martes, 9 de abril de 2024

;

La última vez que miré, había un candado. Uno de esos fuertes, que parecen de buena calidad o al menos confiables. Siempre dije que nadie ni nada podía romper ese candado, mientras me sentía orgullosa de él, tan duro y tan seguro, mostrándose al mundo como una fuerte coraza que no dejaba traspasar nunca de más.
Siempre lo justo y necesario, así me enseñaban, nunca dejes que metan la llave y den la vuelta completa con ella. A lo mejor se escapa algo, a lo mejor está todo tan apretujado dentro que si abrís un poco la puertita, ese todo sale expulsado hacia afuera y golpea. Porque si, todos sabemos que golpea duro, que cual puñetazo que no se ve venir por la espalda, el impacto es sólo el 10%. Después quedan las dolencias, después quedan las quejas, las suposiciones, los deseos de no haberle dejado la llave a nadie. Y lo más importante, el dolor de que no te avisen que van a girar la llave.

Ya no hay candado, y tal como había previsto, todo salió expulsado, escupiéndome a la cara y riéndose de yo tener tanta confianza en ese metal arruinado por el tiempo. 
En algún punto, en algún momento, la llave giró. Todavía la siento girar, una y otra vez, la veo y me imagino y supongo y pienso en por qué pasó, por qué no la detuve antes, por qué dejé la llave por ahí, por qué guardé todo en el mismo sitio.
La llave giró y el candado se rompió, y con él la posibilidad de poner otro. Porque explotó. Se rompió, se destrozó en el momento, en el instante en que no me di cuenta. Ahora la explosión, el humo, las llamas me ahogan.
Y ya no hay más dentro, nada más, nunca más.Y todavía nadie me explicó por qué se rompió.

sábado, 22 de julio de 2023

Un cero a la izquierda

La buena amiga

La divertida

Pero no tanto

La de mal carácter 

Quien arruina el momento

Compañera amable

Siempre presente

Pero invisible

La insensible

O demasiado sensible

La exagerada

La desmemoriada

La que se pierde

La que espera

Tal vez demasiado

Pero no le afecta

O si

Pero no lo expresa

La que llora

La dramática

La aburrida

La que busca ayudar

Pero lo rompe

Porque se mete

Se involucra

Demasiado

La que se expone

La que persiguen

Pero los malos

La que escribe

La que siente 

La que abandona

Sin esperanza

La que desaparece 

sábado, 1 de agosto de 2020

Canción

Rápido avanzaba alejándose de todo, de todos. Iba hacia algún lado, donde yo siempre veía el vacío. No tenía yo la agudeza de sus ojos, esos que no necesitaban explicaciones para nada, pues las encontraba en el camino. Y si así no era las inventaba, siempre acordes y siempre irrefutables, no porque fueran realidad sino porque se amoldaban y nos persuadían. De hecho en pocas ocasiones se daba que tenía razón en lo que decía, y aunque defendía su postura, así todo inflexible, creo que nunca llegué a pensar que la verdad estaba en sus palabras. Pero eso no fué nunca relevante, la verdad echada como un guante golpeandonos es aburrida y tosca. 
Entonces vi como avanzaba, decía, y sus largos pasos apresurados me daban risa. Un día aprendía una cosa a propia voluntad y un día se volcaba a esperar que la vida le enseñara algo; la vida si, pero nunca yo, que fui siempre aprendiz. Una excusa, le dicen. Aprendía y luego se lanzaba a caminar en busca de oportunidades, oportunidades que le desilusionaron una y otra vez, y que ya luego no se preocupaba por mantener. Pero otra vez caminaba como camina ahora, encontrando nuevos huecos donde introducirse en lo absoluto. Porque no importa donde mires siempre está, ahi iluminandote y dándole a la vida nuevas oportunidades, no persiguiendo nada pero tampoco dejándose estar sin todo. ¿Suena confuso? Así lo es. 
Sus manos sostenían mientras se adelantaba, todo lo que es y lo que fué, entregandose en cada minuto y en cada uno de sus actos. En su voz exponía todo lo que podía exteriorizar sin que su risible nerviosismo le fuese en contra y debiera retroceder. Y ese nerviosismo era divertido y era extraño, y era la forma perfecta para detenerle en sus pasos, o para hacer que camine mas rápido ¿tal vez?. Aún suena confuso quiero creer, porque debe serlo. 
Hablaba, escuchaba, y finalmente te veía sin que llegaras a notar algo acechandote. Entonces llegaba y se reía de tu confusión, y se reía de tu disgusto, y se reía de todo vos desenfocado y frustrado. Pero luego te reías de su risa y de sus modos tan discretos y tan dificiles de comprender. Y luego te preguntabas como yo me pregunto ahora, a donde iba cuando avanzaba.
Entonces, otra vez, le vi avanzar asi todo como era, simple y diferente. Y eso es todo lo que puedo decir, porque yo tampoco nunca comprendí adonde es que va con tanto impulso y fogosidad. Sin embargo escucho esos pasos como teclas en su vida y sé que avanza, dispuesto y fugaz, excitante y melodioso, como la música que es y fué.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Bolsa de Residuo


No supe hacer otra cosa que seguirle el rastro. A qué hora se iba, a qué hora se reunía, donde encontrarla en las frías mañanas de los Miércoles cuando no trabajaba, las materias que cursaba y los horarios en los que iba a almorzar al bar de la esquina con Directorio. Un café mediano, dos de azúcar y si es posible con crema, y alguna comida rápida de hacer con abundante verdura. No le gustaba esperar, la mataba la ansiedad y evitaba las expectativas. No gustaba de decepcionarse, se deprimía rápidamente, y con la misma facilidad se reponía sin contarle a nadie por lo que pasaba. Muchos amigos y poca familia, padre muerto y hermanos adultos y responsables cuyo único objetivo residía en preocuparse por sus ganancias mensuales.
Y es así que nadie me notó en cada ventana, en cada mesa, en cada sala de cine y en cada momento donde su bella sonrisa se manifestaba, viviendo plenamente como si siempre hubiese un mañana. Pero no hay mañanas suficientes en esta vida, y ella no podría hacer todo lo que quisiera con su tiempo, porque ya no era su vida la que manipulaba. Era mía, yo sentía por ella, yo estaba atento a sus desesperanzas y sueños, y sólo yo sabía cómo se desarrollaría su día a día. El destino de sus decisiones estaba echado hace mucho, sin tener ella oportunidad de dirigirlo.
Un día me desperté pensando que todo había dado una vertiginosa vuelta, y que ahora todo se daba de manera aleatoria, sin sentido. Y fue ese día en que me di cuenta en mi desesperación, que estaba viviendo en un cuerpo extraño, que había nacido y moriría por su existencia. Pero su cuerpo aun no era mío, lo estaba manejando alguien que no sabía qué hacer con él y que por ello seguía el camino aburrido y preestablecido de la rutina.
Siguiendo su rastro, descubrí que desconocía muchas cosas absurdas acerca de las mujeres, y que aun así, como si una fuerza externa en el universo nos obligara a mantener el contacto, el género femenino me enamoraba. Pero hablar en general es también absurdo y banal, porque quien me enamoraba era ella, y al ser parte de mi todo, me enamoré también de mí. Éramos radicalmente opuestos, y por ello podíamos conformar uno sólo, logrando constituir un ser único y asquerosamente perfecto que no aspiraba a la felicidad porque la contenía de principio a fin. En la unión, su amor por la rutina desaparecía porque no codiciaba las irracionales necesidades de un burdo humano, no hacía falta más que mantenernos juntos y despedirse de las preocupaciones.
Al menos así era en mi cabeza, ya que en su mente no había lugar para tal modelo, ni tampoco había lugar para mí. En su egoísta decisión de hacerme a un lado para quedarse con las imperfecciones que la vida le ofrecía, echó por tierra también mis imágenes y me redujo a una mitad putrefacta que lloraba por su otra parte, se arrastraba, gritaba, reclamaba lo suyo. No había forma en que yo pudiera aceptar tal cosa, aceptar ser una mitad por siempre sin otro sentido en la vida que el de recuperar lo que se había escapado de mis manos.
Entonces su día a día pasó a ser el mío, sentí sus dolores y sus lágrimas, sus decepciones... pero no sentí su felicidad. Su alegría era egoísta y se reservaba sólo para su portadora, era un estorbo, un muro frente a mis intenciones de vivir por ella. Era además falsa, no podía existir felicidad en su vida si no me tenía a mi como su complemento, si no conformábamos al ser superior que estoy seguro, solía existir en nuestra unión. Como falsedad, su felicidad no hacía más que fastidiarme, no podía sentirla porque no era real.
Creo que ella lo sabía todo, que su existencia no era más que un rejunte de opciones temporales para complementar la mitad que le faltaba, y que esa parte faltante le seguía los pasos como un perro abandonado buscando su cariño. Lo sabía y en su estupidez continuaba como si nada sucediera; ignoraba las señales, me ignoraba a mí, que vivía para demostrarle lo equivocada que había estado. La sombra de su infinita felicidad la acechaba, pero la desoía porque era una idiota sin rumbo que necesitaba que alguien la golpeara para caer en los hechos, los reales hechos. Y siendo yo su conciencia y su saber, su profesor y su única salvación, debí ser yo quien le hiciera ver lo que estaba perdiendo, lo banal que era, lo prostituta que era conformándose con cualquier cosa... el error en el que se había transformado sin mí para dirigir su rumbo.
Sólo una advertencia. Tal vez pensó que era una broma, o que había equivocado al destinatario. Pero cuando uno se ciega y deja de prestarle atención a las huellas que le marca el universo mismo, también desoye los pasos detrás suyo. Cada última bocanada de aire frío fue mía, ella sufría y yo sufría, ella lloraba y yo lloraba. Su grito ahogado era el mío, sus penetrantes ojos negros reconociéndome en la oscuridad de la noche, eran su fraudulenta felicidad reconociendo en mi al portador de su única necesidad. El filo ensangrentado salía, y su espíritu entraba en mí, completándome, haciendo realidad lo que siempre debió ser, conformando al ser perfecto que alguna vez fuimos los dos.

--------------------------------------

Esta mañana recibí un mensaje extraño que advertía acerca de lo inevitable. No sé explicar de dónde vino, y sin embargo me hizo recordar el vértigo que siento hace tiempo. Mi cuerpo espera pacientemente a que pase algo que me cambie la vida por completo, pero mi mente sigue sumergida en los asuntos de la cotidianeidad, como si todo fuese normal. Constantemente me fuerzo a entrar en actividad para olvidarme de las cosas que dejé atrás una vez que decidí irme. Siento al pasado detrás de mí y en cada café que tomo, en el nuevo trabajo y en mi cama al intentar dormir. Hace unos días me pareció ver a un tipo que conocí y con el que salí unos meses, en una de las mesas del bar donde suelo almorzar. Un tipo que no tiene razones para andar dando vueltas por aquí, que no podría estar aquí, pero que mi mente recreó en un estúpido intento por hacerme retroceder a una vida que quiero esconder. Barrer el pasado, dice mi psicólogo. Más de una vez le he preguntado cómo es que puedo barrer mi pasado sin tenerlo presente, sin que me sacuda. Nunca supo contestarme otra cosa que la repetición de lo anterior... el "vos podes" lo tiene pegado a la lengua, ¿Y qué es lo que puedo?
Escribir en cada pedazo de papel que encuentro, en cada momento que tengo libre para pensar, es mi única salvación. La comida no sabe igual, la brisa del otoño aproximándose no se siente del mismo modo aquí que allá. Otra boca come por mí, yo estoy ausente en cada paso de mi existencia. Este pedazo de papel es todo lo que soy ahora. Tengo miedo y no sé de qué, tengo náuseas cuando salgo a trabajar y siento la humedad impregnándose en mi ropa, siento que espero y sin embargo no sé qué es lo que se me aproxima.
Ese mensaje terminó por descolocarme. No creo que haya sido intencional, o siquiera para mí, pero la sensación al leerlo se asemejó a lo que se siente cuando alguien está a punto de tocarte el hombro para llamar la atención. De algún modo ese mensaje no era para mí, pero sí lo era, la existencia me marcaba las huellas que yo no vi porque no quería ver. Un escalofrío fue suficiente, un pinchazo en mi espalda fue suficiente.
No puedo pedir ayuda... es decir, ¿Quién me va a prestar auxilio por una sensación? Ahí está de vuelta, otra vez lo veo ¿Por qué a él? Mis labios saben a dulce, el café, una vez más, no está haciendo el efecto esperado. Enloquezco cada vez más, el frio recubre mis párpados y los siento cansados. Es todo mi imaginación, es todo mi imaginación.

martes, 8 de octubre de 2019

Un salto de dos o tres escalones. Asi es como siento que empuja mi pecho hacia adelante cuando lo recuerdo, como si saltara en bajada sin descanso y con toda la fuerza que me queda. A veces es un sobresalto acompañado de una sonrisa, otras veces lo acompaña una lágrima, pero siempre intento que sea un recuerdo que se añore. De niña me enseñaron que las cosas buenas que nos han pasado, tienen que ser recordadas bien y con amor.
¿Pero que amor? ¿El suyo, inexistente y desconfiado, o el mio, que saltaba y brillaba para hacerse notar y entender? ¿Cual es el límite del amor en los recuerdos? No creo poder recordar mis lágrimas de decepción con amor, pues ese es precisamente el amor que duele, el que no queremos sentir mas. Entonces te enseñan a hacer un viaje fugaz al pasado y recordar lo hermoso, lo que valió la pena. Y eso pesa todavía mas. ¿Entonces está el amor siendo ultrajado por el dolor?
Eso me preguntaba cuando llegando a mi casa, me detuve en el umbral, inmersa en los pensamientos que como fantasmas de noche te asedian cuando no estas agobiado por el mundo y su rutina. La puerta recién pintada me invadió con su aroma, advirtiéndome que no la tocara demasiado. Pero que va, ya le había apoyado mi mano en el golpe seco que di cuando me di cuenta de que el dolor volvía.
Ya había pasado una semana desde que las lágrimas le ganaron a las sonrisas en este partido. Se turnaban otorgandome pequeños pedazos de recuerdos limpios que pudiera almacenar, para despues arrebatarlos y dar paso a las dolencias. Me había cansado de mi misma y decidi estudiar todo el tiempo que me sobrara, para no tener que pensar. Pero nada se va solo. Por ello es que en ese momento, con las llaves en mi mano aún, los recuerdos de las decepciones volvieron y me inundaron junto al ya insoportable aroma de la pintura fresca.
Detenerme en seco no había sido casualidad, me detuve para decirme que era una estúpida. Y lo era, pues despues de una semana de lucha no había aprendido nada. ¿Estudiar que? ya olvidé todo, no había nada mas importante que recordar lo mucho que me dolía no ser correspondida.
Era seguir luchando y recordando alternadamente, o nada. La nada misma no sonaba como una opción razonable, asi que la lucha seguiría. Cruzaría la puerta y entraría en otra distracción: una familia que te dice que te ama y que no se da cuenta de lo que te sucede. Y no se lo decis, porque de cualquier modo no lo entienden; pero si quisieran intentar entenderlo tampoco podrían y terminarían inundandote de frases motivadoras para que sigas adelante en esta miserable vida de rutina que sólo sirve para olvidarte de eso. Y no se lo comentás a tus amigos, porque sabes que van a decirte que te olvides de quien no te merece, pero como no conocen a la otra parte no se dan cuenta de que no es alguien que no merezca algo. Porque a él tampoco se lo decis, lo sé, no queres apartarlo ni estancar lo poco que queda entre ambos. Sabes que es una buena persona, que se merece todo, pero que no quiere todo. No te quiere a vos.
Y ahi estas, te quedas estancada en la puerta apretando tanto las llaves en tu mano, que no haces mas que sumarle pesar a la situación. La pintura ya estaba dentro mio revolucionando todo y agravando mi dolor de cabeza.
En esta historia sin culpables ni victimas, lo único que tiene que suceder es que empieces desde el principio. Que te tires en la cama, llores hasta que no quede nada adentro, y te preguntes si vale la pena seguir. Seguir viviendo o seguir llorando, cualquier pregunta es válida. Lloras y pensas que no podes culparlo, nunca se lo dijiste; y no podes culparte, es amor imprevisto. No podes culpar a nadie mas porque nadie sabe nada. El razonamiento inmediato es que debes culpar a la vida que salió tan miserable y aburrida; a la moral, a las buenas acciones que te hicieron una persona digna de ser "amigo" y objetivo de aprovechamiento; a la vergüenza y al miedo de fracasar. La vida te da cosas y luego te pega como te pegaría tu madre si te encontrara haciendo algo desleal. Un constante "te doy esto, ahora damelo, no lo disfrutes tanto".
La pintura había comenzado a irritarme, y yo no cesaba de mirar el picaporte y el suelo sin reaccionar. Una vez que el cerebro comienza a elaborar, no hay muchas posibilidades de detenerlo.
"Alguien tiene que pagar", pensé. No es casualidad que la vida sea injusta en tantos sentidos. El sistema económico nos hace pobres, el sistema político nos hace borregos, el sistema social nos hace máquinas, el sistema propio nos hace verdugos y jueces. ¿Quien va a pagar por todo eso? Por tantas vidas arruinadas y tanta gente con sobresaltos en el pecho en este momento. ¿Cuántas personas en ese momento estarían llorando o sintiendo furia, en el umbral de su casa o de la ajena? Alguien tiene que pagar alguna vez, pero como nadie quiere ser el que caiga, nadie quiere dar el primer paso.
Es fácil adivinar cual fue la siguiente cadena de pensamiento: "¿A quien hago pagar por todo esto, entonces?". Yo daba el primer paso, el de hacer justicia. Esta existencia no se hizo sola, ni la mia ni la de las otras almas en pena, sea cual sea su motivo de sufrimiento. La hicimos todos, pero siempre hay alguno con mas responsabilidad. ¿Quien va a hacerse responsable?
Di unos pasos hacia atrás, entendiendo que estaba dispuesta a todo. Si sólo hubiese sido una decepción amorosa, quizas hubiese pensado que mi reacción era excesiva, quedando inmersa en frases de autoayuda para superar un mal trago. Sin embargo era mucho mas, era la injusticia, el sobreeesfuerzo, el aburrimiento, la espera eterna de cosas que nunca llegarían, la desesperanza, y la acumulación de heridas que ya no tenían tiempo de cerrarse. ¿Cómo hacerle pagar al sistema que tanta gente tuviese hambre, o que para llegar sin hambre a mitad de mes tantos tuviesen que ir pseudo dormidos a la madrugada a esperar un transporte que posiblemente llegaría tarde, manejado por un conductor que estaba un tanto dormido y otro tanto agotado de vivir, cuyas probabilidades de hartarse y atropellar transeuntes desprevenidos y agotados de correr de un lado a otro, eran bastante altas?
No hay culpables directos, pero si hay personas que dañan porque estan cansadas, o porque la sociedad en su papel de juez, asumiendo la moral de este sucio sistema, lo condena a ser un parásito sin trabajo y sin una imagen que defender.
La pintura se habia impregnado en mi interior, endureciendose y envolviendo mis órganos en una capa de furia inconmensurable. El verde oscuro de la puerta me incitaba a pensar en las ventajas de una guerra, donde tanta gente sin objetivos en la vida mas que el de asesinar a un rival, perdía la vida pensando que lo hacía por la patria. ¿Pero que patria? la que se figuraban, que no era otra cosa que una capa de pintura, como la de la puerta, para ocultar intereses.
¿Quien es el gran maestro de la humanidad, que le enseña a otorgar cosas para después arrebatarlas? la religión. Salir de la iglesia cantandole a Cristo que lo amamos, y luego ser miserables egoístas de la puerta para afuera; esa es la gran ópera prima de nuestro tiempo. Entrar y pensar en todo lo bueno que podemos hacer por los que viven en la calle; salir y pensar que todo es meritocracia, y que de cualquier modo no podíamos hacer nada. La religión dirigía esta magnífica obra en la que todos eramos actores temporales, todos eramos una prueba, y el tiempo demostraría que tan mal representabamos el papel de buenos borregos.
Hipocresía, interés, desilusión, desencanto, todo era obra nuestra. Todo nacía del mal que siempre albergamos y nunca quisimos reconocer. Llegada a este punto quise renegociar con la vida. Tal vez si entrara y sólo me conformara con seguir adelante soportando, finalmente algo bueno cayera sobre mi. Pero no... ¿De que sirve que algo bueno me de esta vida, si aún sigue apuñalando a miles y millones de personas simultáneamente? No sirve de nada curar la enfermedad de uno en esta granja cuando ya todos estamos infectados, todos muriendo.
Eso mismo, todos mueren sin ocuparse, cerrando los ojos a una realidad que los defraudó pegandole un cachetazo a todas las ilusiones que alguna vez se hicieron. "Voy a estudiar y a ser profesional a los 25", "Voy a comprarme un auto", "Voy a irme a vivir a un lugar tranquilo"... son todas frágiles botellitas de vidrio, y la vida es el francotirador. Llorando recordé mis ideas y mis delirios de felicidad, y cómo se fueron reemplazando por un "al menos tengo salud", "al menos puedo comer una vez al mes esto", "al menos puedo dormir en una cama". Ya ni siquiera la cama me daba lo que necesitaba, llorar ya era cosa del cesped fresco en ese parque que tanto me gustaba. Un parque donde sólo los árboles me hablaban, donde nada me genera expectativas, donde no espero ni me hago bosquejos dementes de una vida entretenida.
Pero no, nada iba a cambiar por recordar lo que ya no estaba. Todavía a unos pasos del umbral, entendía que estaba perdiendo el tiempo. ¿Por que seguir avanzando hacia un remedio, un libro de auto-superación, una charla banal sobre obras públicas, un encuentro en el tren con chicos con hambre? ¿Y por que habían pintado la puerta de ese maldito color, que me penetraba y me ahuyentaba? El dolor del desamor se había convertido en un punzante dolor de oído que me hacía preguntarme para que existíamos todos, si no hacíamos mas que arrebatarnos cosas, disputar un hueso que no era nuestro. Y la estúpida ciencia que nos dice de donde venimos, pero no nos marca el camino contrario, sino que nos hace retroceder y admirar lo que alguna vez fuimos. Los mismos idiotas, pero mas miserables y crueles. Cortábamos cabezas y lanzábamos fruta podrida a los colgados, y ahora cortamos esperanzas y lanzamos despojos roídos a los que no llegaron a subir los últimos escalones. Hipócritas y afortunados, pues si la justicia existiera como algo por fuera de nosotros, si hubiese un dios justiciero al que cantarle en la cara que lo amamos, ya nos hubiésemos extinguido.
Ya en la calle, noté que no había mas nada que decir. Alguien tiene que pagar.
En este momento no me duele ni me pesa recordar lo que anoche sucedió frente a la puerta. El fuerte aroma de la pintura finalmente me penetró y se pegó a mis nervios, activando mis mecanismos dormidos, otorgandome derechos que no sabía que tenía. Desde aquí puedo ver la puerta, y frente a ella a los patrulleros. Puedo imaginar a mi madre en desesperación y a mis hermanos pensando que ojalá estuviese en lo de una amiga. No tengo amigas, lo siento, o al menos ninguna que comprenda este momento. La Yo de hoy, que espera a las 9 a los primeros incautos salir de la iglesia cantando, no tiene acompañante, no tiene conexiónes. Hoy ellos son mis frágiles botellitas.

domingo, 25 de agosto de 2019

Soñé que empujaba una puerta. 
La puerta estaba tan horrorosamente encajada, que no se movía un milimetro. 
El picaporte estaba ahí, brillante como recientemente pulido, pero yo no lo tocaba, le tenía miedo. 
Creo que pensaba que si tocaba el picaporte la puerta se inmovilizaría mas. 
Mi trabajo consistía únicamente en hacer infinita presión sobre la madera, que al parecer era mi enemiga, pues no cedía ni por lástima hacia mi. 
Me senti frustrada, me sentí presionada, senti que mi esfuerzo era ridículo y que alguien en algún punto del espacio podía verme empujar y reirse. 
Pero tal cual la puerta, yo tampoco cedí un milimetro. 
Quise dejarlo, lloré, dramaticé, me pregunté que hacía mal, pero no pude abandonarlo. 
Sabia que abrir esa puerta me llevaría a una satisfacción y una felicidad que hace mucho buscaba. 
Pero mis deseos y expectativas no lograban mas que entristecerme cuando no tenía éxito, pensando que nunca me desencajaría a mi misma, o a la puerta. 
Me moví en círculos, sentí que giraba y que ya no presionaba hacia allí sino también hacia aquí, una y otra, y otra vez. 
Soñé que mi tristeza me pedía amor propio, y que me pedía piedad, que me decía que lo deje ya. 
Soñé que no podía, que detenerme era detener mis esperanzas y mi propio sueño. 
Soñé que descubría algo, que entendía que el esfuerzo debía hacerse de los dos lados de la madera para mover su punto de traba. 
Soñé que el balance podía hacer ceder a este infeliz mundo que quería impedirme mover la puerta.
Pero soñé que estaba sola, empujando todo lo que pudiera, deseando que si no lo hacía alguien, que la puerta sola se moviera. 

jueves, 15 de agosto de 2019

Algunas personas son como un color. Un amarillo es aquel del que uno sabe que no va a conseguir encontrar mas que una superficialidad aburrida. Ese otro es verde claro, intenso y llamativo, agobiante grita su vida a cada paso que da. El anaranjado es el calmo que no quiere expresarse, el que observa de lejos y sabe cuando entrar en escena, sorprendiendo, pero nunca destacando demasiado. Y aquel otro se asoma a un rosado aburrido, alguien que gusta de llamar la atención pero no lo logra, porque es imitación, alguien que concluyó que el mejor modo de ser parte de algo, era imitando y asomandose levemente a varios colores a la vez. El negro, como era de esperarse, es el que no se quiere demasiado, asi que pasa la vida escondiendose. Y el celeste es aquel del que todo se piensa pero nada se sabe con seguridad, a veces porque no sabe expresarse, a veces porque no se deja ver.
Algunas personas son como canciones. Suaves y tendiendo a lo pasional; delicados y detallistas llegando al extremo poético; tan indeterminados que por momentos parecen poco y de repente son mucho; o fuertes y superadores queriendo apuñalar y perforar cada intento de simpleza.
Pero hay personas que no son sólo colores y no son sólo canciones. Que se manifiestan como un remolino que lanza cosas hacia todos lados demostrando todo lo que aún puede dar. Esas son mis personas favoritas, y a ellos es a quienes dedico mas tiempo de observación. Son la noche o el día, el anochecer o el amanecer, totalidades formadas o transiciones turbulentas. El día nunca fue mi momento preferido, nos mantiene alertas y nos recuerda cómo la vida todavía puede castigarnos. La noche es mas amena, mas cómoda, mejor preparada para refugiarse en uno mismo, y tambien mas dificil porque nos recuerda que el día volverá y que lo bueno no dura tanto.
Me gusta pensarme como transición, sentir el momento del anochecer en mi. Me gusta ver ese intercambio de guardia en los astros como si se estuviese destapando algo, como si surgiese la necesidad del momento, de expresarse enteramente.
Soy transición, y no totalidad. El día me espanta y la noche me abruma. Preciso de la turbulencia, de lo pequeño, de la desnudez absoluta de los espíritus en pocos y sublimes instantes, de lo espontáneo que desaparece rápidamente y se repite constantemente, sin dejarse descubrir demasiado. Necesito el tumulto momentáneo y el descanso inevitable, la sinceridad excesiva y la oscuridad y tranquilidad de la noche que, inagotable, siempre llega a decirme que ahi está, y que no lo he visto todo.

lunes, 10 de junio de 2019

Me desperté de un sobresalto y tomé algo para anotar. Las sombras siempre estan dispuestas a escuchar mi relato, asi que no dudé en escribir y esperar su respuesta. Las palabras y las sensaciones todavía temblaban dentro de mi, alejándose lenta y dolorosamente para abandonarme unos minutos mas tarde, dándome un tiempo prudencial para que decidiera que hacer con ellas. Pero no siempre puedo gozar de la generosidad de la luz que en mis noches se enciende. En general decide apagarse a mitad de camino, o se rie de mi al verme abrir los ojos, como diciéndome "Ey, te di un mensaje y ahora te lo quito". Esa constante lucha con la claridad de mi interior me desespera; por momentos pienso que no puedo entenderla, y por otros que no debería entender nada y dejar que todo caiga por su peso. Pero no me satisface la duda, así como tampoco lo hacen el "destino" o la "suerte", entonces pienso y pienso, escribo y escribo, para al final terminar a sus pies rendida.
Me desperté cantando también, una mezcla de lo que escuché en esa última fracción que todavía sentía, y de lo que me gusta cantar a diario pensando que hacer. Que hacer con ese eterno problema de hacer lo que quiero o de hacer lo que debo, de ser como ellos quieren o ser como ya soy. Entonces canté, con una vocecita suave que nadie podía escuchar. Porque cantar para mi es como hablar de lo que siento; si me escuchás es porque querés escucharme, porque te acercás lo suficiente comprendiendo que hablo despacito y con miedo.
Canté y escribí, terminé y me levanté, caminé y pensé. Pero la luz no era tan clara a mis ojos, a los sentidos de una mortal conciente y despierta, que en realidad duerme y no entiende.
Entonces pensé en el oscuro cielo y las galaxias tan claras, como lo extraño y lo prohibido, como una inmensidad acercándose y aplastándome, solicitándome atención y decisión, esperando una respuesta. Pensé en la pesada lluvia de lo antiguo, cayendo sobre mi y amenazándome, avisándome que no volviera sobre mis pasos, que era peligroso. Pensé en el sabor de la sangre en mi boca, que todavía perduraba, y en el instante en que me di cuenta de lo tarde que era. La lluvia cesaba, tímidamente y decepcionada de mi, de que no entendía, de que no la escuchaba retumbar y seguía mi camino. Pensé en mi esperanza y mi convencimiento de seguir hacia adelante, segura de que podía solucionar todo transformando a mis errores pasados en una solución temporal al presente.
Cuando llegué a ese punto retrocedí y pensé en mi persona, espantando a las moscas que amenazaban con pudrir todo mi interior expuesto al tiempo y al movimiento. Interpreté que eran mis sentimientos los expuestos, recordando esos momentos fugaces que tengo de escupir verdades y sentires sin mayores enredos. Comprendí que estaba dando mucho, entregándome sin rodeos al paso del tiempo y al destino, a los viejos métodos y a las soluciones espontáneas.
Y aún cantando retrocedí un poco mas, y me encontré arrancándome la piel por el dolor. Me encontré haciéndolo sin ayuda y desesperadamente, extirpando todo lo que me molestaba y lo que me hacía pensar y llorar, pensar y reír, pensar y ser feliz, y sufrir.
Y entonces mi claridad se abrió a mis sentidos y entendí que todavía cantaba, que todavía me reía recordando este o aquel comentario o anécdota, que mientras me interpretaba te interpretaba a vos. Que cuando cantaba, en realidad intentaba llegar a tu voz. Que cuando sonreía, en realidad todavía soñaba. Que cuando moría, en realidad caía en lo inevitable de sentir, lo que no quiero admitir.

martes, 23 de abril de 2019

Creo que no estaba escuchando. El seguía hablando y yo pensaba "si si, muy interesante". Pero no lo era, era aburrido y banal al lado de lo que mis ojos veían, o tal vez mis ojos tambien escuchaban. Porque si no lo escuchaba a él, ¿Que es lo que oía? No se puede oir "la nada", entonces oía un parloteo constante, y a su vez oía mi interior pensando en que tenía que estudiar. Pero no puedo estudiar con ella ahí, tan sola y tan abandonada en el suelo.
Una grulla de papel. Una grulla en el suelo del aula me parecía mas interesante que hablar del patrimonio cultural y de leyes. Y no es que lo fuera, probablemente esa grulla tirada en el suelo fuera menos relevante, pero si que era mas interesante. Su autor no estaba en ningún lado, sin duda era un hallazgo sorprendente. Sin embargo lo mas sorprendente no era ver esa grulla en el suelo, sino pensar en que nadie mas la veía. Yacía debajo de un banco dispuesto en círculo con el resto del grupo, ocupado por una chica muy bonita de pelo corto. Esa chica debe haber pensado que lo que el profesor decía no era muy divertido, pero que no había nada mas interesante alrededor. Cuan equivocada estaba.
Y alguien me dirá "Ey Lucy, en serio? una grulla en el suelo te parece interesante?". Entonces tendré que responder: "No es la grulla, es el todo". Es el cielo sobre un tumulto de robots que sólo piensan en llegar a la casa y mirar tal programa o comer tal comida. Es el viento en el rostro del que piensa cuanto dinero tiene hasta fin de mes, y si le alcanza para ir a tomar algo con sus amigos el sábado. Es una mirada amenazante de aquel hombre a su novia, un chico en la calle tirado y sin nada que comer, un perro vagando sin descanso por kilometros, un relámpago anunciando la lluvia inmediata, un cambio de clima repentino, una grulla tirada en el suelo mientras todos en el aula piensan "sólo tengo que llegar al 4 en el exámen".
¿Entonces soy yo desaprobando el exámen, o son ellos desaprobando en vivir? Ellos no involucrandose consigo mismos, no involucrandose con la brisa y con el color del cielo. Son ellos pensando en dormir y no haciendo justicia. Son ellos soñando con aquel auto, aquel departamento, aquella historia dolorosa de amor que no se pudo concretar. Soy yo mirandoles las expresiones de confusión en la cara, de no entender que hacen ahí, que hacen en este mundo corriendo de un lado a otro para llegar y tener dos minutos por día para sí mismos.
El profesor seguía parloteando, respondiéndoles preguntas a los robots que quieren llegar al 4 sin aprender nada realmente. "Esta materia de mierda" deben pensar. Debería haberme llevado esa grulla. Después de todo era la única compañera viva en ese aula.

martes, 9 de abril de 2019

Estaba pensando en tu mirada. No vi cuando cruzaba la calle porque sólo veia tus ojos, esos que nunca vi de cerca pero que siento encima de mi a cada pasito. Estaba pensando en tu voz, esa que sólo escuché de lejos y que no era para mi. No vi cuando cruzaba si era rojo o azul, porque para mi cruzaba el puente que nos separa. Con la imaginación, claro, ese puente es realmente dificil de cruzar. Olvidarme del sendero que dejo atrás y avanzar hacia vos, hacia tus ojos, hacia tus mágicas manos. No vi cuando cruzaba, porque mis piecitos, medio torcidos como siempre, se movían solos impulsados por la imagen, por las sensaciones de pensarte cerca, de imaginarme tus palabras. Yo me movía hacia vos, que estabas inmóvil esperandome, o simplemente esperando a alguien que no te lastime ni te decepcione, alguien que te quiera hoy y siempre, como sos y como fuiste.
No vi cuando cruzaba pero nada pasó. Alguien me gritó pero que me importaba, si del otro lado estabas vos, esperando a quien sabe que, tal vez a vos mismo. La calle era sólo un abismo entre tu imagen y la mia, uno que no me importaba saltar ni del que me importaba colgarme y llegar al otro lado sin fuerzas. Pensar que me esperabas era alentador, pero pensar que puedo cubrir un hueco en tu alma es tambien tentador.
Escuché por ahi que no todos puede cubrir pedacitos de tu alma, que sos exigente y que no dejas entrar a nadie sin cita previa. Escuché tus palabras, que te enamorás y sufris, que te colgás de otro abismo pero no te ayudan a escalar, que te dejan atrás y caes, una y otra vez. Pero ahi estabas. Crucé la calle sin esperar que me ayudaras a escalar, di un salto hacia tu alma esperando encajar en ese pequeño gran hueco que tanta vida te dejó.
Crucé la calle y no me extendiste la mano, pero me viste saltar. Y casi que vi una sonrisa dibujandose y diciendome "no te esperaba pero acá estas". ¿O eso quería ver? Crucé la calle sin saber que es lo que cruzaba, sin construir un puente real, lanzandome a vos, esperando cubrir lo que te faltaba. Salté esperando ver tus ojos brillar, oir tu voz una vez mas, verte sonreir pero no por encontrarme a mi, sino por encontrarte saliendo de ese abismo, a vos mismo.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Nunca me gustó caminar por los bosques y colinas. La inseguridad de no saber hacia donde voy, de perder el rumbo y enloquecer, de ilusionarme con una luz y descubrir que era un frágil reflejo del sol; no era satisfactorio ni siquiera pensarlo. Pero un día la vi y todo dió un vuelco, me movió la estructura por completo. La vi, y no la vi, ustedes me entienden... ¿Cómo puedo ver o sentir la perfección si no soy yo misma perfección? El eterno planteo de Dios y su creación. Y es que ella no era perfecta, pero sus incontables imperfecciones, la hacían ideal a mis ojos. No quiero caer en la insoportable redundancia de intentar describirla como lo que se ve a simple vista. Tampoco quiero ceder a las presiones metafóricas de la poesía y el sinsentido de abundantes palabras que no llevan a ningún lado. Es la contemplación la madre y la abuela de la poesía barata, eso lo sé... pero claro, no es la contemplación siempre posible.
La llamaré "Dama de los aros azules", porque ha sido lo primero que vi cuando intenté verla. Intentar no es lograr, por supuesto. Y es que es tan vano el intento de ver lo resplandeciente como lo es el intento de ver la oscuridad. Primero uno intenta enfocar sin éxito alguno, y luego se rinde al sentir, al oído y al espíritu.
Ella lo era todo en ese bosque, era el sol escondiéndose y la luna aclamando por tomar el lugar que siempre le correspondió. Era el naranja allí, el verde allá, la muerte a la izquierda y el ruido de las hojas en el suelo. Era la tristeza y la desesperación de no saber salir y de no saber hacia donde caminar... ella era todo lo que siento estando en soledad, y sin embargo allí estaba, como si se hubiese separado de mi, de mi cuerpo inerte y sin vida. Uno esperaría que yo diga que habiendome separado de mi miedo, quedaba en mi la valentía de seguir adelante... pero no. Para sentir el impulso uno necesita primero atravesar esa desesperación, atacarla en un momento de furia e increparla con decisión. Pero, ¿puedo acaso arremeter contra ella, toda oscura, toda luz, toda miedo? Acurrucada de perfil a mi, a mitad del claro ya agonizante estaba, y parecía estar esperando que un animal pequeño se acercara para extender su mano hacia él. No estaba vestida de blanco como cualquier espíritu del bosque, no tenía un cuerpo atractivo, no era mas que una brisa revoleando su pelo y sus aros azules celestes dejándose ver.
Una alicaída mirada apenas se veía, una mirada dolorosa y perdida en sí misma. Pude leer, en esa fracción de segundo en que su cabello se separó de su rostro con el viento en contra, pude leer lo que soy y lo que fui, lo que ella era y por que estaba ahi... siendo mi espejo y mi pesadez. Pude leer que estaba perdida, que necesitaba algo, seguridad. Lloré mirandola y pensando en su frustración, pensando en lo mal que lo pasaba, en su inseguridad de no saber hacia donde caminar... para todos lados el mismo árbol, para todos lados los mismos tropiezos y marcas de personas que alguna vez se perdieron y murieron allí. Entendí en su mirada sus fracasos y sus ilusiones perdidas, vi sus instantes de angustia, sus enamoramientos consumidos en la nada. Lloré su confusión encontrando en ella la mía, lagrimeé mas cuando vi que estaba herida en todos los sentidos posibles de la palabra. Grité al ver en sus ojos las veces que había pensado en dejar la vida tal como la vivía, en dejar de esperar algo de los demás, en dejar de esperar algo de sí misma. Sollozamos juntos, aunque ella no se inmutaba yo lo sentía, sentía que no estaba ahi pero que estaba perdida por siempre.
Hay momentos simples en la vida, en donde todo se hace menos brillante y empieza a enfocarse. Son instantes cortos, que uno debe cazar como caza bichos de pequeño para hacer experimentos. Crueles pero inagotables, llegan cuando quieren y se van cuando uno los toma, como esos sueños hermosos de los que uno despierta llorando, para terminar dándose cuenta de que ya no sabe por que llora. Y este momento sucedió allí, con ella acurrucada y yo sollozando sin consuelo, percatandome de que ella no estaba perdida, sino que había perdido algo, y que ese algo no volvería porque allí estaba, perdido como ella y sollozando por encontrarla y no tenerla.
Hoy soñé que me derrumbaba y que intentaba volar para no morir, sin éxito. Y toda la estructura de mi vida se derrumbaba conmigo, como ahora me derrumbé yo, aún en el umbral entre sueños y realidades, encontrandome a mi misma acurrucada en el bosque.

viernes, 25 de enero de 2019

Esto está mal, esto está bien.
Eso no va ahí.
No te arriesgás.
Si no haces esto no te divertís.
No podes entender, no mas que yo, no mas que aquel.
Así no es. Así no va.
Así nadie te va a mirar.
Si no venís no me querés. Si no me querés no podes venir.
Eso tiene mucho azúcar para vos.
Hacete un chequeo.
Visitá a tus parientes.
Maquillate un poquito mas.
Estas durmiendo poco. Estas durmiendo mucho.
Si te gusta eso no esperes tener sexo.
Si te gusta ese no esperes ser feliz.
¿Vas a estudiar eso mucho tiempo? Estudiá lo que te dé dinero.
A vos te gustan las computadoras nena.
Las computadoras te dejan buena plata.
No te quedes siempre en tu casa.
No salgas a todos lados. No salgas a esta hora.
Tenés que vivir un poco más.
Tenés que cuidarte un poco más.
Tenés que cuidarme un poco más.
Mirá si me muero mañana.
No me respondas así.
No me veas así.
No entiendo como tenes amigos.  

No le des de comer eso al gato.
Ya no me invitas a tomar mate.
Estas tomando demasiado mate.
Comes un poco mas de lo que necesita tu cuerpo.
Como pensás que te van a ver en la calle.
Te gritan cosas porque no te cuidás.
Cuidate la figura, hacé ejercicio.
Viste que en la televisión dijeron que comer tierra adelgaza.
No cocines cosas fritas.
Sé humilde.
Poné los platos nuevos en la mesa.
Vestite mejor que es Navidad.
A ver si te buscas un trabajo para el próximo año.
Aunque sea hacete pan dulces para vender.
No permitas que José levante los platos.
¿No ves que están hablando de fútbol?
Ofreceles un cafecito.
Mirame cuando te hablo.
Siempre haciendo miraditas de desprecio vos.
No me gusta tu sarcasmo.
A mi respetame.
A mi hablame.
Los atiendo tanto que no tengo vida.
Te tengo que andar diciendo todo.
Podrías saber que regalarme de una vez.
Como puede ser Lucy.
Como puede ser.
No tenes vergüenza.
Me ofendo porque no reaccionás.
No vivís en la realidad.
En la televisión escuché que los chicos de ahora están cegados por el internet ese.
Llamá a la abuela por su cumpleaños.
Si no jugás sos aburrida.
Estan los nenes de Carlos.
Vos que sos mayor jugá con ellos.
Tomasito te quiere.
Dá el ejemplo.
Sentate en la mesa, desubicada.
Para dormir tenes los 365 días del año.
Como si no durmieras suficiente ya.
Dejá de mirar la pantallita.
Dejá de escribir.
Como puede ser.
Siento que no vivo mi vida.
Todo por esta gente que no me considera.
No me dejan hacer lo que quiero.
Andá a lavar los platos.
Que mañana tenes que levantarte temprano.
A comprarle las facturas a tu padrino.
Sabés que le gustan los domingos.
El diario Lucy, el diario.
Necesitás un golpe de realidad.
Despabilate.
Despertate.
Viví de una vez.

sábado, 15 de septiembre de 2018

Cuando pienso en mi vida, veo una flecha. No me ha pasado siempre, sino desde hace poco. No es cualquier flecha, es una flecha que no parece apuntar hacia adelante o hacia atrás, una flecha pseudo irregular que apunta hacia abajo; entonces yo digo que no tiene rumbo.
¿Y cómo es esta flecha? es una flecha que parece querer comenzar a hacer un círculo, empezando desde arriba. Llegando abajo y a un centímetro de haber pasado la mitad del círculo, decide comenzar a torcerse hacia abajo, como si quisiera empezar a dibujar una elipse, pero avivandose tarde de ello.
No sé porque la flecha de mi vida es asi. No sé porque es una flecha. He supuesto mil cosas arquetípicas: flecha como indicación normal de camino, flecha como transcurso hacia adelante, flecha que se queda a la mitad como indicador de traba, flecha irregular como cambio repentino, flecha hacia abajo como hundimiento. Nada me satisface. Es una flecha que me incomoda, que me es desconocida, que no identifico como parte de mi. Pero no puedo no verla cuando pienso en mi vida.
También he pensado en la flecha creando el círculo, en cuestión a aquel concepto que una vez en un colectivo me contaron, sobre el eterno retorno. Si la flecha quiere hacer un círculo, quizás al final vuelve a comenzar en donde empezó, y mi vida se reinicia. Entonces si voy a reiniciar, no quisiera que todo sea igual... pero ¿que puedo hacer si la flecha que reinicia el transcurso, es la misma que antes lo terminó? Todo va a ser igual, todo va a reiniciar, y todo lo que hago se reproduce una y otra vez, en este o en otro universo, en este o en otro cuerpo. A menos claro, que no deje que el círculo termine.
¿Será por ello, que mi flecha se desvía? ¿Que soy yo, la flecha o el transcurso? ¿O soy un protagonista omnisciente? ¿Soy un espectador viendo como la flecha recorre el transcurso por si sola? ¿Y si es así, quien tuerce su camino? Si el camino es predeterminado, no debería poder torcerlo. Entonces yo controlo su camino, entonces o soy la flecha o soy como un dios, un dios que crea movimiento, que juega a cambiar los rumbos. ¿No son todos los dioses asi, jugadores incansables de ruleta, divirtiendose mientras nosotros nos desesperamos por enderezar el círculo? ¿Y para qué, para qué enderezar el círculo, si todo va a ser igual que antes?
Dios se divierte y yo me arrastro, porque su diversión es mi desdicha. Y sin embargo, cuando Dios en su embriaguez y su hartazgo, decide tirar los dados y cambiar el rumbo de mi flecha, me está haciendo un favor. Está diciendo tal vez, que no debería volver a empezar si voy a cometer los mismos actos, o que volver a vivir lo mismo no sería demasiado entretenido. Para él, claro, porque yo vuelvo a vivir lo mismo sin penas ni culpas, sin conciencia de lo aprendido. ¿Entonces sirve de algo repetir todo?
Dios lanza sus dados, mueve las fichas, escribe una nueva jugada, se rie de que yo escriba esto y de mi desesperación por no entender por que mi vida es una flecha, porque yo soy una flecha, porque la flecha me indica el camino, lo que sea. Su nueva jugada podría ir hacia atrás y decirme "ey, te estoy dando la oportunidad de enderezar el camino". Pero sin embargo, yo tambien juego aqui; sin trucos y sin azar yo decido que mi flecha vaya hacia abajo, porque "ey, si voy a empezar de vuelta, no voy a terminar este círculo ridículo e ineficiente, voy a crear el círculo sin los dados de Dios".

miércoles, 11 de julio de 2018

Querida vida:
Creo que nunca entendí como es eso de amar. Es como un compañerismo, el dar apoyo en todo lo que el otro haga, o es mas bien el ser sincero consigo mismo y reflejar esa descontrolada posesión sobre la otra persona. ¿Hay un amor para cada uno, o cada uno es un tipo de amor? ¿Es amor la palabra correcta, o es una lujuria y un deseo irrefrenable de tener sexo con alguien? ¿Entonces cuando no hay sexo hay amor, o el amor está en el sexo también? ¿Entonces amo a todos con los que vaya a tener sexo?.
¿Cuando empieza el amor? Si no empieza cuando quiero, entonces es involuntario, entonces es rebelde, entonces no puedo controlarlo. Tampoco puedo controlar cuando termina, entonces es doloroso, es una carga, es algo que llevar a cuestas aunque uno ya no lo quiera, luego ya no es bello. Entonces el amor no es bello, al menos no lo es siempre, sólo cuando es correspondido. ¿Y cómo deja de ser correspondido, siendo tan bello? Quizás porque algo mas bello llega, quizás sea la belleza de un nuevo amor. O quizás invada de un momento a otro, la belleza de la soledad.
Sonrío. Oh la soledad, esa a la que tanto nos negamos pensando que es símbolo de que nadie nos aprecia lo suficiente, de que nadie aprecia nuestros ojos o nuestra personalidad. ¿Alguien se ha dado cuenta de lo bello del instante, en un momento de absoluta soledad y silencio? Las personas le temen tanto a la soledad, que huyen despavoridos de sus beneficios. Creo que a lo que le temen es a la permanencia de la soledad, como si experimentarla por un instante fuese determinante para el resto de su vida.
Mientras disfruto del aroma de este café, pienso en lo poco que se aprecia la falta de compañía. Pienso que cuando se ama, también se quiere estar sólo, pero cuando se está sólo se quiere ser amado para nunca estar sólo. Es una relación histérica, una relación casual, la que se tiene con la soledad, es una relación cruel que se abandona y retoma una y otra vez. Es una relación sin amor, ¿Pero amor hacia quien? ¿Hacia la soledad misma, hacia el instante? ¿O será falta de amor hacia uno mismo? Entonces ya no es sólo miedo a la permanencia de la soledad, ahora es terror hacia la permanencia con uno mismo.
Me re-acomodo en la silla, en un intento por razonar mejor. ¿Por qué nos tenemos miedo a nosotros mismos? porque no nos queremos lo suficiente, tal vez. Y tal vez sea por ello que buscamos en los demás, a alguien tan distinto y distante de nosotros, a un contrincante. Entonces buscamos a alguien con quien enfrentar la vida y que a su vez se enfrente a nosotros, en una constante búsqueda de cambiarnos a nosotros mismos. ¿Y por que no cambiamos nuestra persona por si solos? Creo que a ello no puedo responder, mas que volviendo sobre mis pasos: No podemos cambiarnos si nos tenemos miedo.
Miro por la ventana a los árboles morir. Pienso que siempre le tuve miedo al fracaso. Pienso que eso también es tenerme miedo a mi misma, a fracasar en la soledad de mi interior. Pienso que no le temo al reclamo ajeno, sino al que me hago a mi misma, a decepcionarme. Entonces quizás temo quedarme sola y pensar, pensar en todo aquello en lo que he fracasado y todas las posibilidades que voy a perderme aún. Si, lamentablemente no puedo evitar el imaginar a futuro. Si debo imaginarme las cosas buenas, tengo la responsabilidad de imaginar las cosas malas que vendrán por detrás, y los intentos, frustraciones de cambiarme y cambiarnos.
Mi mano se ha quedado suspendida sosteniendo la taza de café. El aroma me invade, y lo entiendo. Entiendo que el amor es frustración, y que vos sos la que me pide a gritos que fracase, que te transite en compañía y en soledad, que ambos son estados de tu propia existencia y que no se pueden evitar. Entiendo que para cambiarme, necesito tus golpes y tus sacudidas constantes, el dolor y la belleza del amor y la soledad.
Pero me detengo, detengo el tiempo y pido a los pájaros que dejen de cantar y a las últimas hojas otoñales que dejen de caer y se aferren un poco más. Un instante más, de silencio, de pensar, de quietud. Vuelvo sobre mis palabras y me repito "Miedo a la permanencia de la soledad y terror hacia la permanencia con uno mismo". Temor a la permanencia, en fin, al estancamiento; amor por el movimiento.
Y entonces, cerrando de a poco mis ojos, entiendo el verdadero amor. El amor que me hace transitarte y que me mueve por las oscuras habitaciones del dolor y la felicidad. Entiendo que no sos vos, soy yo. Que busco constantemente sufrir y amar, huir como un perro sin confianza y volver a tu mano, que me ofrece mas y mas movimiento, mas y mas caminos escurridizos, mas y mas piedrazos y accidentes. Entiendo que amo el camino que me lleva de la belleza del amor, hacia el sufrimiento de pensar en otro amor, distinto y desconocido, terrorifico, que puede ser el de la soledad o el del cambio.
Y por fin entiendo que te amo, vida, porque me pedis cambiar, me pedis sufrir, me pedis amar en distintos momentos y distintos modos, a distintas personas. Amar al sacudón mismo que es vivir.

miércoles, 18 de abril de 2018

Reflejo

Hacia donde miro hay agujeros. Espacios entre momentos, espacios entre lo que fue y lo que es. Es casi como empezar a vivir esas alucinaciones que tenía de pequeña, tiempos en los que a veces me quedaba tan absorta en mis pensamientos, que comenzaba a "ver" como diría mi viejo y eterno amor. En esos momentos se abrían otros ojos en mi ser, cerrándose los que se dedican a mirar cotidianamente las miserias de la vida, pero sin cerrarse realmente. Entonces de un segundo a otro, las cuerdas empezaban a entrelazarse infinitamente, o en ocasiones los agujeros empezaban a emerger uno al lado del otro; algunos se hacían grandes, a veces formaban círculos concéntricos, a veces se alejaban y muchas otras veces se acercaban peligrosamente, grotescamente. Toda una escena repleta de agujeros que me amenazaban con envolverme, tragarme, y no soltarme jamás; una escena que se sucedía frente a mi, frente a todos, frente al mundo, pero a la que sólo yo parecía poder acceder.
Pero de alguna manera tenia que terminar esta fascinante e insoportable escena. Cuando los agujeros se acercaban, o cuando se juntaban y apretujaban llenando el recuadro de visión, yo entraba en desesperación, y eso me llevaba a enfocar mi vista habitual en algo, o a desviar mis pensamientos a otros asuntos. Lo amenazante de la escena era una puerta a la banalidad de siempre, a seguir en una vida vacía y sin sorpresas, sin riesgos, sin agujeros y sin cuerdas, sin el peligro de ser absorbida por una realidad que nadie ve.
¿Una realidad o un instante de locura? ¿Es la locura una falta de realidad? ¿Son esos agujeros auténticos, o sólo son la consecuencia de encontrarse perdido, lleno, o hacinado por la vida? ¿Y que es esto que ahora siento? Siento a esos agujeros encima, siento que me absorben porque nunca me animé a ellos, a sentirme cerca, porque siempre el temor me alejó. Y como todo lo que te sigue, algún día te toca, te siente, te encuentra.
A todos lados donde miro hay agujeros. Me alcanzaron, ahora los entiendo. O será que no, pero si entiendo por qué emergen. Las faltas, la decepción, los desmoronamientos, todo genera estos agujeros que hoy, son reales. Mi niñez fue una puerta al futuro que no supe abrir. Hoy soy banal, hoy no sé, hoy no veo. La puerta se abrió y ya no hay tiempo de entrar en desesperación, porque ahora es todo peligro, todo desgano, todo dolor.
No entendí en su momento, que no es posible escapar de lo inconmensurable del riesgo y de la inseguridad. Hoy lo vivo y lo trago, mientras él me consume a mi.
Tonta Lucy, ya no podes desenfocar, no hay forma de escapar de los agujeros.

viernes, 16 de marzo de 2018

Escribir poesía es como pintar el paisaje que no está, el que ven tus ojos, que es el mismo que ven los míos pero con otro espíritu. La poesía es algo que no me gusta, tal vez porque no son mis ojos ni mi espíritu los que ven, ni mi mano la que escribe; tal vez porque sea una progresiva caída al abismo. Al principio puede parecer hermosa, porque uno está realmente viendo con ojos que otro no tiene, haciéndose imágenes que otro no puede hacerse; pero conforme va uno entrando en ese mundo de estructuras y metáforas duras, las imágenes son cada vez más creadas adrede para el propósito mismo de "hacer poesía", y ya no "hacer poesía porque las imágenes existen". Entonces todo se vuelve falso, se vuelve excesivo, e insoportable. Como cuando el amor que se recibe es tan intenso que uno no sabe como tomarlo o como devolverlo. Pero el amor, desmesurado, intenso, insoportablemente enérgico, sigue teniendo una belleza que nada mas tiene; mas no la poesía, que se pierde en rimas y palabras, en lo exagerado en pos de una belleza que no es natural.
Entonces, a la poesía me cuesta tolerarla, me cuesta tomarla objetivamente puesto que son mis ojos los que la leen y que no pueden sentirla. Pero el amor no, el amor entra por donde quiere y a la hora en la que quiere; inevitable e intenso, el amor se manifiesta aunque uno no lo busque, y corroe todas las barreras. Sin embargo hay una barrera que le cuesta, una que es dura aunque no indestructible, una que se sostiene por lo que somos y lo que nos enseñaron a ser: la inescrutable barrera de la moral. Y esa barrera no es sólo una barrera para el amor, porque el amor no es lo único que nos enseñaron a limitar.
Sentir deseo por algo que está moralmente condenado, es como renunciar a ello. Uno quiere, uno ama, uno desea, en contra de toda enseñanza y aprobación, y ve el error en ello. Pero, ¿cual es el error? ¿desear algo moralmente penado, o dejar de desearlo por la visión que tienen otros de ello?. Y de todas las cosas moralmente sancionadas, ¿Cuál es posible cambiar sin transformarse en un monstruo para la sociedad y para aquellos a los que uno siente que le debe un mínimo de respeto? ¿Por qué esto está mal y esto está bien?. Tal vez sea mas fácil enfrentar al monstruo que la sociedad nos designa, que erradicar de nuestro organismo la culpa de faltar al deber moral.
Entonces uno evita todo aquello que ve erróneo, y sufre por no tenerlo; o se arriesga para tenerlo todo, y sufre por ser un monstruo social. Si se tiene un hijo no deseado, se sufre por abandonar otra vida; si se tiene un aborto, se sufre porque la sociedad lo enfrenta y condena. Si se ama a una persona, se sufre por no poder amar a varias; si se ama a varias, se sufre por hacer desdichado al que elige ser convencional.
¿Cuál es la posición correcta, si todas se sienten equivocadas y abrumadoras?
¿Es acaso esta la poesía de mi vida? ¿La que vos no entendés, la que yo veo, o las que mi imaginación plantea?. Cómo saber si realmente quiero romper el código moral de la vida, o si esto es sólo poesía... una poesía que responde a una rima, a una necesidad de escribir, que responde a la forma que debería respetar según la sociedad.
Escribir poesía, es como ser egoísta. Es observar para adentro, es mantenerse en el límite y no atreverse a cruzar. Evitar el deber moral de ser como la sociedad nos exige, es tambien como ser egoísta y es como estar a favor de una mayor felicidad propia, pero cruzando el límite de lo seguro y convencional.
Y así, sigo sin comprender, ¿Que tipo de poesía es mi vida? ¿Es este caos una poesía? ¿Es este caos mi vida?.

sábado, 4 de marzo de 2017

- Te veo triste.
- Será por que soy triste
- Últimamente mas.
- No hay un "últimamente mas".
- ¿Como es eso?.
- No se puede ser últimamente mas triste, se es triste o no.
- ¿Ser triste y estar triste será lo mismo?.
- Claramente no, ser triste se arrastra toda la vida y no se reduce a un momento de miseria asquerosa. Uno casi que aprende a amar su tristeza siendolo desde el principio.
- Entonces reformulo, Estas triste.
- Lo estoy, ser triste no siempre es fácil y a veces tengo momentos patéticos de miseria.
- No me parece patético estar triste, me parece... triste.
- Cuanta claridad.
- No sé como decirlo. Creo que no me gusta ver gente triste, me deprime.
- Cuando uno está triste no le da importancia a si les gusta a los demás su tristeza. Y cuando uno es triste, simplemente es, ¿que importan los demás?. No se puede dejar de ser por que otros lo sufran.
- Pero es inevitable preocuparse cuando otro esta triste.
- No te preocupas por mi, si no por tu propia condición cuando me ves triste.
- Bueno, pero decime, ¿Que te pasa?
- Me pasa la vida. Ya te dije, soy triste y tengo un patético momento de miseria en este preciso momento.
- ¿Y por qué?
- Por que el tren pasa todo el tiempo. Veo las vías, las tengo frente a mi, pero el tren sigue pasando sin que yo descubra como colgarme.
- Tal vez no estes esforzandote en encontrar la manera de colgarte.
- Tal vez no sea ese el tren del que tenga que colgarme, y deba tomar un auto. Pero el auto es aburrido, va rápido y es engañoso. Hay tanta belleza en viajar cómodo, que uno se olvida de a donde va.
- Esto del tren y el auto me marea, ¿Por que no hablamos en términos mas claros?
- Por que es aburrido. Y por que no tengo todo claro como para decirlo de un momento a otro. Hablando bien va a llegar un momento en que me vas a preguntar "¿Y que pasa que no te subis al tren?". Y no sé que responder. Las metáforas me hacen dar vueltas innecesarias y evitar las preguntas incómodas que no sé responder.
- Se me hace que no te interesa hablar.
- Nunca dije eso. Sólo dije que no tengo respuesta para todo. No puedo subirme al tren, y tampoco encuentro el camino para responder por que no puedo subirme al tren. ¿Comprendes a que voy?
- Tal vez.
- Tal vez no es suficiente. Vos querías que hable pero ahora no sabes que decir, por que te incomoda no saber que preguntarme y como preguntarmelo. La cosa se dió vuelta y ahora no sabes vos como avanzar.
- Creo que te entiendo lo suficiente. Es difícil entender algo que le sucede a otro. No se puede sentir jamás lo mismo que otro siente.
- ¿Que harías vos si el tren pasara por adelante tuyo?
- Supongo que haría lo posible por subirme.
- Lo posible nunca es suficiente. ¿Que harías si en ese tren viajara constantemente alguien que "necesitas" seguir? Pero tal vez ese tren no sea el correcto para tu persona. La persona que necesitas seguir, se subió ya sea por que era su vehículo, o por que sigue a alguien mas. O tal vez a algo mas.
- Te gustan las metáforas, ¿eh?. Ok, te sigo el juego. ¿Te satisface ese tren?
- ¿Como saberlo? No me he subido.
- ¿Pero te satisface la idea de tomartelo? Supongamos por un momento que esa persona no sigue a alguien mas, si no a "algo mas". ¿No crees que deberías buscar un algo mas que seguir?
- Diré en primer instancia que no he afirmado que hubiera alguien en mi tren, sólo lo he ejemplificado. Fuera de eso, ¿Por que necesariamente seguir algo o a alguien?.
- ¿A que si no? ¿Por que subirte al tren si no hay nada que te motive?
- Por que en el tren va mi vida, mi tristeza, mi felicidad. O eso quiero creer. En el tren voy yo, lo que soy y quiero ser.
- No me parece que "ser" vaya de la mano con "querer ser" simultáneamente.
- Van. Yo ya soy lo que quiero ser, pero tengo que redescubrirme. Como a las ideas. Pero no quiero desviarme.
- Bueno, supongamos que acepto. Si en el tren vas ya, ¿No será que estas arriba? ¿No será que no te gusta el tren y por ello sentis que no vas? ¿No será que el tren no te lleva realmente?
- ¿No será que no entendes nada? Es como dijiste ya, es difícil que comprendas algo que claramente no te sucede. Tu tren ya pasó y lo tomaste, y tal vez no sos feliz en él, pero te alegra habertelo tomado.
- ¿Y por que no te subis de una vez?
- Ah... la pregunta mágica, sabía que llegaría. Como ya he dicho, no tengo respuesta, y esta pregunta entonces termina esta conversación. Deberías de haber tenido cuidado de no usarla.
Pero puedo decir algo, quizás no muy claro, que debería de concluir esta conversación: Soy una liebre, escapandome. Pero no me escapo del cazador ni de la trampa, me escapo de mi propia velocidad. La liebre es como un tren, el tren es como mi vida. El tren va demasiado rápido y tal vez por ello no lo puedo tomar.
- No entiendo.
- Será por que nunca has huido.

lunes, 27 de febrero de 2017

Los ladridos, las luces de la mañana, el despertador que no sonaba y lo que no siento. El fuerte retumbe del aire, la suavidad de las sábanas, el ronroneo, y lo etereo. La sed, lo que fue el sueño, el aparato enfurecido girando, y lo intenso. La pupila asomando, la imaginación funcionando, el llanto y el descubrimiento.
No hay nada, nada que ver. Nada que molestar, nada que entristecer, pero los ojos lloran, la boca tiembla, el alma solloza, y el tiempo permanece tieso. Nada que ver, nada que ser, nada que entender. El espiritu comprende pero el resto no obedece, pregunta donde está y por qué. Es inevitable, es irresistible, es incompresible. Se impone, me mueve, me obliga a ver, a ver lo que aun no es. Me pregunto, titubeo, tiembla la seguridad, tiembla la serenidad. Entonces lloro, otra vez, sólo para volver a recordarme que voy al revés. Entonces grito, me intensifico, me niego a volver.
Y cada vez mas se impone, me mueve, y me obliga a ver, a ver lo que aun no es.
Hola, si, estoy seguro de que te acordas, o de que te acordarás de mi alguna vez, cuando leas esto o cuando estes pensando que todo esto ya no vale la pena. Te hago un pequeño y audaz adelanto: Ya no lo vale, es cierto. Es tu deber, como ser humano, ir hacia el abismo como has ido toda tu vida hacia los caminos preestablecidos, hacia la oficina para complacer al jefe, hacia la boda de tus amigos para complacerlos a ellos, hacia la iglesia para la complacencia de dios. Ahora es tu deber ir hacia la muerte, con la misma facilidad con la que has ido a intervenir en la vida de los demás. Básicamente esto es lo que sucede todos los días, que alguien decide ir hacia el abismo insalvable del fin. Y no estas muy lejos de eso. Yo tampoco, y por eso precisamente es por lo que estoy escribiéndote esto. Cuando uno se acerca a la orilla, todo lo que puede hacer es pensar en lo que ha hecho mal y en lo que le falta por hacer. En mi caso, todo eso, cada una de las cosas pendientes que tengo en esta vida, se remiten a tu persona. Básicamente es por eso que te escribo, porque no lo sabias, y yo se todo lo que vos no sabes y que nunca te dije.
Como ya dije, no te acordas. ¿Como hacerlo? 10 años, una vida en construcción, buitres y cuervos, una soga, dos o tres gusanos a tu alrededor; yo tampoco me acordaría de este otro buitre, uno entre tantos. Menos aun si ese buitre era el menos agraciado y el más inteligente, en teoría el mas interesante pero en práctica, el mas aburrido.Yo te vi, y no puedo siquiera imaginar lo que sentí en ese momento, quizás porque no lo siento mas. Fué algo tan grande y ahora es tan pequeño y pobre, que no vale mas la pena. Así, como tu vida, como la mía. No te voy a mentir ni a hablar más en metáfora. Me enamoré de tus mejillas, preciosas aun hoy, de la comisura que tu sonrisa me mostraba en ellas, de aquella otra arruga que se formaba cuando te enojabas porque los demás se burlaban de que eras delgadita y fina, pero con mejillas de bebé. Para ellos era motivo de risa, era la forma de llamar tu atención obviamente, pero dudo de que te hayas dado cuenta, dado que probaste el sabor de cada uno de ellos. Cada uno se atrevió a tocar ese sector rosadito de tu rostro, y a cada uno de ellos lo botaste como los habías encontrado, siendo una linea continua y aburrida en la nada misma. Te prometí que no habría mas metáforas, pero que difícil que me es, porque vos misma fuiste mi mejor metáfora. Pasé días pensando y escribiendo vastos y raros poemas de tu persona; pasé días hasta que me dio náuseas hacerlo, hasta que me diste náuseas vos, de tan dulce y sumisa que eras. Ahí surgió mi desprecio hacia esas palabras bonitas que te describían, que me decían lo que realmente no eras, porque lo que eras claramente podía encontrarlo mirándote. Y te ame, pero te odie al mismo tiempo. No pensé en la magnitud de lo que sentía, si no en la manera en que podría deshacerme de vos, de tus mejillas y tus piecitos.
Sé lo que debes estar pensando, pero no soy un psicópata. No estoy al borde del suicidio porque la muerte ya está en mi puerta, porque siempre está a mi izquierda, como decía un viejo sabio allá por los '60. Sólo dejo correr a los acontecimientos, me dejo llevar por el viento o lo que sea que venga a arrastrarme. Si hablarte y decirte esta verdad momentos antes de abandonar toda esperanza de "Vida Normal" con vos y con quien sea, es psicótico, entonces no entendes nada. Como te dije, te amé, y como todos, intento decírtelo sólo porque es algo pendiente. Por eso y porque algo me hizo acordarme de vos. Nunca amé a nadie mas que a vos, porque nunca hubo nadie digno de llevarse mi compasión siquiera. Todos insectos molestos y agobiantes, todos emanan el mismo calor rutinario y pegajoso. Todo compran los mismos aparatos y venden sus vidas. Vos también, porque te vendiste cual perfume barato a ellos.
Yo era tu mejor postor, yo te ofrecía lo único que necesitabas, una buena vida y una mejor muerte. Ni digna ni orgullosa, una muerte con todas las letras, con todo ya dicho y todo ya hecho, una muerte que necesitaba ser muerte cuando ya no tenias mas para aportar. Pero te deshechaste a vos misma, ya no aportas nada y sin embargo ahí seguis, con tu pollera larga y a veces corta. Tus mejillas siguen siendo como dos luces en mi vida, es lo unico que conservaste con dignidad. Asco da ahora tu imagen, pastosa rata de laboratorio, llena de cables y rejas, pensando que tenes la llave cuando ni siquiera encontras la puerta. Barata, esa es tu definición perfecta. Un cadáver pudriendose encima de lo que alguna vez fuiste, encima de esa imagen de ninfa de los bosques. Recuerdo haberte visto varias veces bajo el árbol paraíso de tu casa leyendo uno de esos cuentos que una vez me contaste que no podías dejar de leer. Tenias 10 y los cuentos eran para niños que no llegaban a la mitad de tu edad. Pero te encantaban, porque podías leerlos mil veces mas y siempre encontrabas algo nuevo, todavía te emocionaban las historias y deseabas reescribirlas alguna vez. Lo mas parecido a un árbol en tu vida ahora, es ese idiota que de dia tenes a tu lado, ese que cada tanto te llevas a escondidas al baño del edificio donde ejerces y entrenas tu estupidez. No es nada para vos y sin embargo no podría dejar de serlo, porque ya usaste todos los recursos. Todos los recursos, excepto el que te observó siempre, el que vio tu mejor época, la época de las mariposas y las trenzas, de tu bicicleta y tus vestidos.
Metáforas de mierda, me cansa que esto se parezca tanto a un poema. Despreciables palabras que no llegan ni a imitar lo que hay. ¿Queres un verdadero verso? Tu vida, un verso, un chiste. Ya pasó la hora de que mandes a la mierda toda tu estupidez y empieces de nuevo. Ya pasó la época de las revelaciones y de las nuevas vidas. Todo sigue siendo la misma mierda y no tuviste la capacidad mental para hacer que tu mierda huela menos a podrido que la de las demás. Al contrario, te encargaste de embarrarte mas y con ello arrastrar a todos los demás. Como sea, tu mierda o tus ojos, tus piernas o tus polleras, tus viejos cuentos y tus peinados ya no me interesan... te amé y no hubo menos que eso. Fue del amor al odio, del odio a la tristeza, de la tristeza a esta misera carta que escribo con todo lo que me quedó de eso que nunca tuviste, inteligencia y vitalidad. Me apropié de todo el estanque destinado a los dos, de todos los bosques que recorreriamos, de los edificios que saltaríamos, de los sueños y animales que rescataríamos. No hice nada, pero sin embargo hice mas que vos. Prostituta barata, un tacho vacío es tu cabeza. Me quedé soñando con todo eso que pude haber sido nuestro y viví de esas ilusiones que me quemaron la cabeza. Me ensuciaste de arriba a abajo, y por eso ya no te amo. Pero amo a tus mejillas, y no podría irme sin ellas, sin su color y su aroma. Por eso te escribo esto, para decirte que sos lo mas asqueroso que alguna vez tuve frente a mis ojos, pero te amé, y fuiste la metáfora mas idiota y mas utópica que alguna vez dije.
Por eso me lo llevé, me llevé algo antes de que la noche me lleve a mi. Vino a mi cuando menos esperanza tenia, la muerte me lo regaló por mi predisposicion hacia ella, me lo sirvió en bandeja. ¿Como podría haber hecho para no recibirlo? Justo cuando pensé que esta carta era todo lo que dejaría, me llegó tu souvenir. Está acá, con la mirada perdida en la nada, con todo lo que alguna vez quisiste. Suerte que no vas a ver su espíritu escaparse de su cuerpo, eso ya lo vi yo. Eso me convenció de que mejor seria irme, de que lo mejor que podría pasarme seria que mi espíritu escapara también. Y de que el tuyo quedara estancado como la mierda que es, acá, en este inmundo agujero que vos ayudaste a construir. Felicidades, el premio es todo tuyo.

domingo, 3 de agosto de 2014

¿Cómo saberlo?. El reto consistía en salir del interminable remolino de la vida cotidiana que te demora, y cruzar la obscura noche. La oficina solía demorarme mas de lo que quisiera aceptar, pero no era noticia que el riesgo real lo corría adentro, donde me enfrentaba día a día con la mirada de Victorino. Viejo de mierda, impotente, no dudaba en encajarme alguna tarea adicional cuando notaba que de manera cautelosa me levantaba de la silla giratoria medio rota. Pretendía mantenerme en un estado de somnolencia,  un estado que me mantuviera despierta haciendo cuentas toda la noche, para no perder el ritmo de mis tareas. Cuantas veces se habrá aprovechado, al no pedirme una tarea, para el sábado escribirme reprochándome la irresponsabilidad de no ejecutarla, obligándome así a que lo hiciera en mi tiempo libre. Todo por una referencia, una, que pudiera cambiar mis días. Creo que se que el viejo no me va a recomendar jamás en otro lugar si es que no le hago el gran favor de poner un poco de sexo en su vida, aunque solo sea asi como todas las mañanas, un simple mirar. Un asco nauseabundo me posesiona de repente, de tan solo imaginarme sus ojos de lagartija encima de mis medias color café. Quien sabe cuanto mas debo de pasar en ese lugar, y cuantos reproches sin sentido debo de seguir soportando hasta que decidiera bajar del pedestal y madurar.
Hace no mucho me di cuenta, de que si la vida había golpeado tan duro a mi carrera y a mi supervivencia, yo misma había golpeado mucho mas fuerte con mis actitudes y accionares. El haber aceptado una labor de esclava junto al rey de los pervertidos, por unas miseras monedas que apenas me alcanzaban para tratar la enfermedad de mi hermano y alimentarnos, había sido definitivamente la decisión que me había sacudido mas violentamente en esta corta historia.
Lo cierto es que no era nada extraño verme en esas malas circunstancias, había aprendido ya a aceptar lo que el azar arrojaba, y a re-utilizarlo siempre que fuese necesario. Mi vida siempre había sido un juego en el que yo hace tiempo que no participaba. Vivía escondida, y nadie parecía encontrarme o hacer el esfuerzo por buscarme. Hace mucho ya que han descartado a la pequeña que corría contando hasta diez, pensando que el juego se volvería mas divertido mientras mas durase. La pequeña que solía ser feliz en el obscuro agujero de la incertidumbre, que disfrutaba la ignorancia de todos los días y el descubrimiento cuando se corría la cortina.
Pero ya no busco nada, no tengo espacio donde correr, no tengo a quien perseguir porque todos se han encontrado ya y se han olvidado de mi, de que yo también quería jugar, de que aun estaba oculta. Se van, entre risas, lejos. Y mis pies se ven, mi escondite es evidente y a nadie le preocupa encontrarme. El juego acabó hace tiempo ya y he tenido que seguir escondida detrás de la cortina, esperando.
Javier era el único que parecía sentir mi presencia en esta etapa de nuestras vidas. El había resguardado mi pequeño mundo en esos tiempos hipócritas que se aprovechaban de uno y de su hastío. Era el salvador y la fidelidad, era mi Javier de toda la vida. Y sabia que necesitaba algo de mi, lo veía en sus ojos todas esas veces en que lograba tener el tiempo suficiente para hacerle una pequeña visita, en la cual se interponía solo el vidrio del bar y sus pasos pesados y perdidos en la rutina. Jamas quiso demostrármelo, comentarme que no estaba bien, que su vida era mas vacía de lo que había esperado o soñado aquellas tardes de otoño hace 10 años, cuando nos gustaba salir a pisar las hojas caídas y escuchar su crujido mientras charlábamos de los altos escalones que podríamos alcanzar.
Quizás es por todo esto, por mi eterno quejarme de todo, que pensé que debía pagarle de alguna manera todo lo que hacia por mi y no sabia, al escucharme y soportarme. Y así es como ese día, entre las pólizas de seguros y las ordenes de pago, tuve la idea de darle algo que simbolizara todo lo que mi amor no podía decir. Estupidamente cursi, pero cierto, yo era una enferma enamorada, intentando curar esa lejanía que nos separaba cada día mas, haciéndonos retroceder asustados y tensos.
Esa noche, la oficina se había vuelto extremadamente pesada. Era una gran mole que soportaba con dosis altas de café y unos cuantos deseos alegres, solo opacados por las intermitentes sacudidas de mi cuerpo al pasar frente al que lamentablemente solía llamar jefe. Sabia que no podía esquivarlo, pero creí que si me movía rápidamente, le daría una menor satisfacción. Como siempre Victorino, esperaba que yo recogiese mis papeles a las 6 en punto, para apresurarme en la entrega de un informe que debía entregarse 20 días después. Como siempre y ese día mas que nunca, a fin de ahorrar tiempo y evitar conflictos que me retrasaran mas, me trague mis pensamientos vomitivos hacia su persona y me senté nuevamente a terminar el informe y su correspondiente presupuesto. No fue hasta 1 hora y media después, cuando el se dirigió al baño, que me levante rápidamente con el papelerío y ordenadamente deje todo en su escritorio, corriendo a la puerta de la liberación. Para mi desgracia, no llegue a tiempo. El se asomaba ya por la puerta del pasillo, cuando me vio ir apresuradamente a mi escape y me gritó, haciéndome retroceder.
- Señorita, por favor antes de irse, pase por mi oficina.
Con la mejor sonrisa que pude haber inventado en un momento como ese, me dirigí hacia el y le dije “ya le deje todo en su escritorio, en cuanto lo revise lo podemos discutir”. Acto seguido me dispuse a ponerme el abrigo, en señal de que estaba apresurada, apelando a su piedad.
- Si si, pero necesito que veamos un punto ahora. Soy conciente de la hora, pero es que esto no puede aguardar.
Volviendo de la cocina, su despreciable ayudante nos observaba con una sonrisa de satisfacción. Solo quedábamos nosotros 3 en la oficina, y eso era lo que me inquietaba. Haciendo cuentas de los minutos que tardaría al salir, en cruzar dos calles y comprar lo que necesitaba, y mentalizando la hermosa sonrisa de Javier, me senté en el sillón verde opaco de la oficina de Victorino. Dicho sillón quedaba de frente al gran ventanal que me separaba de la calle ya obscura, enfrente del cual se posicionaba el único obstáculo, un viejo cincuentón. Inmediatamente después de mi, entro aquella rata, para asistir en la reunión.

---


-Somos concientes, señorita, de que usted ha perdido una oportunidad importante al momento de ingresar a este empleo. Esto espero que usted sepa, ha sido una circunstancia del destino, que ha decidido hábilmente otorgarle al muchacho que ahora nos acompaña, la gracia del éxito y la oportunidad de manejar un gran poder a mi lado. No ha sido casualidad, claro esta, ya que el se ha esforzado mucho en sus estudios y se ha enfocado en la meta mas inteligente de todas, la de jamás volver a levantar la cabeza para no sentirse menos. Siempre con la mirada abajo, siempre en lo mas alto de la escalera, en la cima, pisando las oportunidades ajenas para conseguir las suyas. – Victorino no paraba de estirar los brazos intentando torpemente graficar sus ridículas explicaciones, mirando a Anahi como si ella fuese un reptil, como si ella no pudiese despegarse de la posición terrestre que le toco en este mundo.
La habitación había quedado en silencio, Anahi no sabia de que le estaban hablando exactamente, y no podía mas que imaginar que este discurso iba dirigido tan solo a retenerla, obra de algún maléfico plan de secuestro laboral y esclavista. Se figuraba ya los grilletes, las excusas, las ventanas por las que cabía su largo cuerpo para escapar, a su hermano llorando sin comprender su desaparición. De un momento a otro su mente dejo de vagar estúpidamente, y presto especial atención al mínimo movimiento que hizo el engendro que detrás, sonreía con satisfacción. Su mano se había elevado rápidamente expresando su deseo por hacer algún comentario sin sentido, pero Victorino decidió no darle la oportunidad,  y rápidamente descarto la interrupción rebajándolo nuevamente a donde el debía de estar, muy por debajo de su silla y sus medias.
- No no, no tengo tiempo para interrupciones. Quiero que mis ideas se entiendan perfectamente y de una sola vez. Esta incomparable oportunidad se entrega una sola vez, y es responsabilidad de ambos el cubrir el trabajo y el cumplir mis expectativas. Quiero empleados, quiero que se ocupen día y noche de lo que yo no puedo ocuparme evidentemente porque no tengo el tiempo apropiado. Mi tarea es cobrar, y tan solo eso, porque mi titulo es mas antiguo que el suyo y el que me permite poner la firma en los papelitos que ustedes deberían de preparar adecuadamente. Para ello requiero que sus habilidades sean mucho mayores. Y tengo el leve presentimiento de que se porque esto no esta sucediendo – El viejo se acomodo de la posición despreocupada que había adoptado, símbolo de que la charla se volvería innecesariamente seria – Usted, por un lado, la chiquita inocente, con espíritu rebelde, de esas que se encuentran a montones en la calle esperando que la revolución estalle para ir a quemar neumáticos a algunas avenidas y demostrar que apoyan un comunismo o una posición insostenible para este negocio, este sistema que nos da todo. Y por otro lado tenemos al señor que esta detrás suyo, y que cree que puede levantar el pie tan alto como sea posible y sin ningún tipo de esfuerzo, y ya tener comiendo de la mano a todo el edificio – La sonrisa del individuo se difuminó – No voy a permitir comportamientos que puedan proporcionarme un peso mayor, porque para eso les pago, y lo hago como mejor puedo. Necesitare que trabajen juntos, que encuentren el método apropiado, que hagan las cosas de una única y eficiente manera, y sigan produciendo, porque de eso comen y como yo – El dedo de Victorino se extendía amenazadoramente, y como si ello fuera a demostrar algo, decidió tomar el informe de Anahi y hacerlo pedazos. Acto seguido, dijo señalando los trozos de hojas – Ahora necesito que esto este listo para mañana a las 3 de la tarde, y bien. Pueden irse, no deberían estar en la oficina, no quiero hacerme responsable de las horas extras que se generen de su holgazanería.
Lejos de pretender reprochar la estupidez que había presenciado, Anahi decidió levantarse rápidamente y aun con las compras pendientes y las cuentas de tiempo en su mente, corrió a buscar su abrigo sin darse tiempo a detenerse a emprolijarse, pero notando de reojo que el bicho de laboratorio de Victorino también salía, lejos de los pronósticos aparentes que indicaban que se solía quedar a dormir allí.
Ella, ¿inocente y traicionera a la vez? No, ella también era su hámster, su piedra en el charco y también su paraguas. Ella hacia todo por que su trabajo sea aceptado minimamente, solo quería escapar. Y su ahora trabajo de la tarde hecho pedazos no le afectaba en lo mas mínimo, porque sus prioridades inmediatas tapaban el dolor. Eso es lo que solía suceder, que decidiera inconciente o concientemente oscurecer una parte de su vida con otra que siempre estaba iluminada, su perdido amor por su amigo. Su excusa y su salvación, la cicatriz y la sangre de los hechos de la vida inmediata.
Ya no quedaba nada, el mercado apenas estaba abierto y era demasiado pretender que estuviese lleno de las cosas que podía llegar a necesitar. El mal y denigrante humor de los cajeros derivaba en un derrotismo que parecía pegarle patadas al alivio que había experimentado al encontrar abierto el lugar. Pero otra vez, un remolino hacia que todo fuese un motivo mas para sentirse libre y enérgica en vista a la oportunidad que se le presentaba de hacer feliz a Javier. Y entonces fue la incongruente relación de amor que enlazan la desesperación y la felicidad, la que genero la situación ideal que haría que su vida fuese el huracán que feroz arrasaba con lo poco de humanidad que encontraba.
El leve toque que a una de las bolsas algo le dio, no se sintió de lleno si no hasta que fue arrastrada al espacio entre los ladrillos que la obra en construcción amontonaba, y las ramas recientemente cortadas de un paraíso. Una sensación similar a la de caer la agobio, como si hubiese tropezado torpemente, y no fue si no hasta que sintió una mano en la suya y vio la barra de chocolate caer, que decidió también empezar a ver que era lo que realmente estaba sucediendo. Totalmente a la deriva, como una pelota rebotando y por momentos en suspensión, un primer movimiento fue poco acertado e inmediatamente castigado: Girando 45º decidió intentar convencerse de la ausencia total de cualquier tipo de entidad viva, y tirando de la bolsa que había sido tomada casi por completo, se dispuso a reacomodarse y caminar. Su errado movimiento fue completamente paralizado y una mano pesadamente torpe mantuvo la fuerza necesaria que hizo que Anahi débilmente, se entregara al azar de la vida que la golpeaba. Una mano fuerte, que la desafiaba a escapar, a hacer la vida que merecía, una mano que era la perfecta alegoría de la felicidad que afuera la esperaba. Una mano que tenia una compañera, totalmente libre, que decidió aprisionar el resto de su cuerpo, cuando entendió que ella había decidido rendirse. No atinando a reaccionar para salvar su espíritu, no entendiendo las consecuencias de lo que era un espontaneo ataque, su mente fue bloqueada en unos segundos para empezar a planear inmediatamente como seria el resto de sus días si de allí salia algo de ella. Su cuerpo, vil transmisor de sensaciones, no permitió allí ningún movimiento competente, y paralizo en un terror demencial a su imaginación, permitiéndole así que sintiera la profundidad mas sutil de aquel momento, que no duro mucho y pareció interminable.
Su piel y la de su furioso atacante se erizaron debajo de sus respectivas ropas y comenzaron a sentir las convulsiones del violento contacto que estaban experimentando, como si fuese acaso la primera vez de ambos. La intensidad dio la pauta de que quizás fuese la ultima. Ella sintió que se tocaba a si misma, sintió que sus frías manos recorrían todo rincón que ya muchas veces hubiese explorado en situaciones completamente distintas y a la vista de esta, absurdas.
Las dudas y la incertidumbre comenzaban a aflorar entre los vacíos mentales y los dolores estomacales que en algún minuto incierto derivarían en vomitivas imágenes de la vida, de la realidad. Estaba sometida, era victima de su propio dolor y lo seria de su propio encierro psicológico. Un sujeto A, fácilmente se apoderaba de ella y de sus circunstancias, de su eternidad, un A que podía ser B, un victimario que podría haber sido origen de una victima, que podría no haber sido Sujeto, si no mas bien Objeto. ¿Cómo juzgar, como saber, como entrar en la mente de el?, ¿Cómo si el introducía todo su pesado cuerpo en sus finas curvas y le quitaba la poca decencia que le quedaba a sus largas piernas, ya violadas inmemoriables veces con la mirada? No había causa, no había efecto. No había identidad en esta gran pelota de posibilidades y de recursos agotados. No había victimario, no había culpa, no había victima, no había situación, no había momento, no existía esto ni aquello. Todo una ilusión o una realización ancestral, una alineación o la maestra de las causalidades. ¿De donde salia la conclusión de que había individuo atacado, o que ella debía seguir viviendo después de aquello?. Es resignarse a morir, o resignarse a comprender a su victimario y aprender de el, valiente como pocos, que ataca a la humanidad y a toda su mierda de moral indecente. Dominada por completo y con los sentidos en revoluciones infinitas, en un primer momento se resigno a morir allí, pensando en que lo mejor seria que su cuerpo quedase allí tirado y como siempre la gente apresuradamente y torpemente le pisara la cabeza y las ilusiones. Entonces cayo hacia su segunda bolsa, todavía en la mano, única conexión con la realidad y con aquello que le esperaba en su vida. Los brazos de el se aflojaron al sentir el peso del cuerpo, y por un momento ella pensó que la miraba con pena, que la condenaba a ser un mártir, que le dejaría una moneda al irse, pagando su paso y el haber arrasado con todo lo que ella había sido. Y entonces el contraataco, para terminar de hundir todo lo que quedaba de persona en un foso.
Mas lejos aun de sentirse atacada, Anahi sintió que la había comprendido, creyó que era su amigo, el único que se preocupaba de su caída y devolviéndola a la realidad en embestidas brutales. Así que decidió recuperar la postura, y conseguir una nueva identidad, una que no sea Anahi, ni que sea la hermana, ni la secretaria, ni el amor de la vida de un muchacho que no podía apartarse de la rutina. Una identidad que fuera humo, el humo que le tapa los ojos al mundo y hace que choquen, que se hagan mierda unos a otros. Su cuerpo comenzó a sacudirse lentamente, y para su sorpresa, el la soltó.
- Ok, no hay nada mas que puedas hacer.
- Sos dulce. Te amo.
- Y miserable también.
No se escucho mas en la inmensidad de la noche, y acalladas las bocinas de los autos, como si todos entendieran, como si todos fueran parte del funeral. El individuo, el A, B y C salió corriendo de la escena, y allí yacía quien había sido Anahi, semi desnuda, semi enferma, semi enterrada, enteramente muerta.