningún lado. Es la contemplación la madre y la abuela de la poesía barata, eso lo sé... pero claro, no es la contemplación siempre posible.
La llamaré "Dama de los aros azules", porque ha sido lo primero que vi cuando intenté verla. Intentar no es lograr, por supuesto. Y es que es tan vano el intento de ver lo resplandeciente como lo es el intento de ver la oscuridad. Primero uno intenta enfocar sin éxito alguno, y luego se rinde al sentir, al oído y al espíritu.
Ella lo era todo en ese bosque, era el sol escondiéndose y la luna aclamando por tomar el lugar que siempre le correspondió. Era el naranja allí, el verde allá, la muerte a la izquierda y el ruido de las hojas en el suelo. Era la tristeza y la desesperación de no saber salir y de no saber hacia donde caminar... ella era todo lo que siento estando en soledad, y sin embargo allí estaba, como si se hubiese separado de mi, de mi cuerpo inerte y sin vida. Uno esperaría que yo diga que habiendome separado de mi miedo, quedaba en mi la valentía de seguir adelante... pero no. Para sentir el impulso uno necesita primero atravesar esa desesperación, atacarla en un momento de furia e increparla con decisión. Pero, ¿puedo acaso arremeter contra ella, toda oscura, toda luz, toda miedo? Acurrucada de perfil a mi, a mitad del claro ya agonizante estaba, y parecía estar esperando que un animal pequeño se acercara para extender su mano hacia él. No estaba vestida de blanco como cualquier espíritu del bosque, no tenía un cuerpo atractivo, no era mas que una brisa revoleando su pelo y sus aros azules celestes dejándose ver.
Una alicaída mirada apenas se veía, una mirada dolorosa y perdida en sí misma. Pude leer, en esa fracción de segundo en que su cabello se separó de su rostro con el viento en contra, pude leer lo que soy y lo que fui, lo que ella era y por que estaba ahi... siendo mi espejo y mi pesadez. Pude leer que estaba perdida, que necesitaba algo, seguridad. Lloré mirandola y pensando en su frustración, pensando en lo mal que lo pasaba, en su inseguridad de no saber hacia donde caminar... para todos lados el mismo árbol, para todos lados los mismos tropiezos y marcas de personas que alguna vez se perdieron y murieron allí. Entendí en su mirada sus fracasos y sus ilusiones perdidas, vi sus instantes de angustia, sus enamoramientos consumidos en la nada. Lloré su confusión encontrando en ella la mía, lagrimeé mas cuando vi que estaba herida en todos los sentidos posibles de la palabra. Grité al ver en sus ojos las veces que había pensado en dejar la vida tal como la vivía, en dejar de esperar algo de los demás, en dejar de esperar algo de sí misma. Sollozamos juntos, aunque ella no se inmutaba yo lo sentía, sentía que no estaba ahi pero que estaba perdida por siempre.
Hay momentos simples en la vida, en donde todo se hace menos brillante y empieza a enfocarse. Son instantes cortos, que uno debe cazar como caza bichos de pequeño para hacer experimentos. Crueles pero inagotables, llegan cuando quieren y se van cuando uno los toma, como esos sueños hermosos de los que uno despierta llorando, para terminar dándose cuenta de que ya no sabe por que llora. Y este momento sucedió allí, con ella acurrucada y yo sollozando sin consuelo, percatandome de que ella no estaba perdida, sino que había perdido algo, y que ese algo no volvería porque allí estaba, perdido como ella y sollozando por encontrarla y no tenerla.
Hoy soñé que me derrumbaba y que intentaba volar para no morir, sin éxito. Y toda la estructura de mi vida se derrumbaba conmigo, como ahora me derrumbé yo, aún en el umbral entre sueños y realidades, encontrandome a mi misma acurrucada en el bosque.
La llamaré "Dama de los aros azules", porque ha sido lo primero que vi cuando intenté verla. Intentar no es lograr, por supuesto. Y es que es tan vano el intento de ver lo resplandeciente como lo es el intento de ver la oscuridad. Primero uno intenta enfocar sin éxito alguno, y luego se rinde al sentir, al oído y al espíritu.
Ella lo era todo en ese bosque, era el sol escondiéndose y la luna aclamando por tomar el lugar que siempre le correspondió. Era el naranja allí, el verde allá, la muerte a la izquierda y el ruido de las hojas en el suelo. Era la tristeza y la desesperación de no saber salir y de no saber hacia donde caminar... ella era todo lo que siento estando en soledad, y sin embargo allí estaba, como si se hubiese separado de mi, de mi cuerpo inerte y sin vida. Uno esperaría que yo diga que habiendome separado de mi miedo, quedaba en mi la valentía de seguir adelante... pero no. Para sentir el impulso uno necesita primero atravesar esa desesperación, atacarla en un momento de furia e increparla con decisión. Pero, ¿puedo acaso arremeter contra ella, toda oscura, toda luz, toda miedo? Acurrucada de perfil a mi, a mitad del claro ya agonizante estaba, y parecía estar esperando que un animal pequeño se acercara para extender su mano hacia él. No estaba vestida de blanco como cualquier espíritu del bosque, no tenía un cuerpo atractivo, no era mas que una brisa revoleando su pelo y sus aros azules celestes dejándose ver.
Una alicaída mirada apenas se veía, una mirada dolorosa y perdida en sí misma. Pude leer, en esa fracción de segundo en que su cabello se separó de su rostro con el viento en contra, pude leer lo que soy y lo que fui, lo que ella era y por que estaba ahi... siendo mi espejo y mi pesadez. Pude leer que estaba perdida, que necesitaba algo, seguridad. Lloré mirandola y pensando en su frustración, pensando en lo mal que lo pasaba, en su inseguridad de no saber hacia donde caminar... para todos lados el mismo árbol, para todos lados los mismos tropiezos y marcas de personas que alguna vez se perdieron y murieron allí. Entendí en su mirada sus fracasos y sus ilusiones perdidas, vi sus instantes de angustia, sus enamoramientos consumidos en la nada. Lloré su confusión encontrando en ella la mía, lagrimeé mas cuando vi que estaba herida en todos los sentidos posibles de la palabra. Grité al ver en sus ojos las veces que había pensado en dejar la vida tal como la vivía, en dejar de esperar algo de los demás, en dejar de esperar algo de sí misma. Sollozamos juntos, aunque ella no se inmutaba yo lo sentía, sentía que no estaba ahi pero que estaba perdida por siempre.
Hay momentos simples en la vida, en donde todo se hace menos brillante y empieza a enfocarse. Son instantes cortos, que uno debe cazar como caza bichos de pequeño para hacer experimentos. Crueles pero inagotables, llegan cuando quieren y se van cuando uno los toma, como esos sueños hermosos de los que uno despierta llorando, para terminar dándose cuenta de que ya no sabe por que llora. Y este momento sucedió allí, con ella acurrucada y yo sollozando sin consuelo, percatandome de que ella no estaba perdida, sino que había perdido algo, y que ese algo no volvería porque allí estaba, perdido como ella y sollozando por encontrarla y no tenerla.
Hoy soñé que me derrumbaba y que intentaba volar para no morir, sin éxito. Y toda la estructura de mi vida se derrumbaba conmigo, como ahora me derrumbé yo, aún en el umbral entre sueños y realidades, encontrandome a mi misma acurrucada en el bosque.
viernes, 25 de enero de 2019
Esto está mal, esto está bien.
Eso no va ahí.
No te arriesgás.
Si no haces esto no te divertís.
No podes entender, no mas que yo, no mas que aquel.
Así no es. Así no va.
Así nadie te va a mirar.
Si no venís no me querés. Si no me querés no podes venir.
Eso tiene mucho azúcar para vos.
Hacete un chequeo.
Visitá a tus parientes.
Maquillate un poquito mas.
Estas durmiendo poco. Estas durmiendo mucho.
Si te gusta eso no esperes tener sexo.
Si te gusta ese no esperes ser feliz.
¿Vas a estudiar eso mucho tiempo? Estudiá lo que te dé dinero.
A vos te gustan las computadoras nena.
Las computadoras te dejan buena plata.
No te quedes siempre en tu casa.
No salgas a todos lados. No salgas a esta hora.
Tenés que vivir un poco más.
Tenés que cuidarte un poco más.
Tenés que cuidarme un poco más.
Mirá si me muero mañana.
No me respondas así.
No me veas así.
No entiendo como tenes amigos.
No le des de comer eso al gato.
Ya no me invitas a tomar mate.
Estas tomando demasiado mate.
Comes un poco mas de lo que necesita tu cuerpo.
Como pensás que te van a ver en la calle.
Te gritan cosas porque no te cuidás.
Cuidate la figura, hacé ejercicio.
Viste que en la televisión dijeron que comer tierra adelgaza.
No cocines cosas fritas.
Sé humilde.
Poné los platos nuevos en la mesa.
Vestite mejor que es Navidad.
A ver si te buscas un trabajo para el próximo año.
Aunque sea hacete pan dulces para vender.
No permitas que José levante los platos.
¿No ves que están hablando de fútbol?
Ofreceles un cafecito.
Mirame cuando te hablo.
Siempre haciendo miraditas de desprecio vos.
No me gusta tu sarcasmo.
A mi respetame.
A mi hablame.
Los atiendo tanto que no tengo vida.
Te tengo que andar diciendo todo.
Podrías saber que regalarme de una vez.
Como puede ser Lucy.
Como puede ser.
No tenes vergüenza.
Me ofendo porque no reaccionás.
No vivís en la realidad.
En la televisión escuché que los chicos de ahora están cegados por el internet ese.
Llamá a la abuela por su cumpleaños.
Si no jugás sos aburrida.
Estan los nenes de Carlos.
Vos que sos mayor jugá con ellos.
Tomasito te quiere.
Dá el ejemplo.
Sentate en la mesa, desubicada.
Para dormir tenes los 365 días del año.
Como si no durmieras suficiente ya.
Dejá de mirar la pantallita.
Dejá de escribir.
Como puede ser.
Siento que no vivo mi vida.
Todo por esta gente que no me considera.
No me dejan hacer lo que quiero.
Andá a lavar los platos.
Que mañana tenes que levantarte temprano.
A comprarle las facturas a tu padrino.
Sabés que le gustan los domingos.
El diario Lucy, el diario.
Necesitás un golpe de realidad.
Despabilate.
Despertate.
Viví de una vez.
Eso no va ahí.
No te arriesgás.
Si no haces esto no te divertís.
No podes entender, no mas que yo, no mas que aquel.
Así no es. Así no va.
Así nadie te va a mirar.
Si no venís no me querés. Si no me querés no podes venir.
Eso tiene mucho azúcar para vos.
Hacete un chequeo.
Visitá a tus parientes.
Maquillate un poquito mas.
Estas durmiendo poco. Estas durmiendo mucho.
Si te gusta eso no esperes tener sexo.
Si te gusta ese no esperes ser feliz.
¿Vas a estudiar eso mucho tiempo? Estudiá lo que te dé dinero.
A vos te gustan las computadoras nena.
Las computadoras te dejan buena plata.
No te quedes siempre en tu casa.
No salgas a todos lados. No salgas a esta hora.
Tenés que vivir un poco más.
Tenés que cuidarte un poco más.
Tenés que cuidarme un poco más.
Mirá si me muero mañana.
No me respondas así.
No me veas así.
No entiendo como tenes amigos.
No le des de comer eso al gato.
Ya no me invitas a tomar mate.
Estas tomando demasiado mate.
Comes un poco mas de lo que necesita tu cuerpo.
Como pensás que te van a ver en la calle.
Te gritan cosas porque no te cuidás.
Cuidate la figura, hacé ejercicio.
Viste que en la televisión dijeron que comer tierra adelgaza.
No cocines cosas fritas.
Sé humilde.
Poné los platos nuevos en la mesa.
Vestite mejor que es Navidad.
A ver si te buscas un trabajo para el próximo año.
Aunque sea hacete pan dulces para vender.
No permitas que José levante los platos.
¿No ves que están hablando de fútbol?
Ofreceles un cafecito.
Mirame cuando te hablo.
Siempre haciendo miraditas de desprecio vos.
No me gusta tu sarcasmo.
A mi respetame.
A mi hablame.
Los atiendo tanto que no tengo vida.
Te tengo que andar diciendo todo.
Podrías saber que regalarme de una vez.
Como puede ser Lucy.
Como puede ser.
No tenes vergüenza.
Me ofendo porque no reaccionás.
No vivís en la realidad.
En la televisión escuché que los chicos de ahora están cegados por el internet ese.
Llamá a la abuela por su cumpleaños.
Si no jugás sos aburrida.
Estan los nenes de Carlos.
Vos que sos mayor jugá con ellos.
Tomasito te quiere.
Dá el ejemplo.
Sentate en la mesa, desubicada.
Para dormir tenes los 365 días del año.
Como si no durmieras suficiente ya.
Dejá de mirar la pantallita.
Dejá de escribir.
Como puede ser.
Siento que no vivo mi vida.
Todo por esta gente que no me considera.
No me dejan hacer lo que quiero.
Andá a lavar los platos.
Que mañana tenes que levantarte temprano.
A comprarle las facturas a tu padrino.
Sabés que le gustan los domingos.
El diario Lucy, el diario.
Necesitás un golpe de realidad.
Despabilate.
Despertate.
Viví de una vez.
sábado, 15 de septiembre de 2018
Cuando pienso en mi vida, veo una flecha. No me ha pasado siempre, sino desde hace poco. No es cualquier flecha, es una flecha que no parece apuntar hacia adelante o hacia atrás, una flecha pseudo irregular que apunta hacia abajo; entonces yo digo que no tiene rumbo.
¿Y cómo es esta flecha? es una flecha que parece querer comenzar a hacer un círculo, empezando desde arriba. Llegando abajo y a un centímetro de haber pasado la mitad del círculo, decide comenzar a torcerse hacia abajo, como si quisiera empezar a dibujar una elipse, pero avivandose tarde de ello.
No sé porque la flecha de mi vida es asi. No sé porque es una flecha. He supuesto mil cosas arquetípicas: flecha como indicación normal de camino, flecha como transcurso hacia adelante, flecha que se queda a la mitad como indicador de traba, flecha irregular como cambio repentino, flecha hacia abajo como hundimiento. Nada me satisface. Es una flecha que me incomoda, que me es desconocida, que no identifico como parte de mi. Pero no puedo no verla cuando pienso en mi vida.
También he pensado en la flecha creando el círculo, en cuestión a aquel concepto que una vez en un colectivo me contaron, sobre el eterno retorno. Si la flecha quiere hacer un círculo, quizás al final vuelve a comenzar en donde empezó, y mi vida se reinicia. Entonces si voy a reiniciar, no quisiera que todo sea igual... pero ¿que puedo hacer si la flecha que reinicia el transcurso, es la misma que antes lo terminó? Todo va a ser igual, todo va a reiniciar, y todo lo que hago se reproduce una y otra vez, en este o en otro universo, en este o en otro cuerpo. A menos claro, que no deje que el círculo termine.
¿Será por ello, que mi flecha se desvía? ¿Que soy yo, la flecha o el transcurso? ¿O soy un protagonista omnisciente? ¿Soy un espectador viendo como la flecha recorre el transcurso por si sola? ¿Y si es así, quien tuerce su camino? Si el camino es predeterminado, no debería poder torcerlo. Entonces yo controlo su camino, entonces o soy la flecha o soy como un dios, un dios que crea movimiento, que juega a cambiar los rumbos. ¿No son todos los dioses asi, jugadores incansables de ruleta, divirtiendose mientras nosotros nos desesperamos por enderezar el círculo? ¿Y para qué, para qué enderezar el círculo, si todo va a ser igual que antes?
Dios se divierte y yo me arrastro, porque su diversión es mi desdicha. Y sin embargo, cuando Dios en su embriaguez y su hartazgo, decide tirar los dados y cambiar el rumbo de mi flecha, me está haciendo un favor. Está diciendo tal vez, que no debería volver a empezar si voy a cometer los mismos actos, o que volver a vivir lo mismo no sería demasiado entretenido. Para él, claro, porque yo vuelvo a vivir lo mismo sin penas ni culpas, sin conciencia de lo aprendido. ¿Entonces sirve de algo repetir todo?
Dios lanza sus dados, mueve las fichas, escribe una nueva jugada, se rie de que yo escriba esto y de mi desesperación por no entender por que mi vida es una flecha, porque yo soy una flecha, porque la flecha me indica el camino, lo que sea. Su nueva jugada podría ir hacia atrás y decirme "ey, te estoy dando la oportunidad de enderezar el camino". Pero sin embargo, yo tambien juego aqui; sin trucos y sin azar yo decido que mi flecha vaya hacia abajo, porque "ey, si voy a empezar de vuelta, no voy a terminar este círculo ridículo e ineficiente, voy a crear el círculo sin los dados de Dios".
¿Y cómo es esta flecha? es una flecha que parece querer comenzar a hacer un círculo, empezando desde arriba. Llegando abajo y a un centímetro de haber pasado la mitad del círculo, decide comenzar a torcerse hacia abajo, como si quisiera empezar a dibujar una elipse, pero avivandose tarde de ello.
No sé porque la flecha de mi vida es asi. No sé porque es una flecha. He supuesto mil cosas arquetípicas: flecha como indicación normal de camino, flecha como transcurso hacia adelante, flecha que se queda a la mitad como indicador de traba, flecha irregular como cambio repentino, flecha hacia abajo como hundimiento. Nada me satisface. Es una flecha que me incomoda, que me es desconocida, que no identifico como parte de mi. Pero no puedo no verla cuando pienso en mi vida.
También he pensado en la flecha creando el círculo, en cuestión a aquel concepto que una vez en un colectivo me contaron, sobre el eterno retorno. Si la flecha quiere hacer un círculo, quizás al final vuelve a comenzar en donde empezó, y mi vida se reinicia. Entonces si voy a reiniciar, no quisiera que todo sea igual... pero ¿que puedo hacer si la flecha que reinicia el transcurso, es la misma que antes lo terminó? Todo va a ser igual, todo va a reiniciar, y todo lo que hago se reproduce una y otra vez, en este o en otro universo, en este o en otro cuerpo. A menos claro, que no deje que el círculo termine.
¿Será por ello, que mi flecha se desvía? ¿Que soy yo, la flecha o el transcurso? ¿O soy un protagonista omnisciente? ¿Soy un espectador viendo como la flecha recorre el transcurso por si sola? ¿Y si es así, quien tuerce su camino? Si el camino es predeterminado, no debería poder torcerlo. Entonces yo controlo su camino, entonces o soy la flecha o soy como un dios, un dios que crea movimiento, que juega a cambiar los rumbos. ¿No son todos los dioses asi, jugadores incansables de ruleta, divirtiendose mientras nosotros nos desesperamos por enderezar el círculo? ¿Y para qué, para qué enderezar el círculo, si todo va a ser igual que antes?
Dios se divierte y yo me arrastro, porque su diversión es mi desdicha. Y sin embargo, cuando Dios en su embriaguez y su hartazgo, decide tirar los dados y cambiar el rumbo de mi flecha, me está haciendo un favor. Está diciendo tal vez, que no debería volver a empezar si voy a cometer los mismos actos, o que volver a vivir lo mismo no sería demasiado entretenido. Para él, claro, porque yo vuelvo a vivir lo mismo sin penas ni culpas, sin conciencia de lo aprendido. ¿Entonces sirve de algo repetir todo?
Dios lanza sus dados, mueve las fichas, escribe una nueva jugada, se rie de que yo escriba esto y de mi desesperación por no entender por que mi vida es una flecha, porque yo soy una flecha, porque la flecha me indica el camino, lo que sea. Su nueva jugada podría ir hacia atrás y decirme "ey, te estoy dando la oportunidad de enderezar el camino". Pero sin embargo, yo tambien juego aqui; sin trucos y sin azar yo decido que mi flecha vaya hacia abajo, porque "ey, si voy a empezar de vuelta, no voy a terminar este círculo ridículo e ineficiente, voy a crear el círculo sin los dados de Dios".
miércoles, 11 de julio de 2018
Querida vida:
Creo que nunca entendí como es eso de amar. Es como un compañerismo, el dar apoyo en todo lo que el otro haga, o es mas bien el ser sincero consigo mismo y reflejar esa descontrolada posesión sobre la otra persona. ¿Hay un amor para cada uno, o cada uno es un tipo de amor? ¿Es amor la palabra correcta, o es una lujuria y un deseo irrefrenable de tener sexo con alguien? ¿Entonces cuando no hay sexo hay amor, o el amor está en el sexo también? ¿Entonces amo a todos con los que vaya a tener sexo?.
¿Cuando empieza el amor? Si no empieza cuando quiero, entonces es involuntario, entonces es rebelde, entonces no puedo controlarlo. Tampoco puedo controlar cuando termina, entonces es doloroso, es una carga, es algo que llevar a cuestas aunque uno ya no lo quiera, luego ya no es bello. Entonces el amor no es bello, al menos no lo es siempre, sólo cuando es correspondido. ¿Y cómo deja de ser correspondido, siendo tan bello? Quizás porque algo mas bello llega, quizás sea la belleza de un nuevo amor. O quizás invada de un momento a otro, la belleza de la soledad.
Sonrío. Oh la soledad, esa a la que tanto nos negamos pensando que es símbolo de que nadie nos aprecia lo suficiente, de que nadie aprecia nuestros ojos o nuestra personalidad. ¿Alguien se ha dado cuenta de lo bello del instante, en un momento de absoluta soledad y silencio? Las personas le temen tanto a la soledad, que huyen despavoridos de sus beneficios. Creo que a lo que le temen es a la permanencia de la soledad, como si experimentarla por un instante fuese determinante para el resto de su vida.
Mientras disfruto del aroma de este café, pienso en lo poco que se aprecia la falta de compañía. Pienso que cuando se ama, también se quiere estar sólo, pero cuando se está sólo se quiere ser amado para nunca estar sólo. Es una relación histérica, una relación casual, la que se tiene con la soledad, es una relación cruel que se abandona y retoma una y otra vez. Es una relación sin amor, ¿Pero amor hacia quien? ¿Hacia la soledad misma, hacia el instante? ¿O será falta de amor hacia uno mismo? Entonces ya no es sólo miedo a la permanencia de la soledad, ahora es terror hacia la permanencia con uno mismo.
Me re-acomodo en la silla, en un intento por razonar mejor. ¿Por qué nos tenemos miedo a nosotros mismos? porque no nos queremos lo suficiente, tal vez. Y tal vez sea por ello que buscamos en los demás, a alguien tan distinto y distante de nosotros, a un contrincante. Entonces buscamos a alguien con quien enfrentar la vida y que a su vez se enfrente a nosotros, en una constante búsqueda de cambiarnos a nosotros mismos. ¿Y por que no cambiamos nuestra persona por si solos? Creo que a ello no puedo responder, mas que volviendo sobre mis pasos: No podemos cambiarnos si nos tenemos miedo.
Miro por la ventana a los árboles morir. Pienso que siempre le tuve miedo al fracaso. Pienso que eso también es tenerme miedo a mi misma, a fracasar en la soledad de mi interior. Pienso que no le temo al reclamo ajeno, sino al que me hago a mi misma, a decepcionarme. Entonces quizás temo quedarme sola y pensar, pensar en todo aquello en lo que he fracasado y todas las posibilidades que voy a perderme aún. Si, lamentablemente no puedo evitar el imaginar a futuro. Si debo imaginarme las cosas buenas, tengo la responsabilidad de imaginar las cosas malas que vendrán por detrás, y los intentos, frustraciones de cambiarme y cambiarnos.
Mi mano se ha quedado suspendida sosteniendo la taza de café. El aroma me invade, y lo entiendo. Entiendo que el amor es frustración, y que vos sos la que me pide a gritos que fracase, que te transite en compañía y en soledad, que ambos son estados de tu propia existencia y que no se pueden evitar. Entiendo que para cambiarme, necesito tus golpes y tus sacudidas constantes, el dolor y la belleza del amor y la soledad.
Pero me detengo, detengo el tiempo y pido a los pájaros que dejen de cantar y a las últimas hojas otoñales que dejen de caer y se aferren un poco más. Un instante más, de silencio, de pensar, de quietud. Vuelvo sobre mis palabras y me repito "Miedo a la permanencia de la soledad y terror hacia la permanencia con uno mismo". Temor a la permanencia, en fin, al estancamiento; amor por el movimiento.
Y entonces, cerrando de a poco mis ojos, entiendo el verdadero amor. El amor que me hace transitarte y que me mueve por las oscuras habitaciones del dolor y la felicidad. Entiendo que no sos vos, soy yo. Que busco constantemente sufrir y amar, huir como un perro sin confianza y volver a tu mano, que me ofrece mas y mas movimiento, mas y mas caminos escurridizos, mas y mas piedrazos y accidentes. Entiendo que amo el camino que me lleva de la belleza del amor, hacia el sufrimiento de pensar en otro amor, distinto y desconocido, terrorifico, que puede ser el de la soledad o el del cambio.
Y por fin entiendo que te amo, vida, porque me pedis cambiar, me pedis sufrir, me pedis amar en distintos momentos y distintos modos, a distintas personas. Amar al sacudón mismo que es vivir.
Creo que nunca entendí como es eso de amar. Es como un compañerismo, el dar apoyo en todo lo que el otro haga, o es mas bien el ser sincero consigo mismo y reflejar esa descontrolada posesión sobre la otra persona. ¿Hay un amor para cada uno, o cada uno es un tipo de amor? ¿Es amor la palabra correcta, o es una lujuria y un deseo irrefrenable de tener sexo con alguien? ¿Entonces cuando no hay sexo hay amor, o el amor está en el sexo también? ¿Entonces amo a todos con los que vaya a tener sexo?.
¿Cuando empieza el amor? Si no empieza cuando quiero, entonces es involuntario, entonces es rebelde, entonces no puedo controlarlo. Tampoco puedo controlar cuando termina, entonces es doloroso, es una carga, es algo que llevar a cuestas aunque uno ya no lo quiera, luego ya no es bello. Entonces el amor no es bello, al menos no lo es siempre, sólo cuando es correspondido. ¿Y cómo deja de ser correspondido, siendo tan bello? Quizás porque algo mas bello llega, quizás sea la belleza de un nuevo amor. O quizás invada de un momento a otro, la belleza de la soledad.
Sonrío. Oh la soledad, esa a la que tanto nos negamos pensando que es símbolo de que nadie nos aprecia lo suficiente, de que nadie aprecia nuestros ojos o nuestra personalidad. ¿Alguien se ha dado cuenta de lo bello del instante, en un momento de absoluta soledad y silencio? Las personas le temen tanto a la soledad, que huyen despavoridos de sus beneficios. Creo que a lo que le temen es a la permanencia de la soledad, como si experimentarla por un instante fuese determinante para el resto de su vida.
Mientras disfruto del aroma de este café, pienso en lo poco que se aprecia la falta de compañía. Pienso que cuando se ama, también se quiere estar sólo, pero cuando se está sólo se quiere ser amado para nunca estar sólo. Es una relación histérica, una relación casual, la que se tiene con la soledad, es una relación cruel que se abandona y retoma una y otra vez. Es una relación sin amor, ¿Pero amor hacia quien? ¿Hacia la soledad misma, hacia el instante? ¿O será falta de amor hacia uno mismo? Entonces ya no es sólo miedo a la permanencia de la soledad, ahora es terror hacia la permanencia con uno mismo.
Me re-acomodo en la silla, en un intento por razonar mejor. ¿Por qué nos tenemos miedo a nosotros mismos? porque no nos queremos lo suficiente, tal vez. Y tal vez sea por ello que buscamos en los demás, a alguien tan distinto y distante de nosotros, a un contrincante. Entonces buscamos a alguien con quien enfrentar la vida y que a su vez se enfrente a nosotros, en una constante búsqueda de cambiarnos a nosotros mismos. ¿Y por que no cambiamos nuestra persona por si solos? Creo que a ello no puedo responder, mas que volviendo sobre mis pasos: No podemos cambiarnos si nos tenemos miedo.
Miro por la ventana a los árboles morir. Pienso que siempre le tuve miedo al fracaso. Pienso que eso también es tenerme miedo a mi misma, a fracasar en la soledad de mi interior. Pienso que no le temo al reclamo ajeno, sino al que me hago a mi misma, a decepcionarme. Entonces quizás temo quedarme sola y pensar, pensar en todo aquello en lo que he fracasado y todas las posibilidades que voy a perderme aún. Si, lamentablemente no puedo evitar el imaginar a futuro. Si debo imaginarme las cosas buenas, tengo la responsabilidad de imaginar las cosas malas que vendrán por detrás, y los intentos, frustraciones de cambiarme y cambiarnos.
Mi mano se ha quedado suspendida sosteniendo la taza de café. El aroma me invade, y lo entiendo. Entiendo que el amor es frustración, y que vos sos la que me pide a gritos que fracase, que te transite en compañía y en soledad, que ambos son estados de tu propia existencia y que no se pueden evitar. Entiendo que para cambiarme, necesito tus golpes y tus sacudidas constantes, el dolor y la belleza del amor y la soledad.
Pero me detengo, detengo el tiempo y pido a los pájaros que dejen de cantar y a las últimas hojas otoñales que dejen de caer y se aferren un poco más. Un instante más, de silencio, de pensar, de quietud. Vuelvo sobre mis palabras y me repito "Miedo a la permanencia de la soledad y terror hacia la permanencia con uno mismo". Temor a la permanencia, en fin, al estancamiento; amor por el movimiento.
Y entonces, cerrando de a poco mis ojos, entiendo el verdadero amor. El amor que me hace transitarte y que me mueve por las oscuras habitaciones del dolor y la felicidad. Entiendo que no sos vos, soy yo. Que busco constantemente sufrir y amar, huir como un perro sin confianza y volver a tu mano, que me ofrece mas y mas movimiento, mas y mas caminos escurridizos, mas y mas piedrazos y accidentes. Entiendo que amo el camino que me lleva de la belleza del amor, hacia el sufrimiento de pensar en otro amor, distinto y desconocido, terrorifico, que puede ser el de la soledad o el del cambio.
Y por fin entiendo que te amo, vida, porque me pedis cambiar, me pedis sufrir, me pedis amar en distintos momentos y distintos modos, a distintas personas. Amar al sacudón mismo que es vivir.
miércoles, 18 de abril de 2018
Reflejo
Hacia donde miro hay agujeros. Espacios entre momentos, espacios entre lo que fue y lo que es. Es casi como empezar a vivir esas alucinaciones que tenía de pequeña, tiempos en los que a veces me quedaba tan absorta en mis pensamientos, que comenzaba a "ver" como diría mi viejo y eterno amor. En esos momentos se abrían otros ojos en mi ser, cerrándose los que se dedican a mirar cotidianamente las miserias de la vida, pero sin cerrarse realmente. Entonces de un segundo a otro, las cuerdas empezaban a entrelazarse infinitamente, o en ocasiones los agujeros empezaban a emerger uno al lado del otro; algunos se hacían grandes, a veces formaban círculos concéntricos, a veces se alejaban y muchas otras veces se acercaban peligrosamente, grotescamente. Toda una escena repleta de agujeros que me amenazaban con envolverme, tragarme, y no soltarme jamás; una escena que se sucedía frente a mi, frente a todos, frente al mundo, pero a la que sólo yo parecía poder acceder.
Pero de alguna manera tenia que terminar esta fascinante e insoportable escena. Cuando los agujeros se acercaban, o cuando se juntaban y apretujaban llenando el recuadro de visión, yo entraba en desesperación, y eso me llevaba a enfocar mi vista habitual en algo, o a desviar mis pensamientos a otros asuntos. Lo amenazante de la escena era una puerta a la banalidad de siempre, a seguir en una vida vacía y sin sorpresas, sin riesgos, sin agujeros y sin cuerdas, sin el peligro de ser absorbida por una realidad que nadie ve.
¿Una realidad o un instante de locura? ¿Es la locura una falta de realidad? ¿Son esos agujeros auténticos, o sólo son la consecuencia de encontrarse perdido, lleno, o hacinado por la vida? ¿Y que es esto que ahora siento? Siento a esos agujeros encima, siento que me absorben porque nunca me animé a ellos, a sentirme cerca, porque siempre el temor me alejó. Y como todo lo que te sigue, algún día te toca, te siente, te encuentra.
A todos lados donde miro hay agujeros. Me alcanzaron, ahora los entiendo. O será que no, pero si entiendo por qué emergen. Las faltas, la decepción, los desmoronamientos, todo genera estos agujeros que hoy, son reales. Mi niñez fue una puerta al futuro que no supe abrir. Hoy soy banal, hoy no sé, hoy no veo. La puerta se abrió y ya no hay tiempo de entrar en desesperación, porque ahora es todo peligro, todo desgano, todo dolor.
No entendí en su momento, que no es posible escapar de lo inconmensurable del riesgo y de la inseguridad. Hoy lo vivo y lo trago, mientras él me consume a mi.
Tonta Lucy, ya no podes desenfocar, no hay forma de escapar de los agujeros.
Pero de alguna manera tenia que terminar esta fascinante e insoportable escena. Cuando los agujeros se acercaban, o cuando se juntaban y apretujaban llenando el recuadro de visión, yo entraba en desesperación, y eso me llevaba a enfocar mi vista habitual en algo, o a desviar mis pensamientos a otros asuntos. Lo amenazante de la escena era una puerta a la banalidad de siempre, a seguir en una vida vacía y sin sorpresas, sin riesgos, sin agujeros y sin cuerdas, sin el peligro de ser absorbida por una realidad que nadie ve.
¿Una realidad o un instante de locura? ¿Es la locura una falta de realidad? ¿Son esos agujeros auténticos, o sólo son la consecuencia de encontrarse perdido, lleno, o hacinado por la vida? ¿Y que es esto que ahora siento? Siento a esos agujeros encima, siento que me absorben porque nunca me animé a ellos, a sentirme cerca, porque siempre el temor me alejó. Y como todo lo que te sigue, algún día te toca, te siente, te encuentra.
A todos lados donde miro hay agujeros. Me alcanzaron, ahora los entiendo. O será que no, pero si entiendo por qué emergen. Las faltas, la decepción, los desmoronamientos, todo genera estos agujeros que hoy, son reales. Mi niñez fue una puerta al futuro que no supe abrir. Hoy soy banal, hoy no sé, hoy no veo. La puerta se abrió y ya no hay tiempo de entrar en desesperación, porque ahora es todo peligro, todo desgano, todo dolor.
No entendí en su momento, que no es posible escapar de lo inconmensurable del riesgo y de la inseguridad. Hoy lo vivo y lo trago, mientras él me consume a mi.
Tonta Lucy, ya no podes desenfocar, no hay forma de escapar de los agujeros.
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